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Muere 'El Barbas' rodeado de objetos religiosos

18 de diciembre de 2009.

Arturo Beltrán Leyva, uno de los líderes del Cártel que llevaba su apellido, además de morir entre miles de dólares, artículos de lujo y armas, como reza el estereotipo del narcotraficante, también iba acompañado de símbolos religiosos.

El enemigo de Joaquín "El Chapo" Guzmán murió el miércoles en Cuernavaca rodeado de estampas religiosas, escapularios chinos y bolsas de santería dentro de su pantalón.

Su fe no se limitaba al catolicismo, también le apostaba a la santería, a los dioses africanos, según las evidencias halladas en el escenario de su muerte.

Pero no sólo adoraba imágenes. También leía textos religiosos. Un ejemplar de la Santa Biblia fue hallado en un taburete de la recámara principal. Ahí mismo, una imagen de la Virgen para encomendarse a ella.

Sus hombres también compartían con él su fervor religioso. Uno de sus sicarios, el hombre más joven del grupo, prefirió matarse a ser capturado. Cuando fue revisado su cuello tenía un rosario.

El imperio de Arturo Beltrán Leyva, "El Barbas", se extendió por más de 15 municipios del Estado de Morelos en los que controlaba la vida o la muerte y los negocios de la droga, así como una red de protección y complicidad de militares, ex jefes policiacos y oficiales corruptos en activo. Pero ni la protección que pagaba ni el amparo divino de los seis amuletos que llevaba consigo, impidieron que fuera abatido al enfrentarse a integrantes del cuerpo especial de infantes de la Marina.

Rodeado de espoletas de granadas usadas en su último combate, cientos de cartuchos percutidos, estampillas de santos, sobres de suero y paredes y techos ensangrentados, quedó el cuerpo de uno de los hombres más buscados del mundo. A las puertas del departamento 202 de Las Torres Altitude, ubicado en el fraccionamiento Punta Vista Hermosa Resort, su última guarida, fue abatido Beltrán Leyva junto con varios de sus sicarios.

Bajo la férrea vigilancia de elementos de la Armada, peritos forenses levantaron los cuerpos de "El Barbas", o "La Muerte", como también era conocido, y sus sicarios, hicieron un inventario de cada cosa que se encontró en el departamento. Se recogieron albúmenes fotográficos, cartas de familiares de quienes murieron o fueron detenidos en el lugar del enfrentamiento con contenidos que hablaban del distanciamiento y el anhelo de verse pronto con frases como "te extraño y te quiero".

Se encontraron también documentos notariales de inmuebles y revistas del corazón, en la recámara que se cree ocupaba Arturo Beltrán Leyva estaba también una pistola Pietro Beretta, un aparato ortopédico, juguetes, una pantalla de televisión y en las paredes había cientos de hoyos producidos por disparos de armas de alto poder. La escena la completaba el balcón que daba a la zona de las albercas, sitio por el cual cayó el último de los sicarios que murió en la refriega. "Pudieron vivir porque desde el principio les pedimos rendirse y no aceptaron. Pelearon hasta que murieron", relató uno de los marinos que participó en el operativo del miércoles.

En la recámara más protegida, la que no tenía ventana alguna, sobre la cama matrimonial quedaron las botas de piel de cocodrilo en color verde y negro raspadas, ropa toda de marca Hugo Boss, alguna nueva hasta con etiquetas y en bolsas de la misma marca.

Sobre la mesa quedó un plato servido con huevos revueltos y jamón, guacamole y dos charolas de frutas, junto a un álbum de fotografías en las que aparece una quinceañera y cartas.

El departamento se selló y ahí acabó la historia de "El Barbas".



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