Weekly News

La Opinión de
Sergio Armendáriz
'Por mi raza hablará la chatarra'

26 de abril de 2010.

Las instituciones en todo México se han ?chatarrizado?, es decir, han entrado a un estado lamentable de desgaste e inutilidad. Hoy se percibe una ausencia nefasta de consistencia y sentido en todas las dimensiones de la arquitectura institucional, el edificio completo amenaza colapsar y por ende, aplastar a los confundidos ocupantes de un espacio colectivo desarticulado. El problema nacional que se presenta a la República con la obesidad derivada de la chatarrización alimentaria, parece convertirse en metáfora perfecta para el tortuoso acontecer de la vida mexicana de hoy en día.

Ninguna forma de manifestación de la vida pública parece escapar a la terrible determinación de la simulación corrosiva, victimadora de la deteriorada arquitectura institucional que se degrada a una simple fachada de operación de intereses mafiosos y de facción. Gobiernos, burocracias de sino diverso, partidos políticos, sindicatos, medios de comunicación, equipos de futbol e incluso no pocas OSC, están en el juego mentecato del refugio chatarrero mal disfrazado de servicio y entrega a la nación, al estado o la ciudad, lógica patriotera que hace ya mucho tiempo suena fofa en el oído de la ciudadanía.

La obesidad ineficiente es ya un mal endémico, la podemos observar en el crecimiento de burocracias ineptas y corruptas, en los presupuestos enormes despilfarrados por entidades ?administradoras? de la República, en las exigencias insaciables de dineros por parte de los gobiernos de variopintos colores, todos finalmente sumidos en la consigna de los gatos pardos, y, por supuesto, en el escándalo parasitario de consumo financiero de un sistema de partidos y un régimen electorero de fauces glotonas infinitas. Ingestión de chatarra física y simbólica, conducente a un estado patológico, enfermizo, que mantiene al cuerpo social en situación de insalubridad despreciable.

Ciudad Juárez ejemplifica emblemáticamente este triste y trágico estado de chatarrización referido. Todos los males de la ineficiencia se agolpan encima del drama urbano de esta sociedad fronteriza, devastada de manera apocalíptica por cualquier clase de plagas parasitarias emanadas de una arquitectura institucional fallida. A lo anterior agreguemos su conversión en un supuesto laboratorio de intervención social y militar, que en los hechos y hasta el momento, únicamente ha generado mayor obesidad de engaños, especulaciones y situaciones de riesgo acrecentadas, paradójicamente, a la ciudad se le pretende llenar con nada, el vacío de respuestas reales pone en condición de hartazgo a una sociedad dolida, atemorizada y naturalmente incrédula hasta el sarcasmo.

El fracaso es cultural, también debemos remitirlo a la pobre densidad y consistencia de un andamiaje institucional condenado de antemano al fracaso, debido a su uso doloso y perverso en las ambiciones políticas desbordadas, cuadro de organizaciones indeseable que confundió las bondades procedimentales de la democracia, con el relajamiento de los criterios de calidad para aspirar y acceder al poder sin reducirlo a un simple escenario de dotación de empleos lucrativos a la ?famiglia? en turno. Nuestra arquitectura institucional es chatarrera y esto debido a que no nos hemos percatado de que las instituciones, como todos los tipos de cuerpos generados por la cultura, son ?espacializaciones? de tiempo, es decir, ?espacios? cultivados por la historia. La arquitectura es la concepción humana que intenta convertir los sitios en lugares, fenómeno originalmente mental que construye gradual y esforzadamente la región de habitabilidad de un individuo o conjunto de los mismos.

Sin claridad de sitio, tampoco hay visión de lugar; en Ciudad Juárez se ha extraviado el camino del desarrollo y es absurdo pensar en un tipo de arquitectónica que diseñe edificios sin camino articulador. La arquitectura es una promesa de sentido, algo así como la metáfora del Estado-Nación; pensamiento de lo elevado, lo supremo y lo sublime, es decir, la visión misionaria de grandeza. Ciudad Juárez no existe aún como arquitectura, eso significa que es inexistente aún la comunidad para lograrla; hay que recuperar el lugar para la promesa, lugar en el que el deseo pueda reconocerse a sí mismo, donde pueda volver a habitar el gusto desplazado hoy por el miedo.



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