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Caen 5 empleados de hospital por presunta venta de bebés

4 de noviembre de 2009.

La Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF) detuvo a cinco empleados del hospital particular denominado Central de Oriente, ubicado en la delegación Venustiano Carranza, en donde presuntamente se traficaba con menores de edad.

También está detenida una sicóloga que les compró por 15 mil pesos a una niña de ocho meses, y un médico más se encuentra prófugo.

La denuncia de una mujer que tuvo una niña, el 25 de octubre de 2008, derivó en la investigación de este caso, pues se le indicó que había nacido muerta.

Al no entregarle los restos de la recién nacida ni el acta de defunción, y recibir un correo electrónico del hijo del dueño de la clínica, en el que le revelaba que su hija había sido vendida, acudió a las autoridades.

El subprocurador de Averiguaciones Previas Centrales, Luis Genaro Vázquez dio a conocer que la clínica ubicada en Ignacio Zaragoza, número 491, quedó bajo resguardo, y será objeto de una solicitud de extinción de dominio.

Los médicos Víctor Manuel Mancera González, (dueño de la clínica), Jorge Adalberto Guerrero Bustos y Alfredo Ortiz Rosas, de 74, 55 y 52 años, respectivamente, así como la enfermera María Guadalupe Castro Morales, de 58, y el recepcionista Leonel Rodríguez, quedaron bajo arraigo, por los delitos de tráfico de menores, uso de documentos falsos y delincuencia organizada.

Además, se detuvo a Cinthia Nayeli Pérez Ortiz, de 37 años, de profesión sicóloga, quien compró en 15 mil pesos a la hija de la denunciante.

Aunado a ello, están bajo investigación el matrimonio compuesto por Antonio Merino Hernández, de 46 años, y María de la Luz Ruiz Padilla, de 39, quienes tenían en su poder a una niña que supuestamente les regalaron en otro lugar, en abril pasado, pero que para poder registrarla, dieron 12 mil pesos al doctor Mancera para que les expidiera una acta de alumbramiento en esa clínica.

El hospital tenía 20 años laborando, y en él se realizaban nacimientos así como abortos de alto riesgo porque algunos eran de hasta seis meses de embarazo.

El subprocurador informó que la sicóloga contactó a otro médico de ese lugar, a quien le dijo que quería un hijo, pero no podía embarazarse; dicho individuo respondió que tenía la posibilidad de conseguirle a un bebé.

El profesionista le explicó que en ocasiones lograba convencer a las madres que querían abortar, para que se esperarán a tener 6 meses y medio de embarazo, para luego hacerles una cesárea.

Cuando el bebé nacía, les inyectaba una solución para madurarles sus pulmones y corazón. Posteriormente los vendía.



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