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Atacan a narcos... pero caen civiles

23 de marzo de 2010.

Al menos 14 víctimas inocentes fueron alcanzadas por la balas este fin de semana dentro de la llamada guerra contra el narcotráfico, 10 de ellas murieron al instante y las restantes cuatro están siendo atendidas de las lesiones provocadas por los disparos.

Las víctimas no pertenecen a los grupos de delincuencia organizada ni a las fuerzas de seguridad, sino que quedaron atrapadas en tiroteos registrados en Nuevo León, Sinaloa, Veracruz y Guerrero.

Se trata de dos niños de 7 y 10 años; dos mujeres, una de ellas de la tercera edad, dos estudiantes de excelencia del Tec de Monterrey, seis comuneros y dos jóvenes.

El viernes, Sandra de la Garza Morales, de 37 años, madre de tres hijos, un niño de 10 y unas gemelas, murió de un disparo en la cabeza al quedar en medio de un enfrentamiento entre elementos del Ejército y unos presuntos secuestradores en Colinas de San Jerónimo, en Monterrey.

Ese mismo día en la madrugada, Javier Francisco Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado Alonso, estudiantes de posgrado del Tec de Monterrey fueron asesinados frente a las instalaciones del campus en un enfrentamiento entre militares y presuntos sicarios.

El sábado, Uziel Juárez Mariano, de 7 años, y Gamaliel Juárez Mariano, de 10, murieron a balazos luego de que el camión en el que viajaban con un grupo de cerca de 40 evangélicos fuera rafagueado en la localidad de Villa Cuauhtémoc, Veracruz, ubicada a 10 kilómetros de Tampico, Tamaulipas.

El autobús, de la empresa Transpaís, con matrícula 335-RJ3, fue detenido en la carretera por un encapuchado, quien subió al vehículo, instantes antes de que fuera blanco de las balas.

También el sábado, sobre la maxipista Mazatlán-Culiacán, a la altura del poblado Elota, fueron asesinados Marco Moreno Rodríguez, Martín Arballo García, Audencio Mendoza Montes, Jesús Guadalupe Patrón Sánchez, Lorenzo Arballo Sánchez y Benigno Sarabia Medina, comuneros de la localidad El Placer, de la Sindicatura de la Noria, en Mazatlán.

Los comuneros regresaban a sus casas luego de haber realizado una protesta por la construcción de una presa, cuando aparentemente quedaron en medio del fuego cruzado entre dos grupos antagónicos de narcotraficantes.

El domingo, Ramona Olivia Cerezo Rangel, de 64 años, y su esposo, Everardo Jaramillo Hernández, quedaron heridos de bala en Santa Catarina, luego de que una balacera entre la Policía local y presuntos sicarios los sorprendiera en la parada del autobús.

También ese día, Pedro Antonio Sánchez Leyva, de 19 años, recibió un balazo en la pelvis al no acatar la orden de unos soldados de que se detuviera; mientras que en Acapulco, un joven, que no fue identificado, fue herido de bala aparentemente por marinos al no parar la marcha de su vehículo.



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