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Militares no confían en la policía de México

9 de noviembre de 2009.

Cuando soldados del ejército trataron de inspeccionar una camioneta sospechosa que estaba siendo escoltada por una patrulla policial en Monterrey el mes pasado, el agente pidió refuerzos. En cuestión de minutos, amenazantes policías de 40 patrulleros, arma en mano, rodeaban a los soldados, que tuvieron que buscar refugio. Se produjo una tensa situación que tomó una hora aclarar.

Episodios como éste son cada vez más frecuentes en la ciudad más rica de México, donde los militares combaten el narcotráfico y a policías corruptos que colaboran con los carteles.

Tan solo en este año se han registrado 67 casos entre soldados y policías. La situación es tan grave que el general a cargo de las operaciones militares en el noreste del país dijeron que había advertido a los jefes policiales que sus hombres estaban listos para abrir fuego contra la policía si volvían a producirse incidentes de este tipo.

"Si ellos nos disparan, nos impiden o están apoyando directamente con fuego a la delincuencia, en ese momento se convierten en delincuentes", afirmó el general Guillermo Moreno, comandante de los efectivos militares de los estados de Nuevo León y Tamaulipas, en la frontera con Texas.

El presidente Felipe Calderón admitió que hay corrupción a todos los niveles en la policía y por ello dispuso usar al ejército en la lucha contra el narcotráfico. También envió a policías federales y a militares a que investiguen la corrupción policial.

Como consecuencia de ello, hay una gran desconfianza entre soldados y policías locales. Especialmente en Monterrey, como se puso en evidencia el miércoles con el osado asesinato del general de brigada Juan Arturo Esparza poco después de que fue designado jefe de la policía de la localidad de García. Cinco agentes policiales figuran entre los 10 detenidos en relación con se caso.

Nuevo León no ha hecho una purga de policías corruptos, como otros estados.

El jefe de la policía de Ciudad Juárez, quien es un general retirado del ejército, despidió a cientos de policías sospechosos de corrupción el año pasado y el ejército está entrenando nuevos reclutas, incluidos numerosos ex soldados. En el estado occidental de Michoacán, donde opera el violento cartel La Familia, los agentes policiales se someten a análisis periódicos para detectar drogas y sus armas son inspeccionadas cada seis meses para asegurarse de que no han sido usadas en delitos.

Los generales del ejército a cargo de cada región deciden si invitan a la policía local a que colabore con ellos, y la mayoría lo han hecho. Pero Moreno dice que no confía en la policía de Nuevo León.

"Por seguridad de nuestras tropas y de sus familias, nuestras operaciones son llevadas por nosotros mismos", expresó Moreno.

Los 67 incidentes que ha habido entre policías y soldados este año contrastan con los dos que se produjeron el año pasado. Moreno dijo que ha habido desde episodios en los que los soldados interceptan agentes policiales que los seguían para espiar a los carteles, hasta tiroteos con agentes que custodiaban a capos del narcotráfico. En un caso, un policía recibió un balazo en una pierna.

El episodio del 13 de octubre en que 40 patrulleros rodearon a un grupo de soldados terminó pacíficamente, pero registró momentos de extrema tensión que fueron filmados por un equipo de un canal de televisión.

Las decenas de policías que respondieron al llamado de asistencia apuntaron sus armas hacia los soldados, que a su vez empuñaron sus potentes rifles y ametralladoras, apuntando hacia los policías.

Los jefes de ambos grupos finalmente hablaron cara a cara y ordenaron a su gente bajar las armas, lo que hicieron a regañadientes.

"Todos andamos en lo mismo y debemos de apoyarnos", se escucha decir a un policía en el video filmado por la televisión.

"No, no andamos en lo mismo", responde un soldado. "Hemos agarrado a muchos policías que andan en otra cosa".

En lo que va del año han sido arrestados más de 100 policías de Monterrey bajo sospecha de colaborar con el crimen organizado. Los nombres de muchos de ellos figuran en listas de personas compradas confiscadas a narcotraficantes.

Se sospecha que muchos agentes colaboran con los Zetas, una organización de ex soldados que trabaja ahora para los carteles y es famosa por los meticulosidad de sus archivos así como por su brutalidad.

Entre los arrestados figuran dos agentes de Nuevo León acusados de participar en el secuestro de nueve soldados que fueron asesinados supuestamente en represalia por las operaciones del ejército en la zona.

También fueron detenidos dos agentes de la misma unidad bajo sospecha de haber secuestrado a dos tenientes del ejército de los que no se tiene noticias desde el 23 de septiembre.

"Un porcentaje significativo de estos policías tienen nexos con la delicuencia organizada ya sea por la colusión o porque están intimidados y tienen miedo", dijo Moreno.

Siguiendo sus recomendaciones, las autoridades estatales prohibieron en junio a los policías el uso de teléfonos celulares durante las horas de trabajo para evitar que alerten a los delincuentes cuando se prepara alguna operación. A la mayoría de ellos se los despojó de sus rifles automáticos, para que no los puedan usar contra los soldados si se produce un tiroteo.

El de Esparza, muerto cuatro días después de su designación, fue el tercer asesinato de un oficial del ejército contratado para profesionalizar la policía de una localidad que ocurre este año.

Una treintena de personas que se movilizaban en diez camionetas todo-terreno emboscaron y mataron a Esparza, así como a dos ex soldados y dos agentes policiales de García que viajaban con él.

El alcalde de Monterrey Fernando Larrazábal sacó de la calle a los mil agentes de tráfico de la ciudad para investigarlos.

Dijo que se les hará análisis poligráficos y que un consejo conformado por civiles determinará si son corruptos.

El nuevo secretario de seguridad del estado de Nuevo León, Carlos Jáuregui, no respondió a llamadas de la AP para hablar del tema.

El secretario de seguridad pública de México, Genaro García Luna, dice que la única forma de resolver esto es eliminando las fuerzas policiales de menor jerarquía, que cobran muy poco.

García Luna propone crear organismos que supervisen a las policías de los 31 estados y del Distrito Federal, a las que habría que hacerles aumentos significativos de sueldo para evitar la tentación de aceptar sobornos.

El funcionario ha dicho que los policías son un blanco fácil para la corrupción, pues más del 60% (159,743 agentes) de ellos cobran unos 4,000 pesos (300 dólares) al mes. La mayoría tienen menos de diez años de educación y algunos son analfabetos.

"Se habla en México de que las redes de infiltración por parte de la delincuencia organizada son muy amplias", comentó Martin Barron, especialista en seguridad nacional del Instituto Nacional de Justicia Criminal, un organismo del gobierno. "Es un problema estructural de las corporaciones de policía por los bajos salarios. La policía tiene que recuperar lo que no están recibiendo y lo hacen con actos de corrupción como pedir una 'mordida' de la ciudadanía o buscar pasar información a los carteles de la droga".

Por más que se hayan logrado ciertos progresos, la realidad es que a cada rato los soldados y la policía federal operan rodeados de policías locales y estatales corruptos.

La policía admite que tiene elementos corruptos, pero afirma que la mayoría no lo son.

"Hay algunos malos elementos, pero ellos piensan que todos somos iguales", se quejó el agente de la policía de Monterrey Antonio Cárdenas.

La policía dice que los soldados los hostigan y los detienen por su apariencia.

"Es humillante. Te bajan de la unidad, te quitan el celular si lo traes y hasta te quitan la pistola", declaró Jorge Castañeda, un agente que lleva 23 años con la policía de Monterrey. "Nosotros estamos aquí porque queremos portar el uniforme, pero la gente no ve el trabajo de uno. No se aprecia".



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