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Toman Luz y Fuerza en cinco minutos

12 de octubre de 2009.

El plan fue meticuloso y la ejecución impecable. Hasta la Jefatura del Estado Mayor se sorprendió cuando, por radio, el comandante Isaías Cisneros Arellano comunicó que las instalaciones de Luz y Fuerza del Centro estaban bajo control, cinco minutos después de que habían incursionado.

"¿Cómo?, repita...", le inquirieron, mientras desde el aire un helicóptero, en el que viajaba el subsecretario Facundo Rosas, sobrevolaba transmitiendo imágenes en tiempo real a la oficina de secretario de Seguridad Pública, Genero García Luna, quien seguía el desarrollo del operativo.

El plan, de acuerdo con fuentes de la Policía Federal, se había trazado contemplando dos objetivos prioritarios, el primero, que al ingresar a las oficinas administrativas no hubiera violencia, y segundo, apoderarse cuanto antes del Centro de Operación y Control (COC), donde se ubica el sistema central de la distribución de la energía eléctrica para todo el Valle de México.

Dos grupos de elementos de la Unidad para el Restablecimiento del Orden Público (UROP) se dividieron e ingresaron de manera simultánea; en las oficinas había una veintena de trabajadores que ante la sorpresa no opusieron resistencia, en el COC, que tiene una puerta blindada de 10 centímetros de espesor, sólo hubo un momento de duda de uno de los operadores que se asomó a ver qué pasaba.

Sin embargo, el comandante de la PF que iba al frente de ese grupo lo disuadió de inmediato.

Unos mil 500 agentes federales, que fueron supervisados directamente por el coordinador de las Fuerzas Federales de Apoyo, Rafael Avilés, llegaron procedentes de sus distintos cuarteles de Iztapalapa y Constituyentes, e ingresaron por los diferentes accesos que el complejo de la paraestatal tiene a lo largo de cuatro cuadras en la colonia Tlaxpana, a partir del cruce del Circuito Interior y Marina Nacional.

De las oficinas administrativas fueron desalojadas unas 20 personas y del COC cerca de una decena, quienes al salir se encontraron con Fernando Amezcua, secretario del Exterior del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), quien llegó acompañado de un grupo de trabajadores.

Los federales, quienes no portaban armas de fuego sino sólo equipo antimotines, se colocaron primero en fila en torno a los accesos a la paraestatal, sin embargo, casi de inmediato llegaron dos tráileres con decenas de vallas metálicas de tres metros de altura, con las que se taparon las entradas y dos calles en las que no hay vecinos ni comercios.

Durante el día los agentes se distribuyeron por todas las instalaciones, las oficinas administrativas, el centro de control, una estación de redistribución, una oficina de cobro y un taller mecánico.

Sus mandos procuraron que se les diera doble ración de alimentos durante la mañana y ante la falta de sindicalizados inconformes pudieron descansar en grupos de 15.

Durante el mediodía, mientras los sindicalizados marchaban rumbo a la Secretaría de Gobernación, un mando, visiblemente cansado por no haber dormido toda la noche, presumía que no hubo una sola chapa violada, ni una puerta derribada y tampoco enfrentamientos con los trabajadores. La toma de la empresa había tardado sólo cinco minutos.



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