Weekly News

"Zapping"

24 de mayo de 2010.

Por:Sergio Armendáriz

Existe una posición de opinión nada ninguneable en torno a la extinción de los intelectuales en los escenarios variados de lo que Jorge Castañeda llama la "comentocracia", en alta medida, la culpable del presunto deceso es la Televisión. Y es que se da el caso de que el intelectual nace de un público que lee, necesitó del instrumento de la imprenta para formar una comunidad de lectores a la que se le puede exigir atención. El intelectual es capaz de definir el tema del que habla, el tono en el que escribe, la extensión de su alegato.

Pero cuando es capturado en la pecera mediática, el pensador se convierte en otro profesional del entretenimiento. La televisión puede incluso convertirse en enemiga del transporte del pensamiento, su interés y su misma naturaleza la definen como un medio rápido, caliente, efectivo y a la vez efímero, característica ésta última, que le reduce su posibilidad de proponer la reflexión inteligente y medianamente culta. Al delimitar el tema, al demandar concisión y velocidad, al empuñar constantemente la amenaza del reloj, la televisión impone superficialidad.

Sin entrar en el debate propio de la calidad de lo que también se le reconoce como ?opinocracia?, asunto que amerita a su vez una reflexión específica, se hace necesario observar que el entretenimiento se impone de manera avasallante a los posibles mensajes que conlleven un esfuerzo reflexivo más allá de lo que el analfabetismo funcional imperante permite. Además, el tufo desagradable de la política como oficio ha cansado de antemano a un consumidor de información y usuario de comunicación que solamente atiende al morbo y no a un mensaje que amerite una concentración de pensamiento que rebase los circuitos del chacoteo diario; cambiar de canal a placer ??zapping?- es un recurso que no únicamente da un dulce poder al consumidor televidente, denominado ?homo videns? por Giovanni Sartori, sino también es el rápido y práctico censurador de imprescindibles procesos de conciencia y reflexión de la persona.

En Ciudad Juárez se puede observar en toda su magnitud la baja calidad del mensaje televisivo en el campo de la promoción política; spots dedicados a bajos coeficientes mentales, mercadotecnia populista y rastrera del llamado órgano regulador de las elecciones en el estado, así como las archisabidas entrevistas diseñadas pensando no en el televidente, sino en el monto del cheque que venerablemente disfraza la publicidad como supuesta y risible información veraz y oportuna, de supuesto y pervertido compromiso ciudadano. La ciudad no aguanta más explotación por el morbo y la infamia, en ese sentido hace buen rato que topó límites. Sin embargo, la calidad de la propuesta de campañas electorales es deprimente, aún más su expresión mediática, especialmente la exhibida por el conducto de la TV; la clase política ?partidos y candidatos- tienen vetado por saturación el viejo y rico filón del morbo, empero están tristemente impreparados para asumir creíblemente el rostro de la propuesta afirmativa. Cuesta trabajo realmente salir de la grilla de vecindad mafiosa y electorera, para proyectar la política pública moderna y competente que la urbe fronteriza clama por recibir.

La publicidad de la TV no solamente ha prácticamente extinguido la vieja vida expresiva de los intelectuales, convirtiéndolos en una especie dinosáurica para reclusión curiosa de museo, también tritura cotidianamente a la misma posibilidad de percepción inteligente del interés público, apenas sin darnos cuenta. Llama ?información? al lavado subliminal o semioculto del cerebro anónimo, despersonalizado, y ?comunicación? a los lenguajes cloroformo del omnipresente ?marketing político?, publicitario y no pocas veces pilar del ambiente políticamente estúpido, caldo de cultivo del nefasto electorerismo voraz.

Alguien a quien aprecio me dijo hace poco, con notoria perspicacia de comunicadora avezada, que hablar de los clásicos en TV era una infumable pérdida de tiempo, que en lugar de hablar de Platón, Aristóteles, Epicuro, Kant o Maquiavelo, el verdadero y totalitario interés del análisis político de la coyuntura era la desaparición misteriosa del ?Jefe Diego?, puede ser, la mercadotecnia es tirana, sin embargo, inocentemente creo que un poquito de Epicuro, evitaría los mediatizados excesos del ?Jefe Diego?.



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