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La eliminación cimbra a Brasil; Lula, atónito

3 de julio de 2010.

BUENOS AIRES.— Cuando todo estaba preparado para seguir la fiesta que reinaba en el país en las últimas semanas y para seguir alimentando las encuestas que mostraban hasta ayer a Dunga y Luiz Inacio Lula da Silva como el entrenador y el presidente con más popularidad en la historia, la derrota de la verdeamarelha en el Mundial de Sudáfrica fue un verdadero cimbronazo.

Acabó con la carrera del técnico y el presidente partió, oportunamente, de gira por África, sin evaluar los costos políticos de la descalificación, pero lamentando sí la eliminación del equipo.

El inesperado fracaso obligó a suspender la gran fiesta en las playas de Copacabana y entristeció al jefe de Estado y los principales miembros de su equipo de colaboradores, que vieron el partido en el Palacio de la Alvorada (residencia presidencial) junto a la candidata oficialista, Dilma Rousseff. “Ahora será tu turno de levantar la copa en el 2014 como presidenta”, dicen que le dijo Lula a la aspirante a la sucesión presidencial, a quien en la víspera las encuestas mostraban en un virtual empate técnico con José Serra, el candidato de la oposición.

“El presidente está profundamente triste y atónito por la caída emocional del equipo en el segundo tiempo”, explicó el jefe de Gabinete, Gilberto Carvalho, a la prensa después del partido. Salvo Lula, quien fue invitado a presenciar el domingo 11 la final del Mundial en Sudáfrica, nadie habló de la derrota en el gobierno. “Dunga debió haber sacado antes a Felipe Melo, yo sabía que iba a pasar eso”, dijo Lula a los periodistas antes de iniciar la gira, en relación al jugador que marcó el gol en contra y luego fue expulsado.

Dunga, con 69% de aprobación en las encuestas hasta el jueves, renunció de inmediato a su cargo, pero no hay analista que se anime a decir qué puede pasar con la candidatura de Rousseff o con la popularidad de Lula, que registró un 78% en la más reciente medición. “Es muy pronto para saber cómo reaccionará la sociedad. Lo ideal para el gobierno era el hexacampeonato. Ahora seguro que empeorará el humor social, pero dentro de cuatro años habrá revancha en casa”, dijo el analista Luiz Eduardo Melo, de la Unicamp.

La entusiasta afición brasileña, incondicional seguidora de su selección de futbol, pasó ayer de la fiesta y la samba a las lágrimas y la desesperación, después de que la Canarinha cayera eliminada por Holanda en los cuartos de final del Mundial de Sudáfrica. Los bailes y las sonrisas, los gritos de apoyo y la algarabía, la incontenible inclinación por la fiesta y la diversión que caracterizan al pueblo brasileño, se convirtieron en llanto y decepción cuando el árbitro dio por finalizado el partido en las principales ciudades de Brasil, como Río y Sao Paulo. Mientras, en Buenos Aires, a las 12:50 (10:50 de México), se escuchó un estruendo. Era el grito argentino, celebrando la descalificación brasileña, casi como si la selección de Maradona hubiese salido campeona.

De los políticos brasileños, sólo Serra se animó a elogiar a la derrotada selección, después de ver el partido en un hotel de Londrina, estado de Paraná, donde se encontraba haciendo campaña. “Tenemos que estar orgulloso de ellos.

Al final del partido vino el gol y después la expulsión, pero no faltó esfuerzo de los jugadores”, dijo Serra, quien no quiso comentar su nuevo repunte en las encuestas, que lo muestran un punto por encima de Rousseff. Los medios brasileños reflejaron de inmediato el clima de sepelio que reinaba en el país, descargando sus críticas contra el portero Julio César, contra Melo y, especialmente, contra Dunga, la primera víctima de la derrota, pero seguramente, y conociendo las derivaciones que el futbol suele tener en el gigante sudamericano, no será la última

En el único incidente conocido, el cónsul de Holanda en Río de Janeiro, Paul Comenencia, sufrió quemaduras menores en una mano al ser alcanzado por un cohete de fuegos artificiales aparentemente lanzado desde un edificio vecino al hotel en cuya terraza celebraba con hinchas de su país, según dijo la vocera del consulado, Patricia Broers. Comenencia restó importancia al incidente y no acudió a la policía, que dijo que investiga el caso.



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