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Hoy es Viernes Santo; uno de los días más solemnes del Cristianismo

2 de abril de 2010.

Éste es un día de silencio, pues se recuerda la Crucifixión de Cristo y es, por eso, el único día del año en que no se realiza misa. En su lugar se hace una celebración en la que se recuerda la Pasión del Señor, se reza por la salvación de todo el mundo y se adora la cruz. Una de las tradiciones populares que ha tomado mucha fuerza en la celebración del Viernes Santo es la representación en vivo del Via Crucis.

Este día recordamos la Pasión de Nuestro Señor: su aprehensión, los interrogatorios de Herodes y Pilato; la flagelación, la coronación de espinas y la crucifixión.

La Iglesia se llena de luto por la muerte del Rendentor; es el acto sublime de entrega de Dios-Hombre por el mundo pecador al que vino a rescatar de las garras del demonio sumidos en el pecado original.

Hoy no se celebrar propiamente Misa, eso que el día anterior con la reserva del Santísimo Sacramento, sólo se realizan las ceremonias de la Adoración de la Santa Cruz, las oraciones por los pecadores, la iglesia y la conversión de los pérfidos judíos, las siete palabras, el Vía Crucis y se concluye con el Rosario de Pésame a la Santísima Virgen.

En aquel entonces, la crucifixión era la ejecución más cruel y degradante que se conocía. Un ciudadano romano no podía ser crucificado. La muerte sobrevenía después de una larga agonía.

Jesús en la cruz, con un sufrimiento físico y moral muy grande, fue capaz de perdonar a los que lo ofendieron.

Las “siete palabras" de Jesús son el testamento que nos deja al morir y emprender su partida al Padre:

• Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.
• En verdad te digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso.
• Mujer ahí tienes a tu hijo. Ahí tienes a tu Madre.
• Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
• ¡Tengo sed!
• Todo está cumplido.
• Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Desde la cruz, Jesús nos termina de dar su mensaje de amor y salvación dejándonos a su Madre y enseñándonos a perseverar hasta el final. El sacrificio de la cruz se vuelve a vivir en cada Eucaristía, por medio de ella, Jesús sigue vivo y permanece con nosotros.

El Viernes Santo lo conmemoramos con un Via Crucis solemne y con la ceremonia de la Celebración de la Pasión del Señor en la que se hace la adoración de la cruz.



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