Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz

7 de diciembre de 2009.

El Diario ha publicado profusamente la noticia en torno a las declaraciones del “arrepentido” delincuente de la Cosa Nostra siciliana, Gaspare Spatuzzo, en relación al vínculo que el actual Primer Ministro italiano, el controvertido y polémico magnate de la comunicación Silvio Berlusconi, pudo haber tenido en los brutales magnicidios del inicio de la década de los 90 del siglo pasado, en contra de dos de los principales líderes judiciales y morales de la antimafia de aquél momento: los jueces Giovanni Falcone y Paolo Borsellino, sacrificados en Palermo y finalmente constituidos en poderosos iconos de la lucha en contra de la mafia siciliana.

Ante semejante recrudecimiento de aquellos hechos que conmocionaron no solamente a Italia, sino al mundo entero, sin duda que se da una reivindicación masiva de una ciudadanía que ha sido testigo de una poderosa guerra judicial en contra de los grandes “mañosos” dijera Leonardo Sciascia, y que protagonizaron los maxiprocesos legales condenatorios de los grandes capos palermitanos en el espacio de los últimos treinta años del siglo XX. También es sabido el escándalo de otro político encumbrado al máximo en aquella Italia referida, Giulio Andreotti, que significó un durísimo golpe a la ensombrecida credibilidad de la democracia cristiana como opción partidista del país mediterráneo.

Pues parece que la historia alcanza a Berlusconi para la purga en vida de lo que quizá representa uno de los más grotescos pecados cometidos por su histriónica persona, probablemente, de comprobarse, el más ofensivo y agraviante en contra de la mejor sangre humana que Italia ha generado en el esfuerzo por limpiar la índole que le lastra, desde lo profundo de la “sicilianidad” mafiosa. Y tan es así, que una multitud de cientos de miles de ciudadanos romanos, ha desfilado en una Marcha llena de coraje cívico, para protestar con toda energía en oposición a un político que no solamente se ha bastado abusando de la conformación mediática de su inmenso poder, presumiendo sus extravagancias personalísimas, sino que a la vez y a la luz de las denuncias de sus posibles cómplices impresentables, “arrepentitis” de la Cosa Nostra italiana, como es el caso de Spatuzzo, es desnudado en el delito penal caracterizado como “asociación mafiosa”, en el sentido de complicidad para cometer los magnicidios en perjuicio de los mártires antimafia, Falcone y Borsellino. Sin duda, que este espinoso asunto desencadenará toda una serie de reacciones de la opinión pública italiana y las consiguientes presiones de movilización social masiva, que generarán una creciente demanda de limpieza democrática en aquella participativa sociedad europea.

En ese sentido y por nuestras propias latitudes, ayer debe haberse realizado también una Marcha de coraje cívico en Ciudad Juárez. De nombre “Unidos por Juárez para una Solución”, que representa una legítima e imprescindible manifestación en lucha contra la estrategia política imperante de uso y abuso de impunidad que propician la crisis de inseguridad y también de ingobernabilidad que se ensañan sobre la violentada frontera. Es cierto que el fenómeno mafioso es complejo y no puede reducirse de manera simplona a la existencia de buenos y malos, tampoco buscar culpables para descargar responsabilidades propias de larga data incumplidas o mal cumplidas, sin embargo, no cabe duda que el Estado fracasa en Ciudad Juárez en su principal órbita de competencia: gobernabilidad para la básica seguridad de la población. El Estado, por lo menos con pavorosa visibilidad en Ciudad Juárez, se ha convertido en un sistema de hegemonía mafiosa, un megafenómeno de indudable naturaleza delictiva y criminal, que por lo poderoso de sus raíces y de su prolongado y efectivo tiempo de gestación, seguramente ha sido utilizado en modos diversos por “la política” para sus inescrupulosas estrategias de poder. No en vano y por fin, Felipe Calderón Hinojosa se anima a denunciar el severísimo riesgo de la penetración visibilizada del dinero del crimen organizado en las campañas de políticos bajo flagrante sospecha.

Los partidos políticos son carnaval, la verdadera batalla se empieza a librar en la pugna Mafia-Antimafia, por eso, éxito mayor para la Marcha del coraje cívico, no lleguemos a replicar el síndrome Berlusconi.



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