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Mujeres, principales víctimas de abusos en Haití

8 de febrero de 2010.

Bernice Chamblain tiene un machete bajo el colchón para defenderse de los depredadores sexuales, y una pierna sobre la bolsa de arroz para impedir que roben el alimento de sus hijas.

Ha dormido muy poco desde que el terremoto del 12 de enero la obligó, junto a otras mujeres y niños sin techo, a vivir en un campamento, donde son blancos fáciles para pandillas de hombres. Las mujeres siempre han sufrido en Haití. Ahora es peor que nunca.

"Trato de no dormir", dijo Chamblain, de 22 años, quien perdió a su padre y ahora vive en un campamento sórdido con su madre y varias tías cerca del aeropuerto de Puerto Príncipe. "Algunos de los hombres que escaparon de la prisión vienen a los campamentos y causan problemas a las mujeres. Estamos asustadas, pero ¿qué podemos hacer? Nuestros esposos, novios y padres han muerto".

Las denuncias abundan. Les roban los certificados necesarios para obtener alimentos en los puntos de distribución. Otros difunden versiones de violaciones e intimidación sexual en los campamentos donde viven más de medio millón de víctimas del terremoto.

La oscuridad envuelve la mayoría de los campamentos durante la noche. La única luz proviene de algunas velas o los destellos de los teléfonos celulares. Hombres merodean por los lugares donde mujeres o niñas se asean con cubos de agua. Grupos de adolescentes duermen en las calles o vagan solas por los campamentos.

La ministra de comunicaciones, Marie-Laurence Jocelyn Lassegue, reconoció la indefensión de las mujeres y los niños, pero dijo que el Gobierno sufría presiones para dar prioridad a los alimentos y refugios.

Los grupos de ayuda ofrecen refugios especiales a las mujeres y distribuyen alimentos solamente a ellas para impedir que los hombres las intimiden. Pero eso no basta, tres semanas después que un terremoto de magnitud 7 mató a 200 mil personas y dejó a 3 millones en la calle. Las mujeres que hacían fila ayer al amanecer dijeron que las atacaron hombres con cuchillos que les quitaron los cupones.

"A las 4 veníamos y un grupo de hombres salió de un callejón", dijo Paquet Marly, de 28 años, quien esperaba que le dieran arroz para sus dos hijas, su madre y otros familiares. "Salieron con cuchillos y dijeron que les diéramos los cupones. Tuvimos que dárselos. Ahora no tenemos nada: ni cupones ni comida".

Los socorristas dicen que han montado operaciones complejas para atraer a los hombres a un lugar mientras entregan cupones a las mujeres en otro





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