Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Formas desfondadas

17 de mayo de 2010.

Decía el clásico mexicano del liberalismo político, Jesús Reyes Heroles, que en la política ??la forma es fondo?? y que por lo tanto el acatamiento hacia la misma generaba la calidad de la práctica desde el poder. Sin duda, el inacabamiento de la transición democrática en el país ?pensando que a la transición no le alcanza con la pura alternancia en los gobiernos-, ha producido un ambiente de descomposición de expectativas y compromisos, facilitando la reactivación de vicios y mañas largamente concentradas en el régimen político mexicano. La transición democrática incompleta, ha venido siendo desplazada por un régimen mafioso poderosamente incubado, en el cual el cinismo habita como pariente natural.

El sistema político oficial, es decir, gobiernos diversos, partidos y candidatos, a su vez y en su caso convertidos en funcionarios, son cada vez más transparentes en las consecuencias no intencionadas de sus acciones políticas, esto es, la ciudadanía cree cada vez menos en sus declaraciones y discursos explícitos, observando la rampante incongruencia con el significado de sus acciones reales; formas crecientemente extraviadas ante la avalancha de ambición incontinente, verdadera diarrea electorera insufrible para el organismo civil. El circo político ha degradado en deplorable artesanía de bufonería carpera, la simulación no entretiene a nadie y además impregna a todo el tejido institucional y social.

Que tal situación de pérdida de gracia ocurra con los actores específicamente ?políticos? ya no sorprende absolutamente a nadie a estas alturas del juego en cuestión, es un hecho archiconocido que la clase política ?payasea? a cualquier costo para ganar posiciones de poder que representen uso y abuso de los dineros públicos, no hay contención ni apelando ya a la más falsa de las formas de principios o valores; lamentablemente la clase política con su desprendimiento de la sensibilidad social auténtica, abona el terreno para su colapso y consiguiente advenimiento de sistemas duros, represivos del control del pueblo, de la sociedad civil, en ese sentido, su descrédito es aroma pestilente hasta la náusea.

Más grave resulta que otro tipo de instituciones y personajes investidos de poder para administrarla, se contaminen con este medio de pérdida de formas elementales de civilidad política. Ciertamente indeseable es el hecho de observar a las Universidades públicas, que, valga Perogrullo, manejan dinero y recursos públicos, alineándose sin el menor recato en estilo corporativo nostálgico, a las candidaturas insertas en partidos políticos que se valen de todo para no solamente convencer, sino también engatusar posibles y escasos electores. Es institucionalmente inconveniente que las organizaciones educativas de nivel superior se valgan de la dependencia de la nómina, es decir, de la situación vulnerable de muchos de sus trabajadores académicos y administrativos, para acarrear entes humanos a los apetitos patrimonialistas del poder. Sería ingenuo no afirmar la certeza casi normal de este hecho, sin embargo, es anormal no impugnarlo también de manera pública.

En Ciudad Juárez, las Universidades públicas tales como son, por ejemplo, la UACJ, la UACH, la UTCJ, entre otras de dimensión vital para el trabajo sobre la educación y la cultura de la frontera y de todo el Estado en general, a mi parecer actualmente están siendo dirigidas por personalidades competentes y capaces para llevar adelante un proyecto de ciudadanía sustentada en los conocimientos y saberes profesionales que la sociedad necesita y merece con sensación de urgencia, por eso es conveniente, mejor aún indispensable, que continúen transitando por todo el resto de su tiempo acotado de ejercicio de autoridad, por una senda altamente institucional y profundamente universitaria en el desempeño de su importantísima función. Decididamente, la función pública estratégica de las Universidades, no debe sacrificarse en los efímeros vientos de algunas vanidades personales extraviadas en actitudes de mafiosidad cuestionables, despreciables. Los partidos políticos o las burocracias gubernamentales, no deben engullirse a las Universidades ?autónomas? públicas, al contrario, es de importancia vital, que todos cuidemos el valor de su vigilancia inteligente y comprometida con la razón lúcida.



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