Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
La historia espera

14 de diciembre de 2009.

¿Qué estará pasando en este momento político, por la mente del Gobernador Constitucional del Estado de Chihuahua, Reyes Baeza Terrazas? La responsabilidad sin duda es gigantesca, apabullante por las consecuencias posibles en el trance de una decisión de dimensión histórica, determinante en el rumbo de un Estado que amenaza flagrantemente en convertirse en un prepotente régimen mafioso, ya sin el menor pudor, sin el más mínimo rubor, mutando a la comunidad chihuahuense –a la totalidad de la entidad federativa como tal-, en un apéndice gregario de intereses privados perfectamente organizados, más no abocados al beneficio del desarrollo social y democrático de la sociedad del Estado.

Es claro que el método visible que el priísmo estatal se ha dado para la elección del futuro candidato a relevar a Reyes Baeza en el máximo poder político estatal, consistirá en la figura estatutaria de la Convención de Delegados, cumplimentando con seguridad todas las formalidades que tal mecanismo contiene. Sin embargo, es un simple hecho, que en fundamental medida la propia decisión del actual Gobernador, determinará la final elección o designación de quien con gran probabilidad resultará ser el Gobernador Constitucional de Chihuahua para el crítico periodo sexenal 2010-2016.

Sostengo que de manera estructural, la disputa por el poder político en el 2010 chihuahuense, se está dando en un escenario distinto al tradicionalmente recorrido por las pugnas político-partidistas, por el contrario, hoy, la lucha es fundamentalmente dual, bipolar. Me refiero al hecho de que la realidad política puede interpretarse como la confrontación histórica entre las grupalidades referidas a los sentidos de Mafia y Antimafia, tal y como se han dado en países como Italia y Colombia, en las respectivas ciudades de Palermo y Medellín, en sus correspondientes momentos de historia nacional.

Entiendo a la Mafia como aquél fenómeno de intermediación parasitaria de intereses sociales, que suplanta a la representación política de la ciudadanía, convirtiendo a ésta en un simple cuerpo hospedante de la voracidad lucrativa de los intereses facciosos, representados por las agrupaciones político-económicas que privatizan con afanes patrimonialistas el legado público. Un tipo de poder que generalmente se localiza en las sombras de la estructura social, pero que ante la amenaza de afectación de las tasas de ganancia de sus inversiones particulares, consteladas en asociaciones de cúpula, pueden abrirse de capa ante la opinión pública demandando derechos fácticos de propiedad, obtenidos a lo largo del tiempo a través del acto de succionar las bondades capitales del cuerpo social, es decir, de la continuidad inescrupulosa de vampirizar las arterias productivas del capital colectivo.

Hoy, al Gobernador Baeza Terrazas, se le presenta el gran desafío de su gestión política, con certeza, la más grande y última que tendrá en su vida civil, aquella que se manifiesta en el mismo término de su ejercicio sexenal, la de contribuir de manera decisiva en la inducción de un proceso que impida la destrucción de su propia personalidad histórica en su legado para Chihuahua, me refiero a la preservación de las posibilidades de dar continuidad a la vida institucional del manejo del poder controlado por el ánimo del estado de derecho así como por el respeto al espíritu democrático de la sociedad chihuahuense. Sin duda, se le presenta el dilema del ocaso de su sueño de poder, soñado despierto, en momento de inevitable conclusión, creo que parte fundamental de ese sueño debe consistir en preservar las condiciones y posibilidades de seguir soñando en el espacio efectivo del tránsito sitiado a la democracia, en lo que a él, ética y políticamente corresponda, con estilo y forma congruentes.

Seguramente, Reyes Baeza ya encara de lleno el perfil de su imagen histórica posterior al ejercicio del poder enorme, me atrevo a pensar que si como lo asumió públicamente en el nostálgico tiempo de su búsqueda, ama realmente a Chihuahua, a Juárez en lo específico, no tendrá en este momento lugar ni en su cabeza ni en su corazón de hombre de bien, un escenario inmediato que se traduzca en el arribo del amenazante Estado fallido, poseído finalmente por el pavoroso control de la consolidación del régimen mafioso.



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