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De la esperanza al desencanto De la esperanza al desencanto

17 de enero de 2010.

Hace un año, en un ceremonia inaugural única, Barack Obama puso su mano sobre la Biblia de Abraham Lincoln y le aseguró a la nación que, con esperanza y virtud, se podrían "sortear las corrientes heladas y soportar lo que traiga la tormenta".

En el otro extremo del país, en Seattle, Glen Boyd ya sabía lo que traía la tormenta económica. Dos semanas atrás se había quedado sin trabajo este vendedor de DIRECTV, que apoyaba a Obama y tenía grandes esperanzas en su gestión.

"Me sentí muy orgulloso. Pensé que era el indicado. Estaba optimista", recuerda Boyd.

Ahora, Boyds escribe en su blog: "Creímos todo lo que decía en sus discursos de 'sí, se puede'. Mi única pregunta es ¿dónde están esos discursos?".

Las encuestas muestran un constante declive en los índices de popularidad del mandatario desde que asumió la Presidencia el 20 de enero pasado. De hecho, según la consulta más reciente de Gallup, inicia su segundo año de Gobierno con los índices más bajos que ha tenido un presidente a la misma altura de su gestión en los últimos 50 años. Hacia el primero de enero, un 50% de los consultados aprobaba su gestión y un 44% la desaprobaba.

La decepción es especialmente fuerte entre quienes esperaban grandes cosas de Obama.

"De repente estábamos hablando de cosas realmente importantes, de cuestiones sociales que habían sido olvidadas por años. Era emocionante, refrescante", comenta Matt Sullivan, concejal de Pleasanton, California.

Un año después, se siente defraudado.

"¿Qué pasó con este tipo?". "¿Qué pasó con su visión del país y del mundo? Todo se esfumó".

Beverly Wardell se siente frustrada, pero piensa que hay que darle tiempo a Obama.

"Si se generaron demasiadas expectativas, no es su culpa", dijo Wardell, una jubilada de 65 años de Clifton, Nueva Jersey. "Creo que la gente estaba tan desesperada después de Bush que Obama parecía un rayo de esperanza. Tal vez esperamos demasiado de él".

Charleszetta Lewis sufre con los padeceres de su madre, una viuda de 82 años que debe tomar diariamente más de media docena de medicinas. Debido a lagunas en el plan de salud del Gobierno, la anciana debe costear en su totalidad las medicinas después de superar cierto límite y hasta llegar a otro.

Se siente furiosa porque el partido y el presidente por los que votó no logran hacer pasar una reforma amplia al programa de salud pese a tener mayoría en el Congreso.

Lo que más acongoja a esta ex capataz de una planta de Chrysler, de 62 años, hoy jubilada, no obstante, es la actitud del pueblo estadounidense.

"La inmadurez del diálogo, donde abunda la hostilidad, el rencor y la maldad, da un mal ejemplo a la juventud", escribió Lewis, de 63 años, en una carta al diario Tribune de Kokomo, Indiana.

Lewis, quien es negra, como Obama, dice que no se puede esperar resultados inmediatos.

Obama "nunca dijo que todo lo haría en los primeros seis meses", afirmó. "Ni en los primeros ocho, nueve meses, o el primer año. Dijo que lo haría en su primera gestión".



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