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Anuncia BBVA-Bancomer
fin de recesión en México

12 de noviembre de 2009.

La economía mexicana volvió a crecer en el tercer trimestre de 2009 y en tasas interanuales avanzará a ritmos del 3% en 2010. La crisis ha hecho evidentes los beneficios de un diseño ortodoxo y creíble de las políticas monetaria y fiscal, lo que ha permitido el descenso de 375 pb de las tasas de Banxico y que el Gobierno haya implementado un paquete fiscal contracíclico por primera vez en la historia.

El empleo ha registrado caídas menos intensas de lo que hubiera sido previsible dada la fuerza del descenso de la actividad. Esta resistencia del empleo es consistente, junto con el control de la inflación, con una crisis que no ha destruido ni la capacidad de gasto de familias y empresas ni el sistema financiero doméstico, que afrontó esta crisis en una sólida posición de solvencia.

El principal riesgo a corto plazo al que se enfrenta la economía mexicana es el riesgo de un menor crecimiento mundial al ahora pronosticado, que podría venir por una retirada prematura de los planes de estímulo, dada la incertidumbre sobre si el gasto privado podrá sustituir al gasto público como motor de la recuperación en los próximos trimestres.

No existen problemas de sostenibilidad de la deuda pública, pero la crisis ha acentuado la necesidad de rediseñar las bases de la actual política fiscal para disponer de un mayor margen de maniobra. La ley de ingresos ya aprobada es un paso en la dirección apropiada de aumentar la recaudación no ligada al petróleo. Sigue pendiente el desafío de ampliar la base imponible tanto por el tamaño de la economía informal como por un diseño impositivo con exenciones y esquemas ad hoc.

El menor crecimiento relativo que secularmente muestra México respecto a otras economías comparables está relacionado más que con la disponibilidad de capital y empleo, con la baja eficiencia en su combinación. Periodos en los que se emprende un proceso continuado, amplio y decidido de reformas estructurales llevan a mejoras de la eficiencia y por lo tanto del crecimiento de medio plazo de la economía.

“La economía mexicana volvió a crecer en el tercer trimestre de 2009 tras un año de caídas continuadas que redujeron el nivel del Producto Interno Bruto (PIB) casi el 10% en los primeros meses del año, un ajuste más intenso que el registrado en la recesión de 1995. Pero esta ‘tormenta perfecta’ de hundimiento del comercio internacional, aversión al riesgo financiero y crisis sanitaria específica a México no ha hundido el barco de la economía mexicana. No ha habido crisis de balanza de pagos, la depreciación del peso ha ayudado al sector exportador en un momento de fuerte debilidad de la demanda internacional, sin generar presiones inflacionarias importantes. No se ha destruido la capacidad de compra de los salarios ni ha habido quiebras o rescates bancarios”, afirmó el Economista Jefe de Norteamérica del Servicio de Estudios Económicos de BBVA, Jorge Sicilia.

Toda esta información se recoge en una nueva edición del informe “Situación México”, que elabora el Servicio de Estudios de BBVA y que ha sido presentado hoy. Según este informe, la recuperación de la economía mundial se presenta de forma heterogénea. Las economías emergentes se encuentran en una senda de recuperación más sólida que las desarrolladas, especialmente Asia y América Latina, y, por su parte, la economía norteamericana parece encontrarse mejor posicionada que la europea para tener una resolución más rápida de la crisis. Según el Servicio de Estudios de BBVA, la resolución de la crisis financiera, y los impulsos monetario y fiscal en Estados Unidos son relativamente mayores y tendrán un impacto más significativo sobre el crecimiento en los próximos años.

México supera la crisis global

La crisis ha puesto a prueba la capacidad de la economía mexicana de desenvolverse en un entorno adverso y ha hecho evidentes los beneficios de un diseño ortodoxo y creíble de las políticas de demanda, la fiscal y la monetaria. Sin el descenso de la deuda pública de los últimos años o la independencia y la credibilidad ganadas por el banco central en la persecución de la estabilidad de precios no hubiera sido posible ni una bajada de las tasas de más de 300 pb en sólo seis meses ni un impulso a la demanda para mitigar el impacto de la crisis a través de programas de inversión pública adicional a lo presupuestado inicialmente.



Pero también hay que señalar el fortalecimiento del sector privado de la economía, una mejora de su competitividad externa al menos en aquellos sectores abiertos que atraen más inversión, lo que supone mayor dotación de capital y mejora de procesos. Y es que, como se muestra en esta publicación, aquellos sectores manufactureros en los que el crecimiento de la inversión extranjera es más intenso, son los que han mejorado más su penetración en el mercado norteamericano.

Un segundo elemento que ha sorprendido favorablemente en la actual coyuntura es la resistencia del empleo, con caídas menos intensas de lo que hubiera sido previsible dada la fuerza del descenso de la actividad. Ello se da tanto entre el tercio del total del empleo que es formal y del sector privado, como para el conjunto del mercado laboral mexicano. Sin embargo, esta resistencia del empleo, consistente con un escenario de crisis que no ha destruido la capacidad de gasto ni el sistema financiero doméstico. Como en anteriores ajustes, el mercado informal actúa como mercado de reserva, alternativo al mercado formal. Ello supone uno de los retos pendientes de la economía mexicana, lograr una proporción mayor de empleos más productivos, reduciendo el peso de empleos con ingresos menores y más inestables.

Reforma fiscal: mejora, pero queda camino por recorrer

La crisis ha acentuado la necesidad de rediseñar las bases de la actual política fiscal. Ésta se basa en el equilibrio presupuestario anual, pero con un diseño que proporciona una baja recaudación dadas la excesiva dependencia de los ingresos petroleros en una industria menguante y la base imponible relativamente reducida tanto por el tamaño de la economía informal como por un diseño impositivo lleno de exenciones y esquemas ad hoc. Este esquema exige un gasto público sin estabilizadores automáticos –seguro de desempleo, por ejemplo- y relativamente bajo, por lo que termina cumpliendo de un modo poco apropiado su papel como proveedor de bienes públicos –seguridad, justicia, educación, sanidad, infraestructuras- y como redistribuidor de la renta a través del gasto social. Ello no quiere decir que las finanzas públicas se encuentren en estos momentos en una situación de insostenibilidad. Precisamente por la ortodoxia de años anteriores, el Gobierno ha podido implementar una política contracíclica. Como se muestra en la revista, bajo hipótesis incluso conservadoras de evolución a largo plazo del crecimiento de la economía, las tasas y el saldo fiscal anual exigible, y ante el compromiso con el “equilibrio” presupuestario, la senda de caída de la deuda pública se mantendría sin problemas, más allá de oscilaciones de corto plazo ligadas al tipo de cambio, por ejemplo. Pero eso no evita que bajo el esquema actual, lograr la sostenibilidad de la deuda pueda suponer frenar el crecimiento económico dado el papel sub-óptimo de las finanzas públicas si no se acometen medidas que incrementen más el ingreso de manera sostenible. Y para eso, también ayuda que se gaste mejor en toda las administraciones públicas.

En estos momentos se está tramitando en el Congreso el Presupuesto para 2010, especialmente importante dado que la calificación de la deuda mexicana, dentro del grado de inversión, depende en gran medida de lo que finalmente se apruebe. La ley de ingresos ya aprobada, siendo un paso en la dirección apropiada de aumentar la recaudación no ligada al petróleo, se queda a medio camino de lo planteado en el proyecto inicial del Ejecutivo y no enfrenta el reto de una generalización del esquema tributario, sin elementos discriminatorios y esquemas especiales. En cuanto a su impacto en inflación y crecimiento, será sin duda acotado en intensidad y duración y en todo caso ello no puede ser una excusa para no implementar cambios, que responden a un bien mayor, una vez que la política monetaria tiene una bien ganada credibilidad.

Hacia el 3% en 2010 con el reto de aumentar la capacidad de crecimiento

Pero la necesaria reforma fiscal, siendo importante, probablemente no sea suficiente por sí misma como factor que eleve sustancialmente la capacidad de crecimiento de la economía mexicana en el largo plazo. Como se ilustra en el informe, el menor crecimiento relativo que secularmente muestra México respecto a otras economías está relacionado más que con la disponibilidad de factores productivos, básicamente capital y empleo, con la eficiencia en su combinación, ciertamente con un amplio margen de mejora.

A medio plazo el reto es aumentar la capacidad de crecimiento de la economía de modo que se produzca un salto en renta per cápita tanto por ganancias de productividad al ser más eficientes, como por una mayor capacidad de generar oportunidades de empleo para quienes cada año se incorporarán al mercado laboral. Ello sólo es posible con reformas de oferta, de generación de mayor competencia, de una mejor regulación de mercados de productos y factores. En definitiva, con medidas que tienen muchas veces costos y grupos de interés afectados en el corto plazo, pero beneficios generalizados en el largo plazo para el conjunto de la economía.

Esta publicación en español y su versión en inglés, así como el resto de documentos elaborados por el Servicio de Estudios Económicos pueden consultarse en la página http://.serviciodeestudios.bbva.com.



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