Weekly News

La opinión de
Sergio Armendáriz
“La “Familia”

11 de enero de 2010.

Es mejor un sentido de institucionalidad que ninguno. Leonardo Sciascia pensaba que el Estado ya no existe. Lo que ahora existe son grupos, pequeños estados, es decir, organizaciones facciosas, que actúan en función de los intereses particulares y de grupo, el interés general se ha perdido de vista, tendríamos efectivamente la “sicilianización” del mundo.

Si el Estado está peligrosamente vulnerado, es responsabilidad del gobernante, del político que tiene la responsabilidad moral de vérselas con el manejo del poder institucionalizado, cuidar escrupulosamente la conservación de su uso controlado y en su momento, la transmisión con certidumbre del mismo, más aun en tiempos en los que los poderes fácticos y de violencia ilegítima le ponen un cerco y aplican chantaje al funcionamiento normativo del poder estatal.

En este sentido, considero que en el Estado de Chihuahua acaba de presentarse un decisivo escenario de desafío al poder concebido como representación popular en miras de respeto soberano y construcción de justicia social, un severo reto a la condición de árbitro de los intereses sociales diversos que la entidad política reguladora que es el Estado jamás debe permitir que le sea enajenada, a riesgo de convertir al poder que le sustenta en un simple comité gerencial de intereses de facción. El Gobernador del Estado de Chihuahua, saliente este mismo año de su cargo sexenal, supo comportarse a la altura –independientemente de las recaídas posibles y reales en los tradicionales códigos de acción del PRI- en lo que se reconoce como el ejercicio político y ético de sus responsabilidades metaconstitucionales, en la coyuntura estratégica de su momento sucesorio.

En mi parecer, el proceso de selección del candidato a la gubernatura del PRI por Chihuahua, fue una pieza ajedrecística operada con efectividad, más allá de su tonalidad democrática participativa y popular. Por un lado, impidió lo que hubiese sido un flagrante asalto a la autonomía relativa del mismo PRI, involucrando con alternatividad hábil a los Comités Ejecutivos tanto nacional como estatal en la confección de la decisión final del proceso de determinación de la persona del candidato a la gubernatura, protegiendo de ese modo la soberanía procedimental del PRI como instituto político.

Por otro lado, en complemento sinérgico con el funcionamiento de la organización partidaria, también se evitó la colonización de la voluntad política del Gobernador que pronto dejará la investidura, pero que por ese mismo hecho, resultaba de primordial importancia su modus operandi de desprendimiento gradual de la mencionada investidura.

El desafío fue real y severo, el poder que lo sustentó se hizo visible en el manejo de la imagen pública y en el uso de la célebre tiranía de las encuestas, así como el apoyo estruendosamente notorio de algunos de los capitales amigos del exprecandidato que encabezaba este movimiento de abordaje al poder estatal convirtiéndolo potencialmente en un patrimonio del que se reconoce conceptualmente hoy como “capitalismo de amigos”.

Debo decir que a la vez se confrontó una percepción extendida que suponía que el actual Gobernador del Estado podría reaccionar intimidado en tibia reacción política.

Finalmente no fue así, el Gobernador y el PRI se desempeñaron en el proceso de tal modo que ni hubo asalto al partido, y tampoco colonización de la voluntad del gobernante que se va del poder este 2010.

A pesar del tufillo a dedazo e imposición tradicionalista que pueda dejar el proceso en cuestión, con la carga regresiva que esto significa, queda también en el ambiente una percepción de ejercicio de poder institucional, que, aparte de su contextura y calidad democráticas, hace pensar que la degradación del sistema aun no llega al extremo siciliano de devastación del Estado por los intereses particulares y de facción. Queda por ver con creciente escepticismo, con sano pesimismo democrático, si la nueva constelación de poder en Chihuahua que potencialmente se avecina con la oferta del PRI para la gubernatura, tiene la inteligencia y capacidad para superar el condicionamiento de la atmósfera de mafiosidad que impregna el ambiente.



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