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El escritor del pueblo

21 de junio de 2010.

Luego de esperar un largo rato, Citlalli montó la primera guardia de la mañana. “Después de Monsiváis, ¿Quién va a escribir para nosotros?”, se preguntan personas de a pie que admiraron al intelectual más querido

Carlos Monsiváis “era la puntita del alfiler que estaba dándole y dándole; nunca se guardó lo que pensaba”. Con estas palabras se soltó a hablar la mañana del domingo Citlalli Martínez, una mujer mayor que, desde los rumbos del Aeropuerto, llegó a las siete de la mañana al Museo de la Ciudad de México a despedir al escritor.

Iba acompañada de su hijo, un joven que acaba de terminar la Prepa, pero que no consiguió entrar a la universidad. Se llama Oxlahuntikultunabku (que en lengua maya quiere decir 13 cielos), sin embargo, por lo extenso de su nombre, se presenta como Martínez Torres.

Citlalli, como su hijo, como los esposos José Manuel Arce y Alicia Delgadillo, como el director de un círculo de lectura de Tamaulipas -que viajó toda la noche- son parte del grupo de lectores, oyentes, admiradores y fans del periodista, escritor, activista, defensor de causas sociales. Ajenos a los reflectores y anónimos, por iniciativa propia decidieron ir a despedir al escritor que falleció al medio día del sábado en esta ciudad.

Pero ni Citlalli ni su hijo, ni otra decena de personas pudieron entrar de inmediato porque desde las dos de la madrugada el Museo fue cerrado; la indicación de los policías es que sólo cuando llegara la familia, las puertas se abrirían de nueva cuenta. Algunos de esos visitantes madrugadores optaron por irse.

Citlalli, sentada en un cartón, en un extremo de la puerta del Museo, decidió quedarse a esperar su oportunidad.

Siempre se mueren tres

La noche del jueves, Martínez Torres oyó a su madre hacer cuentas: “Se fue Gabriel Vargas, siempre se van en triada ¿quién sigue?”

Dos noches después, la mujer tenía todo listo para salir hacia el Museo de la Ciudad, pero se detuvo por la lluvia, por el cansancio que traía su hijo y también por el convencimiento de que “era difícil para el pueblo llegar a meterse ahí. A esa hora se estaban tomando las fotos los exhibicionistas del país”.

En la mañana de ayer, Citlalli llevaba 45 minutos esperando para entrar y entonces dijo: “Él tiene una trayectoria muy grande en las letras, con un sentido agudo, crítico, fue un gran analista. Una gente siempre, siempre, siempre a la vanguardia de los acontecimientos que van sucediendo en este país, en nuestro país, que es nuestro y lo hemos dejado en manos de gente que no sabe valorar, que se ha agringado, que ha hecho una porquería. Si como pueblo, con todas las herramientas que nos dejó él, no tomamos las riendas del país ¿qué nos queda?”

¿Qué animó a Citlalli a venir hasta el Museo? “Que no todos los días se mueren; o vas hoy, o vas hoy”. Por eso semanas atrás, también fue a despedir a su tumba a Gabriel Vargas, “el que le enseñó a leer a este país”.

Los lectores de un maestro

El nombre de Carlos Monsiváis ocupa buena parte de la playera de Juan Marcos González López, fundador de un Círculo de Lectura de la Universidad Autónoma de Tamaulipas, quien viajó la noche del sábado y a las seis de la mañana del domingo estaba en la puerta del Museo para acompañar al maestro.

El nombre de su círculo de lectura lo tomó del cronista porque éste “era un hombre de la cultura, ciento por ciento público, que convivía con la gente”. Maestro, con 25 años de trayectoria, Juan Marcos González López recuerda que tuvo un cálido encuentro con Monsiváis, el 5 de diciembre de 2006, cuando el nombre del escritor quedó asentado en su grupo de lectores.

Residente de Ecatepec, José Manuel Arce se enfadó el sábado con su esposa cuando le dio la noticia:

“‘¿Cómo crees?’, le dije. Es molesto que nos maten a un personaje del tamaño de Monsiváis, la mente más lúcida de México. Después de Monsiváis ¿quién va a escribir para nosotros? Ni modo que Carlos Fuentes”.

José Manuel Arce y su esposa, Alicia Delgadillo, decidieron ir a acompañar al famoso escritor en su sepelio por “puro cariño a nuestros intelectuales críticos que se nos han ido yendo. ¿Quién va hablar ante un gobierno rapaz, funesto, al que el ser se le ha olvidado y que cree que el tener lo es todo”.

“Cuando escuché la noticia quise llorar -cuenta Alicia Delgadillo-. Veníamos siguiendo su enfermedad desde comienzos de abril... Yo lo que siento es que es mejor que esté aquí en este Museo a que sea en Bellas Artes. Ahí los que se van a vanagloriar son los del Gobierno Federal y él era un crítico del Gobierno Federal. Él quería que el pueblo estuviera con él; no quería estar solo”.

Los otros visitantes

La intimidad de las primeras horas de la mañana fue lo que el periodista Julio Scherer García, fundador del semanario Proceso, quiso aprovechar para asistir al sepelio. A la entrada del Museo, se encontró con ese pequeño grupo de personas y con la puerta cerrada.

El periodista intentó que lo dejaran pasar: “Entienda, fue una amistad de años”. Pero no hubo respuesta, hasta 20 minutos más tarde.

No quiso hablar. “¿Serían vanalidades, nimiedades. No hay palabras”.

Cuando las puertas se abrieron, Scherer, acompañado por Rafael Rodríguez Castañeda y por Salvador Corro, también de Proceso, pidió que dejaran pasar a todos los que afuera esperaban. Adentro, el periodista guardó silencio unos minutos a unos cuantos metros del féretro, cubierto por las banderas de México, de la UNAM y de la comunidad lésbico gay, que horas antes el flautista Horacio Franco había dejado allí. Citlalli, su hijo y Juan Marcos González López, montaron la primera guardia de la mañana. Minutos después, llegaron al edificio la presidenta de Conaculta, Consuelo Sáizar, la tía del escritor, María de Jesús Monsiváis y amigos. A las 9:50 la carroza con partió hacia Bellas Artes.

Otras voces

La noche anterior, entre escritores, editores, intelectuales y artistas, un mariachi y un trío acompañaron al escritor. Algunos miembros de la comunidad lésbico gay también se acercaron con una bandera para recordar al escritor:

Subido en una silla para exhibir la bandera multiculor, Armando Franco, de la Organización Cuenta Conmigo, Diversidad Sexual Incluyente A.C., recordó que Monsiváis fue muy importante para el grupo porque desde hace muchos años se preocupó por los jóvenes. “Se preocupó por nuestra comunidad para que tuviera un espacio en el cual pudieran refrendar sus derechos. Aunque el maestro no hizo comentarios muy específicos sobre este tema, siempre estuvo con nosotros, siempre lo seguimos en la lectura. En este país, en cada generación, año tras año, hubo gente que se identificó con los ideales del gran Monsiváis”.



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