Weekly News

La Opinión de
Sergio Armendáriz
Muro babélico

21 de diciembre de 2009.

El año 2009 que agoniza celebró mundialmente la caída del tristemente famoso Muro de Berlín. Las naciones que se liberaron del yugo dictatorial del totalitarismo del llamado socialismo real, entraron desde hace 20 años a una ruta compleja y no pocas veces tortuosa, de modernización económica y también necesariamente, política. Sin duda, ese camino ha resultado desprovisto gradualmente de energías utópicas; es árido el terreno estructural de la liberalización económica y de la transición democrática, incluso las opciones político-partidistas de “izquierda” a nivel mundial, habitan en la lógica de un capitalismo con diversos umbrales de intervención estatal.

En México, por supuesto en todos sus rincones regionales, estatales y municipales, también se vivió hace dos décadas el entusiasmo provisorio de la esperanza democrática que por cierto, terminó en su momento en un estado de frustración producto de recurrentes y poderosas reacciones explosivas de denuncia de fraude electoral. La crítica europea y el impresionante cambio social ejercido sobre el odioso socialismo real, tuvo rango analógico con el severo cuestionamiento que en nuestro país se aplicó al denominado “nacionalismo revolucionario”, idiosincracia legitimadora del PRI a lo largo de décadas de poder hegemónico, algo así como el resquebrajamiento del muro mental mexicano, con indudables consecuencias en la estabilidad política del régimen.

El país ensayó su propio camino de liberalización económica a través del TLC y gradualmente su propia democratización, a partir de las sucesivas reformas electorales de la década de los 90 del siglo XX. A la luz de los hechos y en la óptica de la satisfacción y la confianza social, ambas macroestrategias no han resultado lo alentadoras que en principio se esperaba de ellas, de su puesta en marcha para que permitieran el acceso a la ansiada modernidad. Por el contrario, parece que la capacidad camaleónica del régimen priísta ha logrado neutralizar las potencialidades transformadoras del experimento modernizador mexicano; las “derechas” se consolidaron ante la inoperancia de una “izquierda”, que desperdició grandes oportunidades de tratar al electorado con la sensibilidad inteligente y respetuosa de una opción político-partidista madura para el ejercicio del poder nacional.

La verdad es que la cultura política priísta, ha terminado por colonizar a todas las posibilidades institucionales de opción electoral para la alternativa democrática en el poder político. Lo anterior ha generado una mutación regresiva que despoja al Estado de su función civilizatoria, suplantándolo por la consolidación de un régimen mafioso abocado a la búsqueda desparpajada del poder económico y político en un escenario de “nudismo ideológico”, fenómeno que hoy amenaza a Chihuahua con toda su flagrancia, de cara a la renovación de los poderes de gubernatura y alcaldías fundamentalmente, en la ruta del multicitado 2010.

Quizá el problema primordial no radica tanto en la arquitectura de las instituciones políticas que dan andamiaje al vulnerado Estado, sino a una idiosincracia mafiosa que no ha creído realmente en la imperiosa necesidad de acabar de transitar a un estado de cosas, que efectivamente termine por comprender la importancia vital de respetar las reglas del juego en la disputa por el poder, aparte de trascender las ambiciones descontroladas de lucro particular y su cauda nepote, disponiendo caprichosamente del patrimonio y los dineros públicos, cual si fueran una herencia sexenal, trienal, o lo que la próxima reforma política permita como duración en los puestos de “representación” popular.

Hoy más que nunca, es decisivo que la opinión pública en todo el estado de Chihuahua, por supuesto con la inclusión determinante de Ciudad Juárez, se percate con sentido de oportunidad de la diferencia de ser considerada como un ente social con derecho a la participación cívica, y no como un simple botín recurrente de oportunidad para la entronización de agrupaciones o asociaciones facciosas, desnudamente interesadas en apropiarse del capital social y económico del Estado. Ciertamente, el Muro es mental, agregado al hecho de que el viejo corporativismo encontró posibilidades miméticas en el régimen mediático, faro babélico filomafioso. Por eso, para salir de Babel, promoción decidida de políticas de la inteligencia.



Descarga nuestra nueva App para iOS y Android



Comentarios



Publicidad

Compartir en redes sociales



Juarez independiente


 

Diseño de Aplicaciones Móviles