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Crecerá la economía mexicana en el 2010 cerca del 4%

17 de febrero de 2010.

México crecerá en 2010 el 3.8%, 0.7 pp más de lo previsto hasta ahora por el SEE BBVA dado el avance de la demanda procedente de EEUU y la paulatina normalización de las condiciones de financiación de la economía.

Los indicios de la mejora global se afianzan, más intensamente en EEUU que en Europa y, con distintas intensidades, también en las economías emergentes. Sin embargo, las incertidumbres de un escenario que es globalmente favorable están sesgadas a la baja por el apoyo que aún dan las políticas fiscal, monetaria y de ayuda al sector financiero y cuya salida está pendiente.

El impulso del tipo de cambio sobre las exportaciones es temporal. Desde una perspectiva sectorial, la evolución de la competitividad es muy diversa, dependiendo del grado de protección que dé la ventaja de la localización, la integración en procesos productivos transnacionales o la competencia de terceros.

A lo largo de 2010 Banxico mantendrá su pausa monetaria dado que el repunte de la inflación no está afectando a sus perspectivas de medio plazo, que permanecen ancladas incorporando que el impacto de los cambios impositivos será temporal.

Las tasas largas tendrán cierto margen de caída y el tipo de cambio de apreciación. En un entorno global cíclicamente más favorable y financieramente con menor aversión al riesgo y con menores incertidumbres domésticas a corto plazo, las variables financieras mexicanas seguirán reduciendo su diferenciación negativa.

“Si 2009 fue un año de intensa recesión en México, con una caída del PIB del 6.8%, 2010 será, lo está siendo ya, el año de la recuperación. Realmente, la economía crece desde el tercer trimestre de 2009 y lo seguirá haciendo en el horizonte de previsión, pero a unos ritmos que de acuerdo al escenario del SEE BBVA llevarán a alcanzar el nivel de actividad previo a la crisis sólo a mediados de 2011, tras crecer en ambos años cerca del 4%”, afirmó el economista jefe de Norteamérica del Servicio de Estudios Económicos (SEE) de BBVA, Jorge Sicilia.

Toda esta información se recoge en una nueva edición del informe “Situación México”, que elabora el Servicio de Estudios de BBVA y que ha sido presentado hoy.

Un entorno externo globalmente favorable aunque con riesgos bajistas Las perspectivas económicas señalan un escenario en el que el camino por recorrer es más largo y con un perfil de subida menos empinado que el del ajuste previo, pero consistente con el que tomará la actividad en los países más desarrollados, y en particular el del primer socio económico de México, EEUU. Y es que México, muy abierto al exterior -exporta un tercio de su PIB y los ingresos por remesas de emigrantes representan más del 2% de su PIB- tiene en la demanda externa el principal impulso de su desempeño económico, mucho más determinante en tamaño y persistencia -en el caso de la procedente de EEUU- que para otras economías también muy abiertas al exterior.

A Estados Unidos, dentro de un panorama global de recuperación suave comparada con el promedio de las anteriores, le irá relativamente mejor que al resto de áreas más desarrolladas. Los impulsos de las políticas para solventar la crisis pasada son relativamente más intensos y decididos, tanto en el ámbito de la política fiscal, como en el reconocimiento y solución de los problemas de capital y de calidad de los activos del sistema bancario. Todo ello debería poner las bases para que aumentase la tracción privada de la actividad a través del aumento del empleo y de la renta de los hogares y de la mejora de la capacidad de respuesta de la oferta de crédito por parte de la banca una vez que se vaya recuperando la demanda.

La competitividad no es sólo tipo de cambio y evoluciona por sectores de modo muy diverso

La economía mexicana ha confrontado el adverso panorama global con el soporte de una necesidad de financiación externa reducida, un sistema bancario sólido y capaz de hacer frente a la demanda de crédito de la economía y unas perspectivas de inflación ancladas en niveles bajos y estables. Esto último, junto con la intensidad de la recesión, han favorecido que una depreciación del tipo de cambio del peso frente al dólar del cercana al 30% desde el comienzo de la crisis en el tercer trimestre de 2008 no haya sido traspasada intensamente a través de mayores costes al conjunto del sistema productivo.

Así, la ganancia de competitividad-precio se aproxima al 20%, lo que ha hecho posible que las ventas de productos mexicanos en el exterior hayan copado un porcentaje más elevado del mercado. Sin embargo, esas ganancias de competitividad precio son temporales, se agotan y lo hacen más fácilmente en economías más abiertas comercialmente al exterior, como la mexicana. En México, las importaciones tienen un peso relativamente elevado no sólo en el PIB, sino en el conjunto de la producción de muchas actividades, especialmente de las más exportadoras.

Así, la industria manufacturera, que es un tercio de la producción de la economía mexicana, destina a su vez un tercio de su producción a la exportación. Pero para fabricar y exportar ha de realizar compras en el exterior que suponen casi la mitad de su producción, el 45%, de acuerdo a las Tablas Insumo Producto de 2003.

La medición de la competitividad de una economía, su capacidad de crecer más que el mercado en el que se desenvuelve con otros competidores, es compleja dado lo amplio del concepto, la diversidad de bienes y servicios que se producen y la información disponible sobre el asunto. Continuando con el análisis realizado en la edición anterior de “Situación México”, en esta ocasión se detalla la ventaja de cada sector de las exportaciones manufactureras de México a EEUU, comparando además con los mismos sectores de sus principales competidores en ese mercado. Del estudio se concluye que a lo largo de la última década, México ha afrontado la creciente competencia global con una escasa pérdida de cuota a lo largo de los años que incluso se ha revertido recientemente.

Sin embargo ese desempeño refleja comportamientos sectoriales muy diversos. Las exportaciones mexicanas están especializadas en aquellos sectores protegidos por la ventaja de la localización geográfica –producción de vehículos de carga y autopartes- en los que además se ha producido un intenso proceso de integración productiva a través de inversión procedente de empresas del sector radicadas en EEUU para poder satisfacer su demanda doméstica. En todo caso, es llamativa la diferencia entre el comportamiento relativamente favorable de autopartes y vehículos de carga frente a la producción de automóviles, que ha conseguido mantener su cuota de penetración en el mercado pero no mejorarla, seguramente como consecuencia de la competencia creciente de otros países. En aquellos sectores en los que no existe la ventaja del coste del transporte o de la dotación de recursos naturales y además no se ha producido esa integración de los procesos productivos, es donde la pérdida de penetración de las exportaciones mexicanas es más intensa.

Todo ello debe hacer reflexionar sobre la estrategia a seguir para aprovechar las ventajas de localización o dotación de recursos y acompañarlas de medidas que mejoren la eficiencia en el uso de los recursos disponibles y más atractiva la inversión.

A lo largo de 2010 se mantendrá la pausa monetaria y el tipo de cambio se apreciará

Si desde el punto de vista de la economía real 2010 será un año de recuperación, para las variables financieras, tasas y tipo de cambio, será un periodo de transición hacia unos niveles más cercanos a los fundamentos y a la posición cíclica de la economía mexicana. Ello tras un 2009 caracterizado por una diferenciación negativa que se empezó a corregir en la parte final del año pasado y que debería seguir en el futuro próximo.

Transición en el tipo de cambio, que debería continuar su tendencia de apreciación hacia niveles más cercanos a su valor de equilibrio a largo plazo a poco que el entorno global lo permita una vez que se vayan disipando las incertidumbres sobre la fortaleza de la recuperación global y, más recientemente, sobre la situación fiscal de algunos países del área del euro. En este sentido, el peso mantiene su margen de apreciación a lo largo de 2010 incluso considerando la posible implementación, anunciada por Banxico, de acciones dirigidas a elevar el nivel de reservas internacionales en dólares.

El análisis realizado muestra que el uso de mecanismos como los empleados por Banxico entre 1996 y 2001 –mediante opciones financieras que sin margen a la discrecionalidad permitían la adquisición de dólares cuando las condiciones del mercado lo permitían- no influyó sobre la cotización del peso en dólares.

Incluso, se encuentra evidencia de que en los periodos en los que se ejercitaban las opciones, el tipo de cambio tendía a apreciarse. En todo caso, una intervención con estas características sí podría limitar inicialmente el impulso de apreciación que se pudiera presentar sobre el peso, lo cual únicamente propiciaría un comportamiento menos volátil de su evolución y en línea con el escenario de apreciación previsto.

Transición en las tasas, con la continuidad de la pausa monetaria de Banxico en el 4.5% a lo largo de 2010 y con un rendimiento de la deuda pública a largo plazo que debería seguir cayendo. En lo que se refiere a las tasas cortas, el análisis realizado sugiere que la probabilidad de que Banxico no mantenga la pausa monetaria a lo largo de 2010 es reducida. Hacia este escenario, que está en nuestras previsiones desde la primera parte de 2009, va convergiendo tanto el consenso de analistas como las expectativas descontadas por el mercado. A ello contribuyen la mayor claridad de la comunicación de Banxico sobre la implementación de la política monetaria, la importancia que da a la holgura existente en la capacidad productiva como elemento relevante de falta de presión desde la demanda sobre los precios, la apuesta del banco central por un impacto no permanente de la reforma fiscal en la inflación y el monitoreo de unas expectativas inflacionistas que siguen ancladas tras absorberse el choque de 2010.

Finalmente, en lo que se refiere a las tasas largas, su margen de bajada existe, aunque es limitado, hasta niveles próximos a 7.5% en el bono a 10 años a lo largo de 2010. El impacto bajista sobre las tasas de la mayor preferencia por el riesgo global, la desaparición de incertidumbres de corto plazo sobre la política fiscal mexicana y sobre la implementación de la política monetaria se verá contrarrestado por el descuento por parte de los mercados de que el ciclo monetario de pausa finalizará a más o menos plazo, pero lo hará con un movimiento de subida, tanto en México como en EEUU.



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