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Obama defiende la ley de salud

24 de marzo de 2010.

Poco antes de firmar y convertir en ley la reforma sanitaria, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, evocó la tragedia de su madre, Ann Dunham, obligada a regatear la asistencia médica que se le negó en su lecho de muerte, mientras luchaba contra un cáncer terminal.

Hoy, estoy firmando esta reforma para convertirla en ley en nombre de mi madre, quien batalló con las compañías aseguradoras durante sus últimos días de vida mientras luchaba contra el cáncer”, dijo el mandatario. El presidente también habló en nombre de los más de 30 millones de ciudadanos que durante décadas han sido discriminados o excluidos del servicio médico y que a partir de ahora se verán beneficiados con una ley que regulará la sanidad pública y privada en Estados Unidos, para poner fin a los abusos de las compañías aseguradoras.

Rodeado por legisladores y colaboradores que le han dado la más importante victoria de su presidencia, Obama dejó en claro que la lucha por la reforma sanitaria fue una proeza de su gobierno y su partido. Una advertencia que tuvo como destinatarios al Partido Republicano y las compañías aseguradoras que han atizado el miedo y la desinformación y hoy siguen sin resignarse a la derrota.

El presidente Obama y el Partido Demócrata prometieron defender la nueva ley sanitaria para revertir el miedo y el desencanto que ha causado estragos entre los electores. El acto de ayer, en los salones de la Casa Blanca, contó con la presencia de Nancy Pelosi y Harry Reid, los líderes y arquitectos de un proceso legislativo que muchos consideraban muerto hace apenas unas semanas.

Asistieron también algunas de las víctimas del desamparo y la exclusión sanitaria, como Marcelas Owens, un huérfano de apenas 11 años cuya madre murió por falta de un seguro médico que perdió al quedarse sin trabajo. La tragedia del pequeño Marcelas lo convirtió ayer en coprotagonista involuntario del momento en que Obama estampó su firma en la más importante legislación de reforma sanitaria en los últimos 40 años.

La promulgación de la ley garantiza al presidente Obama y al Partido Demócrata una inyección de esperanza, tras casi 14 meses de una encarnizada batalla que le han dejado con una popularidad bajo mínimos y con un incierto proceso de recuperación en el curso de los próximos ocho meses, cuando los demócratas podrían sufrir una cadena de derrotas en las elecciones de medio término que renovarán un tercio del Senado y la totalidad de los 435 escaños de la Cámara de Representantes.

Una encuesta de la agencia Gallup, registró ayer un rebote en la popularidad de Obama tras la firma de la reforma sanitaria. Según la empresa demoscópica, los índices de aceptación del presidente pasaron súbitamente de 46% a 51%, lo que parece confirmar que al margen de la polémica y las disquisiciones al electorado le gustan los ganadores.

La necesidad de no perder la iniciativa, empujó al presidente Obama a delinear una estrategia para contrarrestar los ataques del Partido Republicano y de poco más de una docena de fiscales estatales —afiliados todos ellos al mismo partido—, que declararon su intención de interponer recursos por inconstitucionalidad contra la nueva legislación de reforma sanitaria. La estrategia de Obama, quien viaja a Iowa mañana para hacer una encendida defensa del plan de salud, tiene como objetivo reducir el margen de escepticismo que los republicanos se empeñan en alimentar y explotar.

Biden se emociona

El vicepresidente de Estados Unidos, Joseph Biden, no pudo aguantar un alborozado exabrupto cuando, en la ceremonia de promulgación de la ley cedió la palabra a Obama. “This is a big fucking deal" (“Esto es algo de poca madre”), le comentó a Obama mientras le estrechaba la mano y le cedía el podio.

El comentario pretendía ser un discreto aparte pero desafortunadamente para él, los micrófonos captaron la frase con claridad. La blogosfera se llenó inmediatamente de comentarios sobre la frase vicepresidencial. En Internet se ofrecían camisetas con el texto, en varias tallas y colores por 23.5 dólares.

Excluye a indocumentados

La ley de reforma al sistema de salud excluyó a unos 11 millones de inmigrantes indocumentados, alertaron grupos de activistas. Los indocumentados no podrán comprar con su propio dinero planes privados de salud que participen en un programa de intercambio administrado por el gobierno para abaratar los costos, dijeron las fuentes.





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