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Actuar tiene su chiste

11 de marzo de 2010.

Generalmente cuando las personas piensan en un actor, se les viene a la mente la fama, el dinero, fiestas, viajes por el mundo y por supuesto aparecer en cine, teatro o televisión, sin embargo actuar va más allá de eso...

Cuando alguien se compromete con la carrera de histrión la adopta con todos los sacrificios que ésta requiere, así como aprendizaje.

Diez profesionales de la actuación como Bárbara Mori o Diego Luna, narran anécdotas que muestran que este oficio exige mucha entrega; unos se rapan, otros aprenden a embalsamar y algunos tienen que subir hasta diez kilos de peso, entre otras cosas que han tenido que hacer debido a que su personaje lo requiere.

Bárbara Mori. Para hacer a Paola en la secuencia final de la película Cosas Insignificantes, la actriz, reconocida por su gran belleza física, sacrificó su larga cabellera y se rapó.

Su personaje era el de una mujer que apoya a su hijo de cinco años, quien padece leucemia.

Silverio Palacios. El actor aprendió un curso rápido y clandestino de embalsamamiento de cadáveres para el largometraje Morirse en Domingo, en donde interpretaba el papel de dueño de una funeraria.

Diego Luna. “El charolastra” se tragó accidentalmente la prótesis de un diente en Rudo y Cursi. El rodaje se paró y fue llevado al médico. “Me estaba ahogando; ya con más calma, esperamos que saliera en su momento”, relata.

Damián Alcázar. Es obsesivo con sus roles y cambió hasta su forma de descansar mientras hacía Crónicas, donde era un asesino de niños. “Hasta roncaba diferente”, menciona una amiga.

Demián Bichir. Ha experimentado de todo: se decoloró el pelo (Sexo, Pudor y Lágrimas); se rapó (Enemigos Íntimos) y se puso extensiones (Hidalgo-Moliere). “No sé cómo las mujeres hacen cosa y media con su cabello, las admiro, porque yo no lo soporto”, refiere el actor.

Tony Dalton. El actor se derrapaba, subía y bajaba en Sultanes del Sur y se hizo varios raspones reales. De broma sus compañeros de filmación le decían “Basura” porque así se tenía que ver en las escenas de acción.

Raúl Méndez. En la película Amar a Morir, tuvo que aprender a ver con un solo ojo. “Como mi personaje es tuerto, tenía el ojo tapado, así monté a caballo e hicimos una persecución, ¡y yo sin poder ver bien! Pero lo más complicado fue que jamás pude atinarle a servir dos caballitos (de tequila) a los protagonistas, nunca pude logralo”, cuenta divertido el actor.

Daniel Giménez Cacho. En su carrera ha hecho de todo, pero tuvo que subir más de 10 kilos para filmar Arráncame la Vida para que se viera como un hombre maduro, de carácter recio y con un estilo de vida desahogado.

Ana Claudia Talancón. Cuando se encontraba filmando Arráncame la Vida se hospedó durante algunos días en un hotel de los llamados ecológicos, en los cuales existen los mínimos recursos de la tecnología y el confort. La actriz dice que tenía que levantarse a las cinco de la mañana para acudir al set y bañarse con agua helada.“¡Sólo así terminaba de despertar!”, señala divertida.

Ana De La Reguera. En Sultanes del Sur debía aparecer ensangrentada. Maquillaje la caracterizó y un bromista le dijo que debía lavarse rápido el pelo, si no se le cristalizaría. “Pero tardamos mucho filmando ¡y yo estaba preocupada!”, menciona.



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