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Bajos salarios limitan crecimiento económico de México

20 de mayo de 2010.

Los bajos ingresos salariales, que crecen a un menor ritmo que la inflación, son la principal limitante para la recuperación del consumo interno en México, según un análisis de BBVA Bancomer difundido hoy.

La reducción del consumo de los hogares se manifiesta en la brecha entre la confianza de la industria manufacturera mexicana y la del consumidor, ya que la primera ha aumentado por la demanda proveniente de Estados Unidos mientras que la segunda presenta un ritmo lento en el alza del ingreso disponible.

El consumo de los hogares supone aproximadamente el 70% del Producto Interno Bruto (PIB) mexicano, de acuerdo con el informe Situación México, Segundo Trimestre de 2010, de BBVA Bancomer.

"El empleo está creciendo, pero no se compensa con el salario recibido que es menor a la inflación", dijo el economista jefe para Norteamérica de BBVA Bancomer, Jorge Sicilia.

Empleos de baja calidad

El principal determinante del consumo de los hogares es su perspectiva de ingreso permanente, resultado del ingreso presente efectivo y de las expectativas futuras del mismo.

Este último se suele aproximar con el ingreso efectivamente registrado, ya que las perspectivas se asume que son, en mayor o menor medida, resultado de él.

A su vez, el componente de más peso en el ingreso disponible de los hogares es su ingreso salarial, resultado de agregar número de empleos y salarios percibidos.

Como se ilustra en ?Situación México?, la economía mexicana crea empleo desde el segundo trimestre de 2009, lo que refleja, en contra de las conclusiones de algunos análisis parciales, la flexibilidad del conjunto del mercado laboral mexicano ante cambios en el entorno y las perspectivas económicas.

Ello es similar a lo que ocurre en economías más desarrolladas, en las que los cambios en la legislación laboral y el aumento de la importancia del empleo temporal han llevado a mercados laborales más flexibles.

Sin embargo, en México, esa flexibilidad compensadora de una legislación laboral rígida, que no ha cambiado al menos en los últimos 19 años, se logra con un mercado segmentado, en el que el componente informal, sin ningún grado de protección por la propia falta de marco legal, compensa las rigideces y barreras del sector formal.

En este, por su parte, se observa un peso reducido aunque creciente del empleo temporal que no suele venir acompañado por una mayor productividad.

Como consecuencia de todo ello, los ingresos por el trabajo en el sector informal de la economía son relativamente volátiles ?sometidos al ajuste de la oferta y la demanda, sin rigideces dada la falta de regulación- y bajos, en coherencia con la menor productividad de las actividades realizadas en el ámbito informal. Si a ello se le añade el repunte de la inflación en 2010, la capacidad de gasto de los hogares parece que permanecerá relativamente limitada, al menos en el corto plazo a pesar del repunte del empleo.

De esta manera, la informalidad supone un freno a la consecución de un ingreso disponible permanente, formada a partir de expectativas de ingresos presentes efectivos más o menos estables.



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