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Militares y policías protegían a Arturo Beltrán Leyva

20 de diciembre de 2009.

CUERNAVACA, Mor.— La Armada de México ubicó y desarticuló al menos cuatro anillos de seguridad que protegían a Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, quien finalmente cayó abatido en el operativo instrumentado el miércoles pasado para su captura.

El sistema de protección del capo del cártel de los Beltrán Leyva incluía informantes dentro del Ejército, las policías municipal y ministerial, así como sicarios designados bajo la clave de Zafiros y Halcones que recorrían en vehículos o taxis toda la ciudad.

El círculo más cercano de seguridad lo conformaba su escolta integrada por los sicarios más aguerridos que lo acompañaban siempre y que murieron durante el enfrentamiento en el fraccionamiento Punta Vista Hermosa Altitude, en Cuernavaca, Morelos.

Todo lo anterior consta en el expediente PGR/SIEDO/UEIDCS/166/2009 de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

Los informes recabados sobre el sistema de resguardo de los Beltrán Leyva, a partir de los testimonios rendidos por varios detenidos ante fiscales federales en diversas acciones emprendidas contra la referida organización criminal, consignan que dentro de la red participaban “contactos” del Ejército mexicano que avisaban a la banda de la existencia de operativos y acciones de inteligencia que despliegan soldados en la entidad, lo mismo de los puntos y sitios donde se colocan puestos de revisión o retenes. En el expediente no se señala ningún nombre de esos supuestos “contactos”.

Dentro del grupo de protección que venció el operativo de los infantes de la Armada de México, hay incluso policías en activo que con el aval de sus mandos superiores eran comisionados directamente a la custodia de casas, de escoltas de los jefes o incluso eran guías de grupos de sicarios provenientes de otros estados.

El expediente detalla que los agentes recibían un sueldo de 2 mil dólares al mes y que su misión era reportar cualquier operativo en contra del cártel, rescatar o auxiliar a aquellos integrantes del grupo criminal que eran detenidos, reportar vehículos sospechosos o hasta servir de “muro de protección” para asegurar el éxito de las acciones de los sicarios o ejecutores de la organización.

El numeroso grupo de Halcones que se dedica a realizar recorridos por toda la capital del estado tenía a su cargo autos particulares para efectuar labores de vigilancia, en solitario o en pareja y hasta en equipos de cuatro.

El documento señala que generalmente los Halcones estaban provistos de celulares o radios, pero no portaban armas. Su misión era igualmente reportar movimientos del Ejército, policías federales y estatales, además de la presencia de automotores sospechosos en cada una de sus zonas.

Los sicarios llamados Zafiros, quienes recibían los informes de los Halcones, estaban encargados de alertar de cualquier amenaza a sus jefes, como fue la presencia de los marinos que finalmente abatieron al llamado Jefe de Jefes en un lujoso departamento.



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