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Entierra y llora El Salvador a sus muertos luego de inundaciones

10 de noviembre de 2009.

Las lágrimas rodaban por el rostro severamente golpeado de Elsy Portillo mientras caminaba detrás de ataúdes con los cuerpos de su madre y de su único hijo en este poblado enterrado por un deslave masivo, uno de varios que mataron al menos a 130 personas a nivel nacional.

El cuerpo de Portillo fue golpeado repetidamente contra las paredes de su casa mientras intentaba impedir que su hijo de 7 años fuera arrastrado por el poderoso río de lodo, rocas y agua que arrasaron el pueblo durante la madrugada del domingo.

La mujer de 40 años sobrevivió, pero dijo que perdió todo para lo que vivió.

"Me quitaron mi angelito. Me quitaron mi angelito", dijo sollozando y con el párpado derecho cerrado por la inflamación.

Días de fuertes lluvias desataron el domingo inundaciones masivas y aludes en todo el montañoso país centroamericano.

La presencia del huracán "Ida" en el Occidente del Caribe al final de la semana pasada pudo ser un factor que llevó el sistema de baja presión cargado de agua en el Pacífico hacia El Salvador en el otro lado de Centroamérica, dijo Dave Roberts, un especialista en huracanes en el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, en Miami, Florida. "Ida" se debilitó ayer al perder poder sobre al agua en su camino a tierra en la costa estadounidense del Golfo de México.

Ningún lugar resultó más golpeado que Verapaz, un poblado agrícola pobre de 7 mil habitantes en la pendiente del volcán Chichontepec, a 50 kilómetros al Este de la capital, San Salvador.

El ministro de Gobernación, Humberto Centeno, confirmó la muerte de 130 personas, 60 están desaparecidas y 13,680 quedaron sin vivienda, a nivel nacional.

Rocas, muchas de ellas de más de una tonelada, llenaban las calles adoquinadas. Vehículos y casas surgían entre montañas de lodo. Cadáveres de vacas en estado de descomposición yacían sobre tejados después de haber sido lanzadas al aire por la fuerza de la corriente, que convirtió la normalmente pintoresca población cafetalera en una zona de desastre.

Soldados y pobladores continuaban excavando entre las rocas y escombros en busca de 47 personas que seguían desaparecidas ayer. Muros y cables eléctricos derribados impedían el paso de maquinaria pesada. Muchos utilizaban sus manos desnudas.

Las esperanzas de encontrar sobrevivientes disminuían con el paso del tiempo.

El presidente Mauricio Funes voló al lugar para inspeccionar el daño y exhortó a legisladores federales a aprobar millones de dólares en préstamos del Banco Interamericano de Desarrollo, diciendo que parte de los fondos serían reorientados a la reconstrucción.

"Las imágenes hablan claro", dijo Funes después de detenerse a hablar con hombres que sacaban con pala más de un metro de lodo de sus casas.



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