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Festejan juarenses a sus muertos con un nuevo significado

1 de noviembre de 2009.

Desde la mañana de este domingo decenas de personas acudieron a los panteones de esta ciudad fronteriza con la finalidad de recordar a sus seres queridos que fallecieron, pero en esta ocasión gran parte de los asistentes pertenecen a los familiares de las más de tres mil personas que murieron de manera violenta por parte de bandas delictivas en los últimos dos años.

La diferencia que mientras que en años pasados se festejaba a los muertos, hoy en día en los cementerios se puede ver a la gente en un luto total, donde en su mayoría acaban de perder a sus familiares recientemente.

Mientras que hoy se puede observar el luto e incluso en los niños que también se les puede ver afectados, ya que fuera de estar jugando, también se encuentran entristecidos.

Nuestra tradición:

El día de muertos es una fiesta llena de costumbres como el colocar un altar en memoria de los difuntos, ya sea en casa, los panteones, las lápidas o en los templos y celebrar una misa en honor a los fallecidos.

Los altares u ofrendas son adornadas con papel picado de colores, flores de cempasúchil, comida variada, veladoras, dulces, bebidas y fotografías, pero principalmente las cosas que en vida le gustaba a la persona degustar.

El 1 y el 2 de noviembre los feligreses acuden a la mayoría de los templos para solicitar que se rece por sus difuntos, ya sea en forma comunitaria o si las condiciones económicas lo permiten, pagar para que se oficie una misa su honor.

La festividad del Día de Muertos es una fusión entre los rituales prehispánicos en su honor y las celebraciones católicas de Día de los Fieles Difuntos y Todos los Santos.

Este festejo se divide en dos partes: la primera es el 1 de noviembre, el día de Todos los Santos, esta fecha se celebra a los santos que tuvieron una vida ejemplar, así como a los niños que murieron.

El 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, se celebra a los muertos adultos, esta fiesta es mayor en comparación con la del día primero.

En la antigüedad las fiestas para los muertos se realizaban en julio y agosto, y duraban 20 días y un mes, respectivamente. La celebración de los difuntos niños se llamaba "Miccailhuitontli" y la de los adultos "Xocohuetzi".

Con la llegada de los misioneros y el Evangelio, la costumbre de festejar a los muertos prevaleció mezclada con la doctrina cristiana.

La muerte para los indígenas no tenía las connotaciones de la religión católica, como el cielo y el infierno, se creía que las almas de las personas tenían rumbos determinados según como habían fallecido y no por su comportamiento en la vida.

La ofrenda a los difuntos y todos los ritos que rodean la celebración encierran una riqueza simbólica que constituye un canto a la vida.

La flor de cempasúchil representa al sol, símbolo de Dios que hace florecer la vida de las almas y la comida es un signo de comunión.

La cruz sobre el altar significa todos los caminos, los cuatro puntos cardinales; los brazos de la cruz llevan a Dios y las velas significan la iluminación del camino para que las almas lleguen a disfrutar de la luz divina.



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