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Ornitorrinco genial

12 de julio de 2010.

Sergio Armendáriz
En su libro “El antiguo régimen y la transición en México”, Jesús Silva-Herzog Márquez, al referirse a la indecisa fisonomía política de nuestro tiempo, hace la comparación de la rareza del sistema político mexicano, con la apariencia de un animalito exótico conocido como “ornitorrinco” y lo caracteriza así: “…la dificultad de ubicar al régimen mexicano en los cajones de los archivistas recuerda la suerte del ornitorrinco. Ningún animal tan desconcertante como éste.

El “ornithorhyncus anatinus”, animal que habita en Tasmania y las costas orientales de Australia, pone huevos, está cubierto de pelo, tiene aletas y pico y es mamífero(…)muchos pensaron que se trataba de una impostura, del fraude de algún taxidermista como los que unían la cabeza de un chango con la cola de un pescado para confeccionar un monstruo con perfiles de sirena. Hubo quien creyó que el mamífero misterioso era, en realidad, la montura de un pato sobre el cuerpo de un roedor(…)como ocurre con el ornitorrinco, el retrato del régimen mexicano resulta una criatura repleta de peros…”

Pues resulta que tenemos el regreso del ornitorrinco mexicano con una especie de sesión inédita de embellecimiento electoral. Aparte del retorno o retroceso del PRI, y de la polémica acerca de si la democracia mexicana vive una cierta forma de consolidación, o bien una confirmación de la parálisis que afectó de manera definitiva al sueño de la transición, pudo presenciarse el espectáculo de las alianzas electorales polares, en pretendida suma de voluntades sustancialmente incompatibles, por la historia, la tradición, los supuestos programas políticos, y, por supuesto, los hilachos de ideologías que únicamente existieron en el papel para justificar o pretextar las ganancias parasitarias sobre los dineros públicos. Hoy, siguiendo la metáfora de Silva-Herzog Márquez, habría que agregar una “virtud” más a la fisonomía estrafalaria del ornitorrinco, me refiero a un implante de tejido de dinosaurio reinventado, pero también, algo todavía más extraordinario, una especie fabulosa de programa neurolinguistico promotor de un fenómeno evolutivo complejo; la inyección de un tipo de conciencia de reacción uniforme, acompañada de una forma rudimentaria de parloteo sin características lógicas, un auténtico exotismo genial.

En el caso concreto de Ciudad Juárez se observa la fortuna del reimplante dinosáurico, la singular promesa de contar con todo el pasado por delante. En las estratagemas de las “alianzas” –imposible no caer en la tentación de entrecomillar-, se percibe con absoluta certeza la extinción de la última posibilidad ética en el régimen político mexicano de hoy, el raro animalito, aparte de curioso es irredentamente cínico, ya ni siquiera tendrá problemas de salud, porque ha decidido mandar al diablo el incómodo concepto de enfermedad, habita en el paraíso de la ausencia del pecado de conciencia. Una vez más pudimos asistir a las glorias de la colonización priista de los actores políticos mexicanos; todos los partidos son uniformes y también unidimensionales, van por el botín del presupuesto multimillonario de prebendas electoreras –me resisto a llamarles electorales-, y por supuesto por el ejercicio de los propios recursos de las administraciones gubernamentales, nada austeros por cierto.

El sistema de partidos, la llamada partidocracia, se fortalece a pesar de las no convincentes cifras de participación electoral. Este régimen en transfiguración gatopardesca, se vuelve más inteligente para su propio autoconsumo de ambición política, sin embargo, son al menos dudosas sus ventajas en relación a las necesidades y expectativas de la democracia mexicana. Lo que puede observarse con claridad es la progresiva colonización del PRI sobre los otros partidos en juego “competitivo”; estilos de clientelismo, patrimonialismo, infiltración de órganos electorales, uso flagrante de recursos y programas públicos y, como cereza del pastelito simulador, la rotación de rostros nacidos priistas, algunos reciclados por cierto, peregrinando para encabezar alianzas oposicionistas en los estados en los que supuestamente vencen al tricolor. Sin duda, el ornitorrinco político mexicano se embellece y se hace perdurable, objeto fácil de profecía por el ya famoso pulpo “Paul”, hacia el 2012.



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