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Piden agentes investigar labor de infiltrados en la Policía Federal

20 de junio de 2010.

El más reciente ataque de La Familia Michoacana a un convoy de la PF —el pasado lunes, en la carretera libre Zitácuaro-Toluca— en el cual murieron 12 agentes, ha derivado protestas e inquietudes por parte de los elementos.

Incluso, ante el plan de enviar en el transcurso de esta semana a más uniformados a la plaza, algunos han expresado su resistencia.

A partir del ataque del pasado lunes, los policías federales asignados a Michoacán exigen más y mejor armamento, seguros para sus familias y una investigación para detectar a quienes han filtrado datos de itinerarios y rutas.

"No es miedo de ir a Michoacán, porque sabemos que es nuestro trabajo, pero también queremos estar mejor equipados y dejar un respaldo para nuestras familias. Nos pueden matar en cualquier momento, ¿y cuál va a ser el futuro de nuestras esposas e hijos?", señala uno de los policías entrevistados por Crónica.

Coinciden en que después de las bajas de los últimos años, de las emboscadas y matanzas, se ha multiplicado la animadversión en contra de los integrantes de La Familia, principalmente operadores y jefes.

"Esto se ha vuelto cuestión de orgullo, la muerte de muchos compañeros, de alguna forma, ha alimentado un sentimiento de venganza: los queremos acabar, pero lo que más nos duele es que no estamos preparados", dice otro policía federal.

—¿Por qué no se sienten listos?

—Porque ellos están mejor armados, tienen rifles de mayor alcance, granadas. Por eso la petición de equipo más potente.

Lo que más los alarma es saber que "el enemigo duerme en casa". "Las embestidas contra nuestra gente han sido orquestadas desde el interior de la corporación: son pitazos de algún traidor, por eso saben por dónde vamos a pasar, a qué hora, cuántos somos y cuáles son nuestras armas. En el ataque más reciente los sicarios llegaron a los puentes desde donde dispararon sólo minutos antes de que pasara el convoy, alguien les había dado toda la información".

—¿Y qué han solicitado a las autoridades?

—Que investiguen quiénes son los delatores, que se haga un seguimiento patrimonial, porque quien vende datos recibe mucho dinero, muchos dólares.

Otras preocupaciones son: una, las exigencias para hacer válidos los seguros de vida o contra accidentes con los que cuentan cada uno de los efectivos. "Sabemos de experiencias muy desagradables, se ponen muy quisquillosos para pagarlos: argumentan que el afectado no tenía casco, que no tenía chaleco, que se arriesgó de más, son seguros para globeros, no para policías que están luchando todos los días contra el crimen organizado".

Y dos, los engaños a los cuales recurren mandos para coordinar operativos o estrategias: "A la gente le dicen que van a ir a un lugar tranquilo, que sólo se trata de vigilar un evento y cuando baja el avión, están en un sitio cabrón: en Michoacán, en Juárez, en Sinaloa, no te hablan derecho".

—¿Cuál es el riesgo para quienes protestan?

—En el mejor escenario, un traslado o la baja, pero conocemos casos de compañeros que han levantado la voz y que, para terminar con el problema, los ubican en puntos más peligrosos, para que los maten o en enfrentamientos se da el fuego amigo. Salen a los medios y dicen que fue el narco, pero en realidad la bala se disparó desde dentro.



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