Weekly News

La opinión de:
Sergio Armendáriz
Gritos

20 de septiembre de 2010.

La semana que recién terminó presentó en Ciudad Juárez algunos hechos realmente contrastantes. Por un lado, un “grito” inverosímil por su soledad y resguardo militar que “acompañaron” a un presidente municipal que más parecía estar secuestrado por las fuerzas castrenses, que efectivamente protegido por la abundante presencia de las mismas. Mal presagio, sin duda, representa una imagen en la cual el símbolo del poder civil se evidencia en un estado de orfandad en el contexto de una ceremonia que antaño convocaba a multitudes alegres de ciudadanos y pueblos, abocados a darle fuerza y sentido a una celebración que permitía el júbilo del encuentro para reconfirmar lazos sociales fundadores de la identidad nacional.

A manera de una especie de acto profetizante, El Grito en Ciudad Juárez fue arropado en exclusiva por el Ejército, en la proyección simbólica de un estado social que anuncia la negación de un Estado de derecho que agoniza para dar paso a un Estado de excepción, al menos en las condiciones que se observan en la habitabilidad colectiva e institucional de esta frontera. Curiosa realidad la que emana de una imagen que pretende proyectar fuerza y seguridad, y que sin embargo, lo que realmente engendra es una muestra patética de indefensión civil y a la vez un terrorífico anuncio de control por parte de la “manu militari”.

Ante eso, cabe observar que la memoria colectiva mexicana sufre hoy de profunda confusión, los ritos ya no se alimentan con la certeza renovada de los mitos; el “Padre Estado” ha dejado huérfana a una “Madre Nación” que padece de fragmentación y violencia en su territorio agraviado, los recuerdos se diluyen y el olvido aplasta a la mencionada memoria, dejando solamente los espasmos festivos de un espíritu de pachanga que, como dijera Octavio Paz, grita a la patria una vez al año para callar el resto del mismo. ¿Por qué grita el mexicano hoy? Terror, dolor y sombra de muerte que avasallan los rincones de la memoria colectiva mexicana; ruta perdida porque no se percibe rumbo claro en un escenario de golpe mediático espectacular, sin sustancia efectiva de orgullo de nacionalidad reafirmada.

Por otro lado, sin embargo, Ciudad Juárez también vivió un acontecimiento formidable de integración social. Hago referencia a la inauguración del Museo del Niño, complejo arquitectónico aún en construcción definitiva y que con toda certeza servirá como espacio de encuentro para las familias juarenses que decidan pasar un excelente rato conviviendo en un lugar inteligentemente diseñado para procurar la educación ciertamente activa de niños, jóvenes y adultos que pueblan esta ciudad fronteriza. Pocos sitios con esta potencialidad recreativa existen en Ciudad Juárez, ubicado en las funcionales instalaciones del Parque Central, el Museo del Niño es desde ya un patrimonio colectivo que sin duda será también histórico en su momento, sede educativa y cultural de formación entretenida de generaciones presentes y futuras de juarenses, así como de los hoy escasos visitantes o turistas que la ciudad observa en la actualidad.

Este museo es además un trascendente logro de todo un conjunto inspirado de ciudadanos que se conjuntaron virtuosamente con el Gobierno del Estado, logrando al final de cuentas la construcción de este lugar que representa un verdadero oasis cultural en nuestro tórrido y violento desierto urbano. Con certeza, el Museo del Niño vivirá las risas y los gritos entusiastas de chicos y grandes, que disfrutarán de un espacio interactivo inusual en una ciudad acostumbrada por origen a la vocación productiva de giros negros y hoy permanentemente amagada por la violencia sin freno.

Por supuesto que no quiero dejar pasar la oportunidad para recordar la gestión de un hombre que entregó el mejor de sus anhelos en la prosecución de realizar lo que ya es una presencia cultural afortunada en Ciudad Juárez a través de la construcción del Museo del Niño. Hoy recuerdo la imagen y el nombre del juarense distinguido que fue en vida Sergio Gómez, persona que dedicó lo mejor de su entusiasmo para cristalizar la búsqueda de este espacio tan noble para la ciudad. Siempre tendré presente, mientras mi memoria lo permita, la actividad gestora de Sergio, en ruta virtuosa a la realización de lo que en el pasado era solamente un bello ideal imaginado.



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