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Falla la Fuerza Aérea en ensayo de desfile

9 de febrero de 2010.

Una gama de aviones desde los más antiguos a los más modernos, una serie de acrobacias y ejercicios militares se expusieron durante un ensayo previo al Día de la Fuerza Aérea Mexicana. Todo iba bien hasta que uno de los paracaidistas se atoró en un cable de luz, otro más salió del perímetro de la Base Aérea Militar de Santa Lucía.

Los demás, los otros 163 quedaron lejos, muy lejos, de la mesa donde el miércoles próximo los tiene que ver descender el presidente Felipe Calderón, mientras desayuna.

Todo durante el ensayo previo a la celebración del Día de la Fuerza Aérea Mexicana al que se invitó a los medios de comunicación y del que, al finalizar, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) no dio detalles de los hechos.

Nada. Ni siquiera del parte médico del militar que había quedado colgado, atorado con su paracaídas, de un poste, sin registrar movimientos, a una distancia tan lejana que su cuerpo sólo podía ser visto a través de los lentes de las cámaras de televisión o de fotografía.

Un ensayo que finalizó con caras largas y murmullos respecto a lo que era obvio: algo había fallado.

En un inicio todo iba, aparentemente, bien. Frente al hangar se habían colocado las mesas y sillas adornadas que recibirán a los festejados y a los invitados.

Ahí donde tres aviones Hércules también encendían cada una de sus seis hélices y se disponían a transportar a 150 paracaidistas.

Los primeros en abrir el desfile aéreo fueron los Stearman PT-17. Después vinieron tres aviones biplanos de la década de los 30, esos que la FAM presume que están construidos de madera y tela.

Porque hasta ahí todo iba bien. Hasta que, sin previo aviso, salvo por un ruido lejano de motor, comenzaron a caer, a lo lejos, un grupo de 15 paracaidistas de avanzada, que se afirmó, realizarían un salto de infiltración. Pero el viento o un mal cálculo los dejó lejos.

Incluso, algunos de sus compañeros que estaban en tierra, aseguraban que uno de los elementos había caído del otro lado de la barda que divide a la Base Aérea Militar de Santa Lucia de la población civil. Nadie lo confirmó.

Después pasaron los tres Hércules y las filas de paracaídas llenaron el paisaje. Pero también fueron cayendo lejos, tanto que uno de ellos, casi de los finales, terminó colgado en el cableado de un poste.



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