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Los checos recuerdan en Praga el 20 aniversario de la caída del comunismo

18 de noviembre de 2009.

Miles de personas marcharon ayer por la capital checa en conmemoración de una protesta estudiantil hace 20 años que creció hasta convertirse en una ola humana que barrió con el régimen comunista de lo que entonces era Checoslovaquia: un movimiento pacífico conocido como la Revolución de Terciopelo.

En la actualidad, la República Checa y Eslovaquia son miembros de la Unión Europea y de la OTAN. Aunque la recesión mundial ha dejado su marca, sus economías están entre las más fuertes de las ex naciones comunistas del continente y sus democracias entre las más elásticas.

En particular, los pragmáticos checos se han pasado a la principal corriente política europea y la mayoría de ellos hace poco énfasis en su Revolución de Terciopelo, por la cual el partido comunista de Checoslovaquia perdió el monopolio del poder.

Ayer, sin embargo, no fue un día normal para varios miles de checos que se congregaron en Praga para revivir las horas que condujeron al triunfo democrático de su nación.

El 17 de noviembre de 1989 empezó con discursos encendidos en un campus universitario de Praga, que inspiraron a miles de estudiantes a marchar hacia el Centro de la ciudad, hacia la Plaza de San Wenceslao. Al caer la oscuridad, la Policía reprimió a los manifestantes, golpeándolos con garrotes e hiriendo a centenares en la refriega.

Sin dejarse vencer, las multitudes crecieron en los días siguientes y algunos manifestantes corearon: "¡Ya perdieron!"

Tuvieron razón. Tras la caída del Muro de Berlín y del comunismo en la región, Checoslovaquia ya tenía un nuevo Gobierno para el 10 de diciembre.

El 29 de diciembre, Vaclav Havel, un dramaturgo opositor que había pasado varios años en prisión, fue declarado el primer presidente elegido democráticamente del país en medio siglo por un parlamento aún dominado por comunistas conservadores.

Para muchos que repitieron los pasos de esa primera marcha, fue un recuerdo jubiloso a un tiempo en el que la represión no pudo apagar el poder del pueblo, que en una serie de protestas derribó la Cortina de Hierro en Europa Oriental.

Tanto el presidente del país, Vaclav Klaus, como su predecesor, Havel, depositaron ayer también coronas de flores en el lugar que recuerda aquella fecha.

Havel, leyenda viva de aquellas fechas, recibió ayer en el Senado una medalla conmemorativa por sus méritos en la lucha por la democracia y derechos humanos.

En su discurso de agradecimiento, el ex dignatario llamó la atención sobre las personas que, según él, también merecen ese reconocimiento, y que ascienden a 150 personas y a continuación leyó sus nombres uno por uno.

Durante las manifestaciones, la Policía detuvo ayer 48 extremistas, algunos de los cuales son simpatizantes del xenófobo y racista Partido Obrero.



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