Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Plancha y arruga

30 de noviembre de 2009.

El PRI estatal ya definió su método de selección de candidato a la gubernatura del Estado, será privilegiando lo que llaman la “unidad” de la estructura partidista, porque supongo que poco importa la unidad de un electorado que solamente sirve como instrumento electoral de renovación de los intereses cupulares. Sin embargo, es necesario observar que estos asuntos de los métodos de selección, se constituyen en una especie de cortinas de humo, o mejor dicho en singulares juegos lingüísticos y de procedimiento, para distraer a una opinión pública que se encuentra abrumada por una situación de desafecto, desencanto, temor y desconfianza, en relación a la gobernabilidad y las posibilidades de desarrollo social que no han sido alimentadas por el juego democrático electoral.

Los juegos de poder, se cristalizan en prácticas sociales más o menos institucionalizadas. En síntesis, en lo que respecta a las decisiones que tienen que ver con la renovación de cuadros políticos, se trata de buscar la ganancia a partir de el cierre o la apertura de la estructura político-partidaria, generando mayor o menor rango de participación en la base ciudadana militante o simpatizante, convirtiéndose esta en un agregado activo o bien en un simple paquete de espectadores pasivos. Es obvio que los “jugadores” intentan en la medida de lo posible, imponer, persuadir o disuadir, a favor de las reglas del juego que favorezcan a sus intereses personales o de “equipo”.

En estos juegos lingüísticos y procedimentales de poder, es bien poco lo que interesa y pesa la sensibilidad de los espectadores, es decir, la índole ciudadana de la política, entendida en el sentido virtuoso de la autonomía y libertad personal, así como de la maduración de la coordinación de acciones en función de lo colectivo, comunitaria. Por el contrario, la jerga discursiva del político mexicano, chihuahuense y juarense, ha generado una expresión simpáticamente ambigua, que es la de “planchar” una situación, que seguramente parte de una condición inicial “arrugada”, la plancha pasa repetidas veces por encima de algo, alguien y certeramente, con algún estilo eficiente.

Sin embargo, y a pesar de todos los ingenios implicados, hay que observar que no existe método de selección bueno, sin un fondo valioso para la expansión de la alfabetización política: el desencanto, la duda, el arraigo viejo de la descomposición de la desconfianza ciudadana, la erosión continua de la ilusión democrática, la corrupción, el nepotismo, la impunidad cínica en la afectación de lo público. Por supuesto el “éxito” de criminalidad organizada y su violencia ilegitima en la penetración imparable en las entrañas del Estado, en la misma línea, la mafiosidad como espíritu; las crisis económica y de credibilidad de los gobiernos de distinto signo y competencia, la democracia enflaquecida sin sustento en el crecimiento económico y el desarrollo social, la sempiterna efectividad mental de las maniobras recurrentes para “bufaladas” decrecientes en pos angustiosa del “bueno”, cada tres o seis años. La complicidad de empresas mediáticas, afectadas por los sesgos opacos con precandidatos, candidatos, partidos y demás, la “cuchareada” incontenible de las empresas medidoras del mercado de opinión electoral, donde casi siempre se sigue la directiva servil del “que pone, quita”, complementado con el célebre “el que paga, manda”.

En ese contexto, sin duda, se avecina un escenario delirante para Chihuahua como estado, para Juárez como ciudad, en un año 2010 que traerá un menú impresionante de irracionalidades y suciedades, truculencias que reflejarán la lucha encarnizada por el poder de gubernatura, alcaldías, diputaciones y etc. Alguien dijo que el método importa poco cuando de unidad se trata, cierto, el método nada importa cuando el juego es ganado por los que ya ganaron. Cosas de un proceder que se resiste a entrar al tablero de ajedrez de la modernidad política, prefiriendo permanecer camaleónicamente en la baraja del tahúr. El riesgo real radica en la eventualidad posible de que la realidad de la crisis termine por plancharnos a todos, poderosos y precarios, en una avalancha de inconformidad incontenible, donde terminemos por lamentar la simpleza burda de los métodos huecos en las realidades chuecas. La arruga total.



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