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Persiste en Haití lucha por la supervivencia

31 de enero de 2010.

Las escenas más recientes del drama de la supervivencia y de la muerte en el desastre de Haití son un saqueador muerto a tiros por irrumpir en un comercio y grupos de ilusos construyendo viviendas sobre terreno inestable.

Más de dos semanas han pasado desde que un terremoto destruyó gran parte de la capital haitiana y dejó un vacío de poder acerca de quién y cómo reconstruirá el país.

En una muestra de la creciente desesperación, un guardia de seguridad privado mató a un saqueador que junto a otros entró en un dañado comercio de electrodomésticos en el distrito comercial el viernes. Mientras jóvenes se llevaban cocinas, refrigeradores y un acondicionador de aire, un periodista vio cómo llegaba el guardia disparando una pistola automática.

Una docena de soldados de EU llegaron para calmar la situación, pero era demasiado tarde. El saqueador yacía boca abajo, al pie de las escaleras, salpicado de sangre.

Otros haitianos tratan de sobrellevar la situación, aunque prevalece un ánimo sombrío.

"La situación sólo empeora", se lamentó Josielle Noel, de 46 años, que estaba en un grupo de personas dispuestas a reconstruir el barrio de tugurios de Canape Vert.

La casa de Noel quedó parcialmente destruida por el terremoto del 12 de enero. Otros dos remezones estremecieron el viernes partes de la capital, aunque es difícil distinguir los daños nuevos en medio de un panorama desolador de edificios resquebrajados, semidestruidos o aplastados.

Cansadas de esperar la ayuda del Gobierno, las familias recogían maderos y estaño en las colinas para empezar a construir nuevas viviendas sobre las ruinas.

Pocas carpas han sido distribuidas a los sobrevivientes, los escombros están por doquier y en casi cada esquina se ven carteles que imploran ayuda en inglés y no en el idioma local, el creole.

Podría tomar semanas para conseguir las doscientas mil carpas que necesitan los desamparados en Haití, dijo Marie-Laurence Jocelyn Lassegue, ministra de cultura y comunicaciones. Haití tiene ahora menos de cinco mil carpas donadas y la coordinación de la ayuda sigue siendo difícil.

Las casas en una ladera de una montaña quedaron casi destruidas, mientras las de la ladera opuesta quedaron intactas.

Las casas de granito se desplomaron. Algunas familias se preocupan por la temporada de lluvias y temen perder sus lotes después de las demoliciones por carecer de títulos.



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