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Momias de Guanajuato, un patrimonio cultural

8 de agosto de 2010.

GUANAJUATO, Gto.— Remigio Leroy fue el primero en llegar y esto sucedió luego de que exhumaran su cuerpo momificado en 1865. Una mujer oriental, un hombre ahogado y un apuñalado, una dama enterrada viva y un grupo de niños lo acompañan en el único camino que une a todos, a ellos y a nosotros: la muerte.

Estos personajes son parte de la colección del Museo de las Momias de Guanajuato, ubicado en el estado de Guanajuato. En total son 117 cuerpos resguardados como patrimonio cultural, la mayoría mexicanos y catalogados como muertos de manera natural.

Sólo tres son extranjeros: dos franceses, uno de ellos Remigio, y una mujer oriental.

El director del recinto, Juan Manuel Guerrero, mencionó a El Gráfico que para la temporada de vacaciones, se programaron visitas guiadas en la noche, cuyo objetivo es revivir la forma en que se visitaba a las momias anteriormente.

“El recorrido inicia en el Panteón de Santa Paula, ahí se hacía el recorrido de manera informal”.

“Los guías se caracterizan de los personajes que tenemos aquí. Rinden homenaje a los mineros y visten sus atuendos con el objetivo de transportar al público a esos ayeres. La experiencia no sólo aporta en el sentido científico, también nos permite retroceder en el tiempo”, indicó.

Antes de ocupar las instalaciones del museo, estos cuerpos se exhibían en el cementerio mencionado sin ningún cristal que los protegiera. Recargados unos a otros y de pie, recibían a los turistas. Se podía caminar por en medio de ellos y tocarlos, Guerrero relató que la mayoría de los visitantes los tocaban para saber si eran reales o de cartón.

El cadáver más reciente es de un niño de 6 años de edad. Llegó en 1984 y se distingue por conservar las marcas de la autopsia que le practicaron en el momento de su muerte. A él lo acompañan cinco momificados recién nacidos. Uno de ellos es la momia más pequeña del mundo y vivió hasta hace 38 años en el vientre de su madre quien también murió. El feto está completamente formado y mide 20 centímetros.



Otros tres cuerpos resaltan por su manera trágica de “colgar los tenis”. El primero fue asesinado a puñaladas, en su tórax se refleja un moretón que todavía conserva. El siguiente es un joven sorprendido por la muerte en la Presa de la Olla, lugar de su deceso por motivo de ahogamiento.

El caso más dramático de esta trilogía es el de una señora que fue enterrada viva por equivocación.

Padecía ataques de catalepsia y debido a esto podía permanecer por largo tiempo en una especie de coma. Sus hijos la creyeron muerta cuando dejó de mostrar signos vitales en un periodo de 72 horas.

El cuerpo fue hallado boca abajo con la cabeza cubierta entre los brazos.

Debido a que la ciudad de Guanajuato no es un lugar adecuado para hacer grandes cementerios, se hicieron fosas gigantescas donde se acumulaban los cuerpos. La medida fue favorable, en cuando al rubro económico, ya que resultó más barato encimar a los cuerpos que enterrarlos de manera individual.



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