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Cautiva Nanabí y brinda felicidad a los niños juarenses

9 de marzo de 2010.

Si se observa bien a Nanabí, de frente, el espectador pudiera apostar a que en la faz del paquidermo hay una sonrisa que se dibuja fielmente.

Y no es para menos. La escultura en tamaño real original del africano Andrés Botha, que desde el pasado 24 de febrero visita Ciudad Juárez, ha logrado cautivar a la población fronteriza.

Actualmente instalada en la explanada del Centro Cultural Paso del Norte -gracias a las gestiones realizadas por la dirección de Centros Comunitarios del Gobierno Municipal en coordinación con autoridades estatales, culturales y educativas-, como si tuviera vida, Nanabí se ha dejado querer por los más de 15 mil los visitantes que ha recibido.

A su alrededor se encuentran siempre estudiantes desde jardín de niños hasta preparatoria y profesional. La curiosidad que despierta Nanabí en ellos es igual para todos.

En primera instancia quienes observan a Nanabí asumen una actitud seria, en completo sigilo proceden al escrutinio de la obra de arte. Con la vista recorren detalle a detalle las casi dos toneladas de neumáticos cortados en tiras y entrelazados de manera perfecta que dan la forma al elefante.

Es entonces al llegar a ver de frente al paquidermo, que los rostros de los espectadores cambian de una actitud rígida para dar paso al asombro y casi de inmediato a la alegría. Lo anterior ocurre en cuestión de segundos.

Todos los visitantes escolares buscan afanosamente un lugar privilegiado dentro de su grupo para salir en la foto. Los maestros, nerviosos, tratan de no equivocarse con las cámaras digitales y prefieren hacer varias tomas, incluso piden ayuda a otros compañeros de profesión para que les tomen una imagen de recuerdo.

Nanabí serena, se mantiene complaciente ante todos, sin importar la condición social, económica, color de piel u religión, porque quiere hacer llegar por igual su mensaje de amor a la madre tierra y quiere concientizarlos sobre el cuidado del medio ambiente.

Eso lo sabe Linabel Sarlat, quien forma parte del proyecto educativo Montessori y esta mañana acudió coordinando un grupo de infantes provenientes de la colonia Anapra, quienes forman parte del Centro psico-educativo Las Hormigas.

Por eso, cuando supieron que Nanabí continuaría en la ciudad hasta el 11 de marzo, decidieron hacer las gestiones de inmediato ante los padres de familia de los menores, para acercarlos a disfrutar de esta experiencia.

“Nosotros previamente hemos hablado con los niños sobre la importancia que se tiene el respeto a la Madre Tierra, porque de ahí es de donde venimos y les hacemos ver que si en Anapra está lleno de basura, ellos pueden poner de su parte para mejorar sus condiciones de vida”, asevera.

Mientras organiza al grupo de cerca de 20 infantes provenientes de las escuelas que operan en ese sector poblacional y que forman parte del proyecto educativo. Sarlat se despide para continuar el recorrido en el que los niños encontrarán la semilla para sembrar en su conciencia la importancia del medio ambiente.

“Hay que sanar desde lo pequeño, a través de ellos es como se puede cambiar nuestro mundo para convertirlo en un mejor lugar”, asevera.

Antes de seguir, varios brazos de los niños se estiran ansiosos para alcanzar con sus manitas a sentir a Nanabí una última vez, quien a cambio, les regala una caricia con el viento.



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