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Crece el sentimiento antiinmigrante en EU

15 de febrero de 2010.

Los académicos y los historiadores la han bautizado como la corriente de los nativistas, una fuerza intermitente, desbocada e irracional, que durante décadas ha pugnado por el atrincheramiento de raza y cultura en Estados Unidos, mientras explota el miedo al inmigrante.

Cuando la propuesta de reforma migratoria fracasó en junio de 2007, uno de los grandes vencedores fue el movimiento de los Minuteman, el más proactivo grupo a favor del cierre de la frontera con México y las deportaciones masivas de millones de indocumentados.

Su cacería de inmigrantes a lo largo de la frontera y su intensa labor de cabildeo en Washington consiguieron apurar un proceso de demonización que, al final, aglutinó a la base conservadora del Partido Republicano contra los inmigrantes. Fue una victoria que no estaría exenta de consecuencias y marcaría el divorcio de la más pujante minoría racial en Estados Unidos con los candidatos republicanos, que, dos años más tarde, morderían el polvo ante la inapelable victoria de los demócratas y de Barack Obama.

Tres años después del fracaso de la reforma migratoria, que colocó a los Minuteman en el mapa político de EU, la causa a favor de la legalización de más de 12 millones de indocumentados se enfrenta al movimiento de las Tea Parties (Las Fiestas del Té), una corriente que ha emergido desde la extrema derecha para denunciar el "asalto del Estado contra los ciudadanos" y las "tendencias socialistas" de Obama, pero también para advertir contra la "la invasión de ilegales" y la creciente"injerencia" de la minoría latina en la cultura, la política nacional y en la Casa Blanca.

El surgimiento de las Tea Parties, que han conseguido capitalizar la frustración y creciente descontento entre un sector del electorado independiente para mantener una política de acoso hacia la Presidencia de Obama, comienza a enfilar sus baterías contra los inmigrantes.

En su primera convención, en la ciudad de Nashville, Tennesse, el ex congresista republicano Tom Tancredo hizo uso de la tribuna para lamentar que "gente que ni siquiera sabe decir voto en inglés" haya "elegido a Barack Hussein Obama, un socialista". A su voz se sumó la del predicador y fundador de la organización conservadora American Christian, Rick Scarborough: "Si llegamos a convertirnos en una nación con 30% de la población hispana, ya no seremos América y sería una cosa muy mala".

"Nos preocupa que en las Tea Parties se esté conformando un sentimiento antilatino. Y aunque su agenda política no esté aún del todo definida, nos inquietan las evidencias de una retórica antiinmigrante", dijo Janet Murguía, del Consejo Nacional de La Raza.

Las evidencias que apuntan hacia un resurgimiento del movimiento contra la inmigración indocumentada van más allá de la retórica incendiaria de conocidas figuras como Tancredo o Scarborough. A pesar de que algunos dirigentes de las Tea Parties aseguran que la campaña contra indocumentados "no forma parte de nuestra plataforma política", lo cierto es que su inclusión en la agenda de algunos candidatos republicanos que se han sumado a su causa y aspiran a un escaño en el Senado o en la Cámara de Representantes en las elecciones de medio término, es de sobra conocida.

Sirva de ejemplo la feroz lucha del repulbicano John David Hayworth para desalojar de su escaño senatorial a John McCain, aprovechándose de la revuelta conservadora de las Tea Parties para atizar la causa antiinmigrante, lo que podría redituarle importantes apoyos en las primarias de agosto en Arizona.

Hayworth, un defensor de la campaña que lanzaron los Minuteman para sellar la frontera con México, ha adelantado que la batalla contra la inmigración indocumentada jugará un papel crucial en su campaña y tratará de hallar eco en las Tea Parties de Arizona para derrotar a McCain, quien fracasó en 2007 en sus intentos por conseguir el apoyo del Congreso a la iniciativa de reforma migratoria que impulsó con Teddy Kennedy.

Para los analistas, los cálculos de Hayworth son osados, ya que al electorado, más que la inmigración indocumentada, lo que le preocupa es el futuro de la economía, y es ahí donde McCain podría encontrar su piedra de toque para cantar victoria y demostrar que las campañas contra los inmigrantes son cada vez más arriesgadas y menos redituables.



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