Weekly News

La Opinión de:
Edna Lorena Fuerte
LLUEVE SOBRE MOJADO

22 de julio de 2010.

En diversas redes sociales ha comenzado a moverse intensamente un movimiento ciudadano identificado con el lema de Coahuila Hope (esperanza para Coahuila), que busca promover el apoyo a esta entidad frente a la tragedia de las recientes inundaciones. Una vez más ha llegado a nuestro país la temporada de lluvias y, como se ha vuelto ya una constante en los últimos años, cada temporada trae una mayor intensidad de efectos colaterales, ahora en nuestro estado vecino ha sido implacable.

Se puede hablar de múltiples condiciones que generan estos fenómenos, los expertos ponen sobre la mesa consideraciones sobre el cambio climático, la desertificación, la erosión de los suelos que afecta la permeabilidad, etc. Pero más allá de las acusas, los mismos expertos coinciden en señalar que los efectos tienen un gran porcentaje de previsibilidad y que es invaluable la importancia de contar con medios de previsión que permitan atenuar los efectos nocivos de estos fenómenos.

Las lluvias pueden tener una intensidad desmedida, y con ello causar inundaciones imposibles de detener a su paso, pero hay múltiples cuestiones demostradas que colocan a la población en una situación de mayor vulnerabilidad. Lo hemos dicho en múltiples ocasiones a propósito de distintos fenómenos naturales: la previsión, la planeación a largo plazo y la medición de los riesgos es un obligación de gobierno y es la única forma de ofrecer a la ciudadanía altos estándares de tranquilidad, por decirlo de alguna manera.

Volvamos un poco a un caso que hemos tocado hace algunos meses, el terremoto en Chile ha tenido una intensidad brutal, no vista incluso en las zonas más telúricas del mundo, y la afectación en vidas humanas y pérdidas materiales no ha sido realmente dramática, en contraste con un Haití devastado, la diferencia es la preparación que estas dos naciones han tenido para estos riesgos naturales. En México sabemos que la temporada de lluvias puede llegar a ser devastadora en muchos aspectos, pero no existe en casi ninguna de las entidades un serio plan de revisión de la infraestructura al respecto.

Se cuenta con medidas paliativas, planes de emergencia bastante funcionales, incluyendo la siempre loable labor del Ejército con la aplicación de plan DN3, pero ante de la tormenta, en la revisión de los drenajes profundos de las ciudades, en la planificación de los asentamientos, en el estudio de la permeabilidad de los suelos, es muy poco lo que se hace realmente, y la factura de estos “olvidos” se paga muy cara en el momento en que suceden las tragedias.

Al final del día, no queda mucho más qué hacer que hermanarse en la desgracia, pero resulta muy poco honesto de parte de las autoridades competentes el que se pretenda tazar estas cuestiones como mera desgracia cuando bien sabemos que existe mucho que se puede hacer para tapar el pozo antes de que termine alguien ahogado. Es necesario ya no digamos fomentar, sino exigir una cultura de la prevención como estrategia permanente en nuestros gobiernos, y para ello necesitamos, claro que se tenga un conocimiento pleno de nuestra realidad ecológica, cada vez más cambiante, pero perfectamente cuantificable y, en su medida, previsible.

Lo que nos queda claro en esta intensa temporada de lluvias es que no puede haber calma después de todas las tormentas, en cambio, lo que tenemos ante la falta de previsión es una pesada factura que están viviendo las familias afectadas, que por cierto son las mismas que viven los efectos de otras tormentas, la de violencia y la de carencia económica. En el norte del país nos ha estado lloviendo sobre mojado, se nos han inundado las casas de desgracias, de inagotables malas noticias. No todo se le puede achacar a la mala fortuna, es necesario responsabilizarse.

Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es [email protected] para sus comentarios. Gracias.



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