Weekly News

En diez años los resultados son desastrosos: Labastida

29 de junio de 2010.

Entrecierra los ojos. Tarda unos segundos en responder. Finalmente, Francisco Labastida Ochoa, el primer candidato del PRI derrotado en una elección presidencial saca los recuerdos, habla de las imágenes, los pasajes de aquel 2 de julio de 2000, los que le han acompañado durante 10 años:

“Cuando fuimos a votar mi esposa Tere (María Teresa Uriarte) y yo, me preguntaron a qué hora saldría a dar algún pronunciamiento sobre los resultados. Dije que esperaría a que primero lo hiciera el presidente consejero del IFE, lo que, se había dicho, sería como a las 11 de la noche...”

Entonces se detiene. Pareciera reconsiderar. Pero decide seguir adelante con la revelación:

“Pero comenzaron las llamadas telefónicas del presidente Ernesto Zedillo. La primera, como a las seis o siete de la tarde, pidiéndome que ya reconociéramos que íbamos abajo en los votos. Mi respuesta fue que todavía no se había cerrado casillas en Baja California y en otros estados, que eso no era posible. Hubo una tercera llamada del Presidente en el mismo sentido. Y luego varias más de Liébano Sáenz, su secretario particular. Insistían. Presionaban. Yo me mantuve firme en mi decisión”, comenta el priísta.

Está en su despacho particular, muy cerca de su casa. Había platicado antes, con entusiasmo de sus nietos, ya tiene 10. Después se sentó en un sillón y habló de aquel día que no olvida. Miraba hacia algún lugar, algún momento, de aquel domingo:

“A la una de la tarde, las encuestas de salida levantadas afuera de las casillas nos daban ventaja de uno o dos puntos. Pero a las tres de la tarde se empezaron a revertir los resultados. A las tres y media hablé con Dulce María Sauri, la presidenta de mi partido. A las cuatro le di indicaciones a Jorge Alcocer de que empezara a preparar el discurso de reconocimiento de la desventaja. Pero en ningún momento dejé de pensar que lo pronunciaría hasta después de las 11 de la noche”.

Y Francisco Labastida retoma ese punto, esa cuenta pendiente:

“Luego, las llamadas desde Los Pinos. Incluso en alguna de ellas, con la sugerencia de que deberíamos salir al mismo tiempo el ingeniero Cárdenas (Cuauhtémoc) y yo a reconocer el triunfo de Fox (Vicente). Me negué rotundo. Dije que eran circunstancias absolutamente distintas”.

El cabello blanco. Se mantiene delgado. Más surcos en el rostro. Y en la evocación, un salto hasta el momento en el que todo se había consumado:

“El auditorio estaba absolutamente abarrotado. Vi a hombres y mujeres que lloraban. Tere estaba a mi lado. Dije lo que tenía que decir. Después, ella y yo nos venimos juntos a la casa. Y solos los dos nos tomamos un tequilita. Le dije: ‘chaparrita, ya pasó, de aquí para adelante hay que ver, hay que seguir’. Nos abrazamos, brindamos”.

Yo recuerdo que la plaza estaba vacía. Que caminabas con Tere y con Nacho Lara. Y que cuando cantaron el himno nacional te asomaron las lágrimas en los ojos —interviene el reportero de EL UNIVERSAL.

Sí, es factible. No recuerdo, la verdad, sí dejé que me salieran las lágrimas. Pero en todo caso, fue una experiencia dolorosa, traumática. Entonces recordé lo que alguien me dijo un día, que los hombres buenos se conocen en los momentos malos.

¿Pensabas que estabas hablando y que transmitían en vivo las televisoras? ¿No sabías que en ese momento se transmitía el mensaje del ex presidente Ernesto Zedillo?

No, no sabía. Pero no me extrañó cuando lo supe. En la última de las llamadas que me hizo él, le dije que no cambiaba, que estaba decidido que yo saldría a hablar en público después de que lo hiciera el IFE. Fue entonces cuando se rompió el diálogo. Él ya no quiso tomar mis llamadas. Me di cuenta que se había abierto una diferencia con el Presidente de la República, que el diálogo se había roto. Liébano fue el que siguió hablándome. Entiendo que mi actitud les molestó. Pero no podía hacer lo que me pedía. Yo tenía un compromiso con quienes votaron por mí y conmigo mismo. No era un capricho. Nos costó mucho construir una institución, una autoridad que respetáramos, y una decisión anticipada, como me lo pedía Ernesto Zedillo, no ayudaba al IFE (órgano electoral), ni al PRI, hubiera sido desastroso.

En el despacho, una añosa caja fuerte que le heredó su abuelo. Y una vieja bandera. Ahí fotografías de su familia. Ahí llegó Labastida Ochoa semanas después de aquella derrota.

El miércoles anterior a la elección, después de tu cierre me dijiste que las encuestas te favorecían. ¿Te engañaron? ¿Te engañaste?

No. Sí nos favorecían. Pero había mucha gente indecisa. Los votos indefinidos se definieron contra el PRI, y contra mí, obviamente.

¿Por qué perdiste? ¿Tienes claro por qué cayó tu partido?

Sí. Hubo varias razones. Desde 1997, el PRI perdió la mayoría en el Congreso de la Unión. La población tenía expectativas muy grandes. Se les dijo que íbamos a pasar del tercer mundo al primer mundo. Y en lugar de eso llegó la crisis de finales de 1994 y principios de 1995, se cayó el Producto Interno Bruto (PIB) más de 6%, se perdieron más de 7 mil empleos en un año. Y estallaron los escándalos de Raúl Salinas de Gortari. Y se derrumbó la imagen del partido. En lugar del cielo prometido les dimos el purgatorio.

¿Nada más eso?

Desde luego que no. El partido gastó mucho en esa campaña en medios sobre el “Nuevo PRI”. Y en la elección interna de candidato se convirtió en otro IFE, puso más de 68 mil casillas, imprimió 18 millones de boletas. Nos quedamos endeudados. Ya para la campaña presidencial no había dinero, dejamos de pasar spots en radio y televisión desde diciembre hasta parte de marzo (de 2000).

Otra vez entrecierra los ojos y queda en silencio. Aclara la garganta, sigue:

“Hubo otras cosas. Había prácticas que se acostumbraban y que entonces se dejaron de hacer. El bono sexenal para los trabajadores al servicio del Estado se entregaba antes de las elecciones, en el año 2000 se dio hasta después, se retrasó. Pedimos que se apoyara la importación de autos en la frontera, no se concedió. Pedí que se apoyara a la gente defraudada por las casas de ahorro, hubo recursos para el IPAB, pero no para ellas, para las personas defraudadas. Y porqué no decirlo, mi equipo no estaba integrado”.

Y errores personales, ¿el candidato presidencial no los tuvo? ¿debía haber sido más inflexible respecto a la publicidad, a los mensajes con las propuestas de campaña?

Yo les dije alguna vez a los asesores que teníamos que dejar claro que el cambio lo haría yo, que le hiciéramos ver a la gente que los cambios requieren tener claro a dónde vas a llegar, pero también una carta de navegación, una buena tripulación. Yo tenía muy definido qué estaba mal y cómo lo íbamos a cambiar.

El debate... se te revirtió eso que le dijiste a Fox de que él te había llamado “mariquita” y “la vestida”

La intención era ponerlo en evidencia, como un hablador que no sostenía las ofensas de frente. Pero otra vez, me dejé llevar por los asesores de imagen, como que efectivamente era yo a medias, como que no me reconocía. Lo importante era que se notara que tenía más información, más preparación. No se logró.

Pero ¿sí creían que era posible que la gente pensara que el PRI sería el que le daría un cambio al país?

Desde abril de 1999 tenía muy claro por los estudios que hicimos que mi perfil estaba más asociado a lo que la gente quería. También era claro que el 60 y 64% de las personas mexicanas encuestadas exigían el cambio. Pero no, no pudimos convencer a los electores de que nosotros teníamos los conocimientos y las formas para cambiar. No se pudo. Y mira lo que son las cosas, ahora estoy convencido de que la elección de 2012 será menos difícil, que vamos a ganar holgadamente.

¿Por qué?

Porque en 10 años los resultados han sido desastrosos. Se han creado, en una década, sólo un millón 800 mil empleos. Yo me comprometí a crear un millón de empleos al año. Fox mejoró la oferta, dijo que un millón 350 mil anuales. Y en sus seis años y los cuatro de Felipe Calderón se han creado menos de 2 millones. Por el contrario, se han perdido muchos trabajos. Sólo 16 o 17 millones de mexicanos tienen empleo formal. La economía nacional sólo creció 1.2% anual. La que es alta es la cifra de muertes ligadas al narcotráfico. Y sólo 2% de los detenidos ligados al narco están siendo encontrados culpables. Ha crecido también el número de pobres. Es un desastre.

¿Y para 2012 qué podrá ofrecer el Revolucionario Institucional?

Capacidad para gobernar. Tenemos a las mujeres y los hombres que más saben del país, de sus problemas y soluciones. Aprendimos a no estar en el gobierno, sabemos qué fue lo que hicimos mal. Debemos mantener la humildad para reconocerlo.

¿Y con quién? ¿Una candidata, o un hombre de buena imagen, o alguien con experiencia en la política?

Pues ahí tienes a tres muy buenos. Beatriz, Enrique y Manlio. Los tres excelentes. Y del otro lado no hay ninguno y los tres tienen la suficiente madurez, la sensatez y la capacidad para no pelearse. Porque ese fue otro factor en 2000, la división del partido.

¿Perdiste amigos después de aquel 2 de julio?

No... Perdí hermanos como Nacho Lara (Ignacio Lara Herrera) y Roberto Zavala, porque murieron. Los otros eran amigos del candidato, y antes del secretario de Agricultura, el de Gobernación y el gobernador.

¿Qué sentías, qué sientes ante imágenes, fotos de Vicente Fox Quesada como presidente?

Mmm... mira, sí tristeza. Y no por él, por el país. Si le hubiera ido bien, le hubiera ido bien a México. Lamentablemente no estaba preparado. No supo qué hacer. A Calderón lo veo bien intencionado, pero sin equipo.

Francisco Labastida. Diez años después... muy cerca de donde aquella noche brindó con su esposa y le dijo: “Hay que seguir adelante”.



Descarga nuestra nueva App para iOS y Android



Comentarios



Publicidad

Compartir en redes sociales



Juarez independiente


 

Diseño de Aplicaciones Móviles