Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Excepción, no transición

2 de agosto de 2010.

El imparable crecimiento de la capacidad de amago y poder de fuego por parte de las corporaciones vinculadas al delito organizado, las vísperas de la inclusión de 40 mil integrantes de las empresas de seguridad privada del país a una potencial vertebración con las policías del “Estado”, para pretendidamente combatir al crimen galopante, anuncia la ya brutal e irrefrenable militarización y paramilitarización de una sociedad que ya canta lóbregamente la mortífera melodía autoritaria.

Las voces más diversas sostienen ya la presencia o arribo del fenómeno conocido como “Estado fallido”, en simpleza conceptual equivalente al reconocimiento de la pérdida de control civilizador del poder hecho gobierno legal y legítimo, así como del surgimiento de múltiples empresas administradoras de la violencia que rebasan la violencia racionalizada por el Estado llamado de derecho.

Curiosamente, algún resabio del pudor falso de la vieja ideología nacionalista queda en nuestro país.

La “virginalidad” de la singularidad mexicana, aún subsiste en la censura a la significación terminológica que incomoda a las buenas conciencias ignorantes o interesadas, como si por arte de buen gitano un hecho concreto pudiera desvanecerse a partir de la negación de la palabra que cabalmente lo describe y por lo tanto a la vez potencialmente lo explica; conceptos tales como “mafia” o “terrorismo”, sacuden el analfabetismo cultural de la clase política, y también de algunos presuntos intelectuales u opinadores públicos que se suman a la inhibición de la inteligencia no siempre por razones de sensato y saludable temor, sino por motivos de acompasamiento interesado en la lógica de la ganancia de poder diverso, todo esto en un contexto de una nación brutalmente desigual e impreparada educativamente para procesar el entendimiento y la confrontación respecto a semejantes fenómenos.

La salida del autoritarismo ya se observa con nitidez en el horizonte inmediato, lamentable pero apabullante, hablo en ese sentido de “salida”, nunca de “solución”.

La ruta de transición en México, especialmente visible en Ciudad Juárez, no ha venido a ser la de la consolidación democrática, más bien la que ha conducido a la vereda del Estado fallido en natural y sombrío recorrido a su condición de “excepción”.

En un sentido muy básico, el Estado de excepción es aquél ordenamiento o modelo de gobierno que implica el reconocimiento de la “necesidad” como fuente insustituible de cualquier orden de carácter jurídico, a tal punto que si la situación social de crisis o caos lo justificara, sería indispensable suspender algunas garantías constitucionales hasta el momento que políticamente se considerara oportuno restituirlas, dada una circunstancia de emergencia social. En ese sentido, medidas tomadas por el poder ejecutivo relacionadas con el uso del ejército fuera de su marco normativo de desempeño, toques de queda, guerras preventivas, detenciones indefinidas y algunas otras por el estilo, son ejemplos de un régimen que de lo fallido transita hacia la excepción, en horizontes despreciables de guerra sucia.

En ese sentido y ante la eventualidad del Estado fallido, parece encontrarse más próxima su derivación en Estado de excepción.

La democracia mexicana empieza a funcionar como parapeto de la violencia delictiva y por ende represiva.

Hoy en día, las democracias no admiten el abierto rostro militarista, sin embargo, el estado de excepción propicia la suspensión de la vigencia de la ley ante la emergencia prioritaria de la necesidad de estabilidad normalizada, sin la cual no existe de hecho el Estado de derecho.

Es evidente el fracaso de las corporaciones policíacas en la contención de la violencia, tanto la municipal como la estatal y el agobio sobre la federal en el caso específico de Ciudad Juárez, lo que abre el paso franco a la inminente intervención completa del Ejército, que en ese sentido anuncia el desplazamiento o sustitución de facto de las ruinas institucionales de las autoridades civiles.

Ese es el trepidante panorama que espera como desafío histórico a las próximas administraciones del estado de Chihuahua y en esta urbe fronteriza excepcional, el bono democrático de la alternancia sin transición, ya agotó su poder de contención.



Descarga nuestra nueva App para iOS y Android



Comentarios



Publicidad

Compartir en redes sociales



Juarez independiente


 

Diseño de Aplicaciones Móviles