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La opinión de:
Sergio Armendáriz
Verdad

15 de junio de 2010.

Verdad Sergio Armendáriz Analista político | 13-06-2010 | 22:08 | Opinión Reconozco plenamente la dificultad de salir del esquema mercadotécnico del “debate político”, es realmente muy poco lo que se puede hacer para evitar ese reduccionismo y aspirar a ingresar a una lógica de comunicación que privilegie la acción del entendimiento por encima de la pose, la estridencia calculada, o incluso los silencios cómplices. El tiempo tampoco favorece el desarrollo de otra actitud más sensible a los ejercicios dialógicos generados por la inteligencia reflexiva en vigencia y funciones; la política siente hoy más que nunca, la aridez y la sequia propias del desierto en esta frontera.

El abstencionismo anunciado ya es incluso capital político para los partidos de los “votos duros”, es simplemente estrategia en curso que hace presumir a algunos protagonistas de triunfo jubiloso, por supuesto, sin importar la ciudadanía, solamente la efectividad ausente de una votación que por eso mismo se espera raquítica. Al caos social, inmerso en un contexto de violencia e inseguridad, se agrega la fiebre futbolera del “Mundial”, convirtiendo a la redondez de la Tierra en un emblemático balón de futbol, dejando de lado prácticamente todo aquello que no tenga que ver con esa impresionante capacidad de absorción del fenómeno deportivo con implicaciones culturales, económicas, sociales y políticas, a través de las elaboradas mallas mediáticas.

En Ciudad Juárez, la actividad partidista electoral “morirá” en paralelo al crecimiento de intensidad de la justa futbolera, esperando que dicha intensidad sea acompañada por el avance de la selección mexicana en la competencia y sus sucesivas etapas.

La gente va a mandar por un tubo a los spots, lugares comunes y los trillados mensajes mediáticos que los candidatos a lo que sea tienen hoy en vigencia.

Prácticamente, es decir, en los hechos, el tiempo de la política electorera termina para beneficio estratégico de algunos, para el perjuicio táctico de otros y para el goce colectivo de la ciudadanía en general; fin de falacias, mentiras, engatusamientos, superficialidades y mediocridades aplastantes en la pobre densidad cultural del hacer político de la urbe fronteriza en la que vivimos, los que en ella efectivamente vivimos.

En ese sentido, el próximo martes 15 de junio de este 2010, tendremos quizá el ultimo evento significativo de la temporada de competencia política, la realización del debate de candidatos a la presidencia municipal de Ciudad Juárez; esto es, respetando a los 5 protagonistas productos de las respectivas alianzas, enfoco la confrontación verbal entre los dos con efectivas probabilidades de triunfo, Cesar Jáuregui por el lado del PAN y Héctor Murguía por el del PRI y aliados. En este escenario mis expectativas personales sobre el discurso de Murguía Lardizábal las percibo con meridiana claridad, el candidato de referencia es delimitable con facilidad tanto en la forma como en el fondo de su habla política, independientemente de la posible estrategia que le preparen sus asesores respectivos.

Resulta por otro lado muy interesante, la generación de expectativa de desempeño por parte del candidato del PAN, Cesar Jáuregui, quien es sin duda un sujeto con capacidades reconocidas en el manejo del discurso en tribuna tanto parlamentaria como en el ámbito propio de la polémica y el debate. Político con lenguaje bien articulado y con inteligencia en plena producción conceptual, Jáuregui tiene el inevitable compromiso de hablar sin ánimos negros, pero en poderosa congruencia con la postura crítica que su posicionamiento de oposición le exige. Creo con certeza, que muy posiblemente le escucharemos expresar algunas líneas de debate que tengan que ver con tópicos discursivos como el peligro de la regresión política, el estilo faccioso o la actitud de mafiosidad en el ejercicio de funciones públicas, el populismo como reflejo parroquial de una cultura política antidemocrática, y algunos puntos más en ese rumbo.

Tengo la impresión como observador público, que la obligación histórica del candidato del PAN es la de “jugársela con la verdad”, su compromiso con Ciudad Juárez debe al menos llevarlo a demostrar que si bien el resultado de las encuestas puede indicar que no le favorezca el voto necesario para ganar, en lo fundamental debe mostrarse como el mejor candidato indiscutible.



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