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Osama bin Laden, el sobreviviente

15 de diciembre de 2009.

Casi una década después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos vuelve a revisar su estrategia militar en Afganistán con un objetivo primordial: conseguir la captura "vivo o muerto" de Osama bin Laden, principal instigador de unos ataques que marcaron el nacimiento de un estado de guerra permanente en EU y aceleraron los cambios geopolíticos de finales del Siglo XX.

"No creo que podamos derrotar a Al Qaeda hasta que Osama bin Laden sea capturado vivo o muerto", dijo la semana pasada el general Stanley McChrystal, comandante en jefe de las fuerzas de EU en Afganistáncon lo que confirmó el reinicio de la cacería contra el terrorista.

En aras de optimizar su búsqueda, EU ha ordenado intensificar sus misiones de Inteligencia. Hace casi una década, Bin Laden se le escapó a la Administración de George W. Bush de las montañas de Tora Bora y se convirtió en el antihéroe de un movimiento integrista que ha conseguido poner a EU contra las cuerdas.

Cuando Bin Laden logró escapar de las montañas de Tora Bora, en la segunda semana de diciembre den 2001, este diario dio cuenta de los inexplicables fallos de seguridad que facilitaron su fuga a Paquistán. En los continuos viajes de este corresponsal entre Jalalabad y Tora Bora, las noticias de que el médico personal de Osama permanecía a su lado y que sus hombres se movían libremente en la zona para pertrecharse de armas, municiones y alimentos dejaron en evidencia la escasa resolución de Washington para detenerlo.

Casi una década más tarde, el principal responsable del comando de la CIA que se encargó de acorralar al líder de Al Qaeda lamenta no haberlo podido detener. "En la primera semana de diciembre (de 2001) pedí el envío urgente de un batallón para cerrarle todas las rutas de escape a Osama bin Laden. Pero los refuerzos nunca llegaron", dijo Gary Berntsen, jefe de la unidad de operaciones especiales que coordinó desde tierra los bombarderos de los B-52 y los C-30 que pulverizaron el terreno y obligaron al líder de Al Qaeda a buscar refugio en Paquistán.

"Si hubiéramos capturado o asesinado a Bin Laden en 2001, el mundo sería muy diferente", dijo el senador John Kerry. "Es muy posible que su muerte o encarcelamiento no habrían sido suficientes para eliminar la amenaza extremista en el mundo, pero el fracaso a la hora de detenerlo ha representado una oportunidad perdida que ha alterado el curso de los acontecimientos en Afganistán y el futuro de la lucha contra el terrorismo", añadió Kerry, al culpar a la Administración de George W. Bush por uno de los fracasos más sonados de la última década.

El islamismo yihadista se ha convertido en un movimiento telúrico con una capacidad de arrastre comparable al del comunismo tras la revolución bolchevique y, ta vez, más peligroso por sus connotaciones religiosas.

"Antes de los atentados del 11-S, el islamismo yidahista era un nicho ideológico que sólo arrastraba a un puñado de jóvenes. Tras los atentados, Bin Laden ha sido capaz de atraer el apoyo de millones y muchos de ellos con deseos de asesinar aun a costa de sus propias vidas, entre otras razones por la forma en que Estados Unidos aprovechó la coyuntura para invadir Irak y por los abusos de sus Fuerzas Armadas en las prisiones de Abu Ghraib, Guantánamo y Bagram", dijo el analista, Ivo H. Daalder, del Instituto Brookings.

"Y la muestra la tenemos en los ataques terroristas en los últimos años en Londres, en Madrid, en Bagdad, Bali o la India", dijo.



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