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La opinión de:
Sergio Armendáriz
* Juego sucio

8 de marzo de 2010.

Es un hecho que la política en nuestro medio se ha caracterizado por la pérdida gozosa de los escrúpulos, a lo cual elegantemente se le conoce como pragmatismo. La ausencia de patrones de conducta predecible y confiable, se pretende pasar de contrabando como una “rara avis” de inteligencia sutil, incluso llamar cinismo a semejante y maleable comportamiento, queda grande a lo que simple y llanamente es el sometimiento gozoso y penetrado por la marca del amo. Es impropio remitir al criterio moral o ético, a formas de comportamiento que únicamente obedecen al mezquino interés por el poder, como parte de un código totalmente descompuesto a punta de abusos y violaciones constantes a una coherencia largamente vejada.

Lo anterior viene a cuento, a partir de la circunstancia que una reciente Editorial de El Diario cabeceó como “La toma del PRI”, que hacía reflexión en torno a la intempestiva presencia de tres personajes del mencionado partido, que se presentaron sorpresivamente para supuestamente ofrecer su espíritu de participación centrado en la búsqueda de la unidad, en la coyuntura inmediata de la selección del Candidato para la próxima contienda por la Alcaldía de Ciudad Juárez. Sin duda, que a pesar de sus transfiguraciones y dificultades de operación correspondiente, el poder sigue siendo el poder, y ante eso, se hace necesario calibrar con inteligencia el peso e impacto que conserva su ejercicio efectivo. Llama la atención el hecho de que la reacción del Gobernador del Estado, José Reyes Baeza Terrazas, consistiera en afirmar que la lealtad es con el PRI.

El PRI es el poder que elige, es todavía el referente institucional y simbólico que determina las posibilidades de los sujetos que se involucran en el interés de participar recibiendo la investidura de algún tipo de representación popular. Reyes Baeza es un cuadro partidista que dígase lo que se diga, siempre ha conservado la identidad de linaje que ha asumido como militancia política, es decir, es incontrovertible su desempeño como priísta, que lo ha llevado como máximo logro a ocupar el principal puesto de poder y servicio del Estado de Chihuahua, la gubernatura del mismo. Independientemente de la calidad de su trayectoria, que podrá se analizada e incluso juzgada por perspectivas distintas, legítimas en su textura inteligente, el todavía Gobernador de Chihuahua navega en la certeza congruente de su génesis partidista.

En un escenario de juego sucio, lo menos que podrá exigírsele, es también consistencia en su participación para designar Candidato a la Alcaldía de Ciudad Juárez. Al menos en su condición de priísta irreprochable, Reyes Baeza seguramente hará honor a las características de su propia biografía institucional, partidaria. En esa calidad, deberá observarse el sentido meritorio de la construcción de una candidatura, las prendas de trabajo y de cultura del esfuerzo que distinguen lo legítimo de lo ilegítimo, más allá del cumplimiento de las siempre huecas formas legales. Hay muy poco que considerar en términos de pureza moral, la política hoy discurre y transcurre en canales sociales y culturales contaminados por un pragmatismo rampante o un franco cinismo brutal; aún más, el conflicto para el político de oficio hoy, radica no tanto en decir la verdad sino en sofisticar el engaño. En lo personal, me parece que el horizonte de decisión es más que claro, incluso muy nítido. El aún Gobernador de Chihuahua en sus competencias constitucionales y metaconstitucionales, es decir, legales y éticas, al interior del campo de decisión del PRI, deberá contar con los elementos de juicio necesarios y en la mayor medida, suficientes, para precisar la legitimidad partidaria de las trayectorias de los interesados en asumir poder al interior del PRI en Ciudad Juárez, en búsqueda de puestos de elección popular. En esa lógica, es inaceptable que quiera hacerse proyecto político personal, convirtiéndose o pasando por encima de cadáveres políticos, en ejercicio caníbal de la función pública. Ante eso, creo que se tendrá que delimitar la congruencia, de la ambivalencia; la decisión respecto de la frivolidad; el carácter respecto al oportunismo; la permanencia, en oposición a la improvisación. Finalmente, la lealtad probada y comprobada, respecto a la tentación pestilente de la traición.



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