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Extorsionan usando guía telefónica Sección amarilla

18 de enero de 2010.

Las celdas de las cárceles capitalinas encierran una organización casi perfecta: los extorsionadores telefónicos. Quienes están dentro de los penales afirman que 60 por ciento de los 40 mil 100 internos se dedican a este ilícito.

Las celdas de las cárceles capitalinas encierran una organización casi perfecta: los extorsionadores telefónicos. Quienes están dentro de los penales afirman que 60 por ciento de los 40 mil 100 internos se dedican a este ilícito.

—¿Sí, bueno, con quién hablo? ¿Con la señora María? Mire, una persona le quiere hacer daño: me dio 50 mil pesos, usted tiene dos hijas, una de 15 años y una de ocho años, se llaman Irene y Judith, ban (sic) en la escuela que está a dos cuadras de su casa, su puerta es negra. ¿Qué más datos quiere que le dé para que me crea?…”

Éste es uno de los textos que un interno escribió antes de llamar a su víctima, a quien ordenó depositar 20 mil pesos en cuentas bancarias. Sus datos los obtuvo del directorio de la Sección Amarilla, donde anunciaba el negocio familiar.

La organización delincuencial comienza con los custodios que venden las hojas de este directorio en 500 pesos o permiten a los reos transcribir algunos nombres por 50 pesos. Otros permiten el ingreso y uso de aparatos de telefonía, pero la renta se eleva a mil o mil 500 pesos semanales.

Incluso, funcionarios de la Subsecretaría de Sistema Penitenciario del DF aseguran que existen listas “oficiales” con nombres de internos y números telefónicos que están en poder de los elementos de seguridad asignados a cada dormitorio.

“Son los teléfonos que están autorizados porque pagan cada semana, cuando hay operativos de seguridad se avisa con anticipación para que los guarden”, advierte un técnico penitenciario.

Estadísticas oficiales señalan que el año pasado decomisaron 2 mil 600 celulares.

Falsos zetas

“Habla Alfa Mega Metro 14 de Los Zetas. Quiero llegar a un acuerdo, ya que quiero darle solución por la vía pacífica a esta situación, si no en lo contrario (sic) voy a tener que mandar a mis elementos a matar a toda tu familia, nada más queremos una coperacion (sic), que son los gastos de mi gente, si no de lo contrario voy a ordenar que acaben con toda tu familia.”

El interno que escribió este texto lo utilizó con 28 posibles personas, cuyos nombres estaban inscritos en hojas de libreta, copiados también de un directorio telefónico. Las víctimas tenían su domicilio en distintos estados.

Otro método que tienen los reos para adquirir esta información es mediante el escaneo de estas hojas, que guardan en discos compactos. Sus familiares las llevan en días de visita y ellos abren la información en computadoras de los centros escolares de cada penal.

“¿Quién permite la corrupción? La corrupción es una hiedra de mil cabezas, cualquiera puede meterla, lo básico es que debe haber controles en la entrada de los reclusorios, deben revisar a todos los visitantes de los internos, deben revisar incluso a abogados y familiares, a todo aquel que entra”, señala Meyer Klip, presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Procuración de Justicia del DF.

“Deben revisar que no lleven celular ni chips escondidos en el cuerpo. ¿Cómo entran los celulares? Por la corrupción. No sé si esté fallando la seguridad, pero a los hechos nos remitimos: si hay celulares adentro quiere decir que algo está fallando”,

El negocio de las extorsiones telefónicas no sería tan exitoso sin la contabilidad que tiene a cargo el líder de la organización delictiva, quien se apoya en familiares, parejas sentimentales y amigos para cobrar el dinero.

Los internos instruyen a otros reclusos sobre la forma en que deben dirigirse a las víctimas. Se reúnen en estancias de las cárceles para divulgar su enseñanza sobre la extorsión telefónica.

Documentos decomisados por autoridades penitenciarias demuestran que un interno del Reclusorio Oriente tiene múltiples cuentas bancarias, cuyo límite es de 60 mil pesos, con saldos a favor por 15 mil, 30 mil o 70 mil pesos.

“El negocio de la extorsión se agudizó desde hace cinco años. Hoy todo mundo habla por celular, ya no tenemos control”, advierte un custodio.

milenio.com



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