Weekly News

La opinión de:
Edna Lorena Fuerte
* CIRCO LEGISLATIVO

21 de marzo de 2010.

Los dimes y diretes en que están inmersas las dos principales fuerzas políticas del país son una muestra clara de la perspectiva y alcances de nuestra clase política. Que los diputados y además líderes de sus respectivos partidos, Beatriz Paredes y César Nava hayan tomado la tribuna legislativa para lanzarse, de uno a otro extremo de sus estrados las más pueriles acusaciones, en nombre de una mal llamada traición y peor interpretada como centro de un movimiento de verdadera trascendencia, es verdaderamente un espectáculo lamentable que en nada abona a la alicaída vida democrática nacional.

El ideal de equilibrio y grandeza que la democracia mexicana depositó en el Poder Legislativo ha consistido precisamente en considerarlo como el contrapeso natural y necesario al esquema presidencialista en el que estuvimos viviendo por décadas-, sin embargo, ya en la realidad, aplicado a nuestra dinámica actual, lo que nos demuestras estos dos legisladores y líderes partidistas, es que la intención de nuestros diputados y senadores no está en el mismo sentido del engrandecimiento democrático, sino que sigue las aguas turbulentas de los intereses facciosos y los juegos de poder.

¿Qué hacen estos dos personajes lanzándose improperios en plena tribuna nacional, sin el menor empacho en el cuidado de la imagen pública, supuestamente tan importante en quienes pertenecen a la vida pública? Indudablemente no es gratuita esta actitud y, ofreciéndoles a los implicados el beneficio de la duda que no nos permite ver con claridad si es sólo una terrible falta de oficio político o, todo el espectáculo tienen una intencionalidad pensada y sopesada que está más allá de los ideales de ética democrática a los que se supone deberían responder.

Lo cierto es que, sea con intencionalidad o no, lo que sin duda se cosechará es un descalabro más a la imagen de la clase política, todo esto abona a ir en detrimento de la ya terrible imagen que se tiene de los políticos en general, y de los legisladores en particular, pues es una clara demostración de que el trabajo legislativo no tiene nada qué ver con la representatividad de los intereses ciudadanos, sino qué única y exclusivamente son portavoces de los vaivenes de las pugnas políticas del momento.

Interpretaciones hay muchas a esta estéril discusión en la que están enfrascadas las fuerzas políticas nacionales, por supuestos acuerdos “de gobernabilidad” como los ha calificado en cínico eufemismo nuestro Secretario de Gobernación, en los que se pretendía poner candados electorales locales a cambio de benevolencia en los acuerdos fiscales; pero lo cierto es que todas estas interpretaciones coinciden en que le trasfondo es la discusión electoral, la búsqueda y perpetuación del poder no por los medios democráticamente viables, que por recordárselos a nuestros políticos vamos a mencionarlos: el buen gobierno, los resultados tangibles, la probidad ética y la construcción bienestar con algunos de los puntos fundamentales con los que se debería luchar por el poder.

Lo otro, los acuerdos por debajo de la mesa, y más cínicamente a plena luz y con firmas de por medio, son sólo un engaño a la evolución democrática y una triste ofensa para quienes vivimos en un país gobernado por esos hombres y mujeres que han dejado muy lejos de sí cualquier idea de civilidad, ética y sentido del deber para con nuestra muy joven y ya muy marchita noción de la viabilidad democrática. Es deplorable, vergonzante, y ofensivo que la máxima tribuna de la Nación, la mesa legislativa, se sirva sólo de agravios, apueste por la destrucción y, en su decadencia, no pueda ser el pilar que sustente la idea de un sistema político moderno, a la altura de las aspiraciones con las que muchos votantes fuimos a las urnas en los últimos dos decenios, con el sueño del cambio, el ideal de la esperanza, depositado en la idea del federalismo representativo al que ahora se deja en el olvido. El lío protagonizado por Paredes y Nava es sólo una mínima biopsia del cáncer destructivo en que se ha convertido gran parte de nuestra clase política.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Gracias.

Cd. Juárez, Chihuahua a 19 de Marzo de 2010



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