Weekly News

La opinión de
Sergio Armendáriz
El pasado por delante

15 de marzo de 2010.

La “realpolitik” termina por imponer sus condiciones históricas en México, en Chihuahua como estado y en particular en Ciudad Juárez. El fenómeno de la sucesión en el poder refleja con claridad, el contradictorio y decadente rumbo de los códigos de transición de la política doméstica. Existe una especie de metabolismo en el cuerpo político de los partidos, que supuestamente debería transcurrir en patrones de renovación y oportunidad de acceso a las responsabilidades públicas, a los cuadros que de manera legítima, meritocrática, aspiran a desempeñarse en la administración de los intereses sociales, comunes.

Sin embargo, se ratifica una y otra vez, que a las entidades político-partidistas solamente les preocupa retener y acrecentar los espacios de poder que les garanticen la reproducción de sus consabidos intereses.

Las agrupaciones de poder se manejan en la lógica de la ley de hierro de la oligarquía, prácticamente impiden la penetración y la renovación consiguiente de las estructuras que reparten el poder institucionalizado. Los canales de transmisión del poder se encuentran taponeados, los viejos cuadros se reciclan e incluso se encoge el abanico de opciones largamente disponibles.

Sin duda, en el caso concreto del PRI, en Ciudad Juárez, la involución política es fatídicamente notoria. Las metáforas de los cadáveres se acompasan con las de las resurrecciones; el pragmatismo termina por desprenderse de manera crucial, de la nada que queda de los principios, las plataformas y las ideologías. Es el poder por el poder, y si para eso es necesario abrir catacumbas de facción, se hace y punto. Es el total y absoluto desprecio por la historia, por la memoria inteligente, por el desarrollo político. Las encuestas mandan por encima de la sensatez del sentido común. Por cierto, un sentido común perdido en el embrutecimiento mediático, en un sistema que navega a la deriva del poder incontestado del marketing.

En este sentido, la presencia del pasado no da lugar para la poesía historiográfica, los poderes fácticos viven la dicha de la depredación impune. Quizá el recurso para procesar digestivamente semejante escenario dinosáurico, consista en calcular fríamente el colapso del sistema en descomposición, o bien en tener simplemente presta la carcajada que celebre cínicamente la entronización del cretinismo feliz. El escenario carece ya de referentes, de símbolos, de efectos de simulación. El PRI en Ciudad Juárez es ya un simple trámite faccioso, además apachangado en su soberbia.

La ventaja de todo esto radica en que queda cada vez más al desnudo el modus vivendi de la mafiosidad, de la final conversión de un Estado que culmina por reivindicar a sus “hijos pródigos”, a sus “reales representantes”, en abierto contraste con la inteligencia civil.

El populismo de la encuesta exige sus fueros, no estaba muerto, andaba de parranda, y seguirá convertido en la varita mágica que transfigure al sapo en príncipe. Sin embargo, el camino es pedregoso y minado, nada es seguro en una sociedad con estructuras institucionales derruidas; todo puede suceder, inclusive hasta que nada suceda.

No es un problema que pueda ser resuelto por los partidos políticos, su circo de alianzas y desalianzas refleja contundentemente la inutilidad cívica que representan. El verdadero asunto está en la lucha de mafia contra antimafia, de actitudes ante el mundo y la vida que conceden o no, formas de comportamiento social; en ese sentido, los partidos políticos, empiezan a parecer comités ejecutivos del desastre social. El vertedero de engaño, mentira y traición es pestilente, el cuerpo social se pudre con una gusanera que le consume ya las entrañas mismas. Lo cierto es que la ciudadanía repudia cada vez con mayor asco las maniobras del poder parasitario; es nula la credibilidad en la clase política, entrando también en desgaste los showman que le dan vigencia al escenario carpero de populismo anémico de ideología. Todo puede pasar en una circunstancia descuidada de la textura cívica, un sistema político que ya ni siquiera se atreve a hablar de democracia, haciendo énfasis exclusivamente en una versión abstencionista de mayorías electoras no representativas realmente de nada. Sin duda, en Ciudad Juárez se cierne todo el pasado por delante.



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