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El comentario de
Edna Lorena Fuerte
Protección Civil: Prevención, respuesta y conciencias

11 de marzo de 2010.

Los desastres naturales son una constante en la vida del hombre, durante todo su desarrollo en el planeta ha pasado por el asedio de los volcanes, las mareas, los ciclones, los terremotos y los temporales que han afectado, históricamente sus aldeas, pueblos y ciudades, lo que ha cambiado, con el paso del tiempo, es la forma en que las sociedades son capaces de enfrentar el momento del desastre, el sentido de prevención que se requiere para ello y la preparación en el momento de la emergencia. En estas últimas semanas hemos tenido dos dramáticas muestras de ello, que en sí mismas reflejan cuánto puede distar un desastre de otro dependiendo de la preparación del país o región que la enfrenta.

Dos terremotos, el de Haití con sus más de 100 mil muertos, la total devastación y el caos de un país entero; y con una fuerza física superior en 500 veces a éste, el reciente temblor en Chile que azotó el sur de este país con graves estragos, pero con cifras mínimas de pérdidas humanas, oficialmente no se ha llegado a contabilizar siquiera mil decesos, que para la magnitud del movimiento terrestre es, verdaderamente, una cifra mínima. En general se coincide en señalar que la diferencia entre uno y otro país es la prevención, y la capacidad de respuesta de las autoridades, pensemos en los factores que influyen en el manejo de un desastre natural:

Prevención: Aun cuando estamos frente a fenómenos fundamentalmente imprevisibles, que suceden en segundos y provocan una devastación enorme, lo cierto es que existen forma de prevenir que van más allá de la capacidad de “avisar” sobre el desastre, se trata básicamente de asumir los riesgos naturales como lo que son, hechos inevitables de la naturaleza, y con ello actuar en consecuencia, con la construcción de la infraestructura adecuada, considerando siempre que la fuerza natural nos rebasa y estando atentos a las señales que el mismo planeta está mandando. El caso chileno es muy claro, cuentan con una estricta legislación en materia de construcciones, siendo un país enclavado en una de las zonas más telúricas del mundo, se ha preparado muy estrictamente para estos incidentes; por el contrario, en Haití el acontecimiento ha sorprendido a una sociedad sin ninguna preparación y sin los medios para sobreponerse.

Capacidad de respuesta: Lo que define la diferencia entre un desastre natural y una emergencia mayor que lleva al caos es la forma en que se reacciona en los primeros momentos, hasta qué punto un gobierno tiene los medios y la preparación para afrontar el desastre y, también, cómo los ciudadanos viven el inevitable terror que despierta un acontecimiento de esta naturaleza y logran llegar a una organización emergente que les permita preservar, en primera instancia la vida, y pasado el momento de caos, subsistir ante la ruptura de todos los medios de vida habituales: los servicios, los medios y vías de comunicación, el abastecimiento de productos de consumo básico, etc. La forma en que reacciona la sociedad es previsible desde el punto de vista de la tendencia al caos y es por ello que la reacción de las autoridades es básica para lograr imponer al caos esta organización emergente. Nuevamente vemos la diferencia entre la capacidad de respuesta en Chile, donde a los primeros minutos del temblor su presidenta ya estaba informando del estado de las cosas ante las cámaras, mientras que en el caso de Haití durante horas no se supo siquiera si había sobrevivido su presidente.

Conciencia del desastre: Ser concientes de la propensión a los desastres naturales que hay en el lugar en donde vivimos define en mucho nuestra capacidad de respuesta y nuestra preparación para ellos: quien vive en las faldas de un volcán activo no puede sólo cerrar los ojos a las posibilidades de una erupción y, por el contrario, debe estar siempre preparado para ello. Los países que estamos rodeados de costa debemos pensar en las posibilidades de los maremotos, quienes estamos ubicados en los linderos de las fallas geográficos debemos vivir como constante la posibilidad de un terremoto. Ser concientes nos aleja del alarmismo y nos acerca a las posibilidades de prevención, lo peor que se puede hacer ante la fuerza de la naturaleza es menoscabarla y cerrar los ojos a sus posibilidades de destrucción. La sociedad y los gobiernos deben ser concientes de los riesgos naturales que corren, Chile es un país que tiembla constantemente, donde se ha registrado el sismo más fuerte de todos los tiempos, Haití tuvo su último sismo hace casi una centuria, por lo que resulta obvio que uno esté listo y conciente y el otro país no, y los resultados de ello son evidentes, aunado a las diferencias económicas, geográficas y sociales que hay entre estas dos naciones.

Esta reflexión nos lleva a pensar en dónde está parado México frente a los desastres naturales, con los conocidos riesgos que vivimos: huracanes en nuestras costas, inundaciones en nuestras ciudades, una falla en las placas tectónicas que prácticamente divide en vertical nuestro territorio, nuestra capital construida sobre los vestigios de un lago, la evidencia de riesgo de conocida y tenemos en nuestra memoria muy claros y frescos los recuerdos de las posibilidades de emergencia. La pregunta obvia es si estamos preparados, si tenemos capacidad de respuesta y si somos concientes de cómo vivir la emergencia. Las recientes inundaciones en el centro del país dejan mucho qué desear respecto a esto, y no quisiéramos pensar en el panorama de un desastre mayor, pero lo cierto es que debemos hacerlo. El planeta entero está entrando a una etapa turbulenta, hay muchas señales de ello y no podemos sólo ignorar lo que es evidente, no se trata de ser alarmistas, sino de estar listos.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Gracias.



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