Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
* El 5to bueno

12 de octubre de 2009.

Poco espacio para el lucimiento le ha quedado al actual y feneciente gobierno estatal en el sentido de tener algún logro emblemático de gestión social. Por el contrario, la violencia y la inseguridad incontenibles le han restado dramáticamente un capital político que en su mediodía administrativo se manifestaba promisorio. Hoy, en su deslizante otoño, el recuento es complejo y más bien parece a estas alturas un desesperado esfuerzo de sustentación mediática para preparar lucha electoral encarnizada interna y externa, que dará la pauta para la sucesión en el poder oficial estatal y sus reverberaciones municipales respectivas.

Sin embargo, existen aspectos que trascenderán como logros recordables en la percepción de los ciudadanos de esta frontera violenta y tortuosa, siempre agradecida con la comprensión que la clase política ejerce a través de la gestión de obra y servicios de política pública e infraestructura de diversa naturaleza. Sin duda, el trabajo que el gobernante realiza enfocado al servicio, rebasando la miopía odiosa del electorerismo, es valorado por una comunidad que tiene sectores de opinión ya muy elaborados en el aprecio y la ponderación de la inversión en inteligencia y sensibilidad colectivas.

Es el caso específico de la promoción cultural que el sexenio estatal 2004-2010, viene realizando a partir de la organización que se ha denominando Festival Internacional Chihuahua –FICH- que acaba de realizar su quinta y penúltima edición correspondiente a la administración que la puso en marcha con resultados alentadores a lo largo y lo ancho de la geografía del estado de Chihuahua, incluyendo por supuesto, a los eventos de diversa índole que se han desarrollado en Ciudad Juárez. Las políticas públicas en el renglón de la cultura, deben mantenerse cuando propician la formación de la inteligencia ciudadana y además se constituyen en una fina válvula de escape a una presión colectiva que apabulla al cuerpo social por el miedo de una violencia que no respeta ya ningún indicador de contención gubernamental, en ese sentido, los récords son salvajes.

Por eso, en Ciudad Juárez la administración estatal que culmina el próximo 2010, se ha apuntado un indudable éxito en la construcción acabada de un inmueble formidable, como de hecho lo es el Centro Cultural Paso del Norte, aprovechando en tal sentido las dimensiones privilegiadas que significan los muros simbólicamente plásticos que acotan su construcción física, así como el gigantesco espacio público de su magnífica explanada, que ya ha testificado y propiciado la presencia de actividades creativas que comunican estados de ánimo y sensibilidades distintas a la barbarie que prácticamente tiene sitiado al mencionado Centro expositor de cultura, y también de la educación correspondiente.

El foco cultural es indudablemente un factor atractivo de legitimidad política, qué bueno que así sea. En la operatividad del Centro Cultural Paso del Norte, el gobierno del Estado, su vigente administración, encuentra un ángulo de acción política impecable; inteligencia, sensibilidad, sentido, reconocimiento y hasta agradecimiento público, son ya una realidad que los artífices del proyecto en curso se llevan en las arduas alforjas, producto de un trabajo de gestión en ratos verdaderamente asfixiante. Es obligado que la organización anual del FICH, sea en definitiva, parte de una política cultural que trascienda los planes o veleidades sexenales; la iniciativa tiene origen e historia, es importante reconocerlo, sin embargo, los recursos públicos invertidos en su realización, obligan a proyectarle un destino mucho mayor en valor y proporción al tamaño de su coyuntura de nacimiento. En el caso concreto de Ciudad Juárez, el ya emblemático Centro Cultural Paso del Norte, deberá seguir constituyéndose en un espacio consagrado al cultivo de la nobleza creativa del ser humano, sin distinción de nacionalidad, grupo social ni por supuesto, de sesgo político coyuntural. Será muy importante conservar y fortalecer su condición de sitio de confluencia universal, sin duda, es el mayor y mejor de los “Encuentros” promovidos por la administración estatal, al menos aquí, en la zona de guerra y de Operativos Conjuntos.

No hay quinto malo. Por cierto, una muy buena forma de gastarse el dinero del pueblo.



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