Weekly News

La Opinión de
Sergio Armendáriz
Deseo ingenuo

28 de diciembre de 2009.

Qué bueno sería que en un noble propósito para el inicio de 2010, la clase política pensara sensiblemente en la necesidad ingente de promover la formación cívica de la sociedad que requiere también repensar las formas de ejercicio del poder en la convivencia colectiva. Y en verdad que a esta reflexión no me mueve la caracterización común que tiñe de ingenuidad al 28 de diciembre, muy por el contrario, estoy plenamente convencido que para recuperar la virtud formidable de la inocencia, se hace necesario que el poder rescate su simplicidad de juego, su condición originaria de entretenimiento compartido y formativo, enfocando al electorado con prioridad sobre los partidos y políticos hoy implicados.

En ese sentido, sabemos de la consistencia o inconsistencia de la clase de los partidos políticos y de los políticos mismos, pero, ¿qué es el electorado? Difícil, muy difícil, encontrar una definición sociológica precisa en un aglomerado de gente variopinta que cada vez vota menos, que lo hace prácticamente a regañadientes y que en no pocas ocasiones es arrebatada en su voluntad libre por las mañas sobrevivientes del corporativismo, o bien del populismo asistencialista de “derechas o izquierdas”, sustentadas mediáticamente en el siempre obsequioso canto de las sirenas de la mercadotecnia acechante. En nuestro medio, todavía vale cualquier cosa para jalar votos, más aún en anemia política.

El voto no está en función de la calidad de alfabetización política del electorado, sino, por el contrario, éste depende enteramente de la mecánica simple del depósito del papelito, de la boleta en la urna sin importar quién y qué está detrás de dicho acto cívico. Sin embargo, en esta lógica de manipulación, los márgenes de maniobra se angostan y cada vez menos se puede engañar a la ciudadanía con formalismos o ritualismos en creciente desprendimiento de las necesidades y demandas de una sociedad que ya no cree en demagogias vocingleras o pudorosas, que no tiene más fe en espectáculos de “amistad” para acomodar sucesiones en los puestos de poder de supuesta representación popular, ni en “métodos” de selección que simplemente se constituyen en tácticas dilatorias para tomas de decisión extrañas y por lo tanto ajenas a la inteligencia de la opinión pública.

Es categórico el hecho de que no existe método de selección bueno, sin un fondo valioso de alfabetización política; el agarrón por las famosas candidaturas resbalará en un escenario poco halagüeño: desencanto, duda, arraigo viejo de la descomposición de la confianza ciudadana, la erosión continua de la ilusión democrática, corrupción, nepotismo, impunidad cínica en la afectación de lo público. Por supuesto, sin olvidar el “éxito” de la criminalidad organizada y su violencia ilegítima en la penetración gradual e imparable sobre el Estado, la mafiosidad como espíritu; la crisis económica y de credibilidad de los gobiernos de distinto signo y competencia, la democracia enflaquecida sin sustento de crecimiento económico y desarrollo social; la sempiterna efectividad de las maniobras recurrentes para bufaladas decrecientes en pos del “bueno” cada tres o seis años, con su patético rostro de angustiosa cargada incontinente.

La complicidad de empresas mediáticas, en la desfachatez del sesgo presumido y vendido a candidatos en coyuntura de apapacho, combinado con el lamentable deterioro y desprestigio de algunas empresas de medición de opinión pública que terminan por “cucharear” hasta la preferencia televisiva de preservativos.

No es un problema de ingeniería institucional o de arquitectura organizacional puramente al nivel de la belleza teórica, no serán suficientes los ímpetus reformistas que tengan indudables virtudes en su implementación.

Ojalá que en lo más inmediato, en el proceso que se avecina en Chihuahua, en Juárez mismo, los candidatos a representar a la sociedad tengan en cuenta la intuición artística genial de Carlos Fuentes: “…México es un país herido de nacimiento, amamantado por la leche del rencor, criado con el arrullo de la sombra(…)la luz pública ofende a los hijos de la sombra(…)hazte de allegados, promételes todo a todos, luego distribuye tantito nada más…pues aquí nadie espera nunca nada y se contentan con lo poquito que les parece mucho…Aprovecha la oportunidad política…”



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