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Huella indeleble en tono auriazul

22 de septiembre de 2010.

Cumple hoy un siglo de existencia como institución, pero a nivel deportivo la UNAM tiene todo el derecho de entonar también un ¡Goya! por su equipo de futbol, el cual creció a tal extremo que hoy en día es uno de los grandes del futbol mexicano.

Los Pumas han demostrado desde su ingreso a la Segunda División (1954) que llegaron al futbol mexicano con la gallardía que sólo la máxima casa de estudios es capaz de heredar. El balompié nacional ha quedado marcado con una huella azul y oro desde entonces.

La escuadra universitaria ha correspondido a la grandeza de su alma mater, hoy centenaria, con seis títulos de Liga, tres de ellos pegándole a los otros grandes del balompié nacional para quedarse con el trofeo de campeón: Cruz Azul (1980-81), América (1990-91) y Guadalajara (Clausura 2004).

Por si fuera poco, es el único equipo mexicano que ha sido capaz de vencer al poderoso Real Madrid en el Santiago Bernabéu para rugir en el plano internacional, junto con sus tres copas de Campeones de la Concacaf y la Copa Interamericana de 1981.

El futbol mexicano estaría más que vacío sin el trabajo del conjunto universitario. De la tarea que inició Renato Cesarini a principios de la década de los sesenta con la creación del proyecto y consolidación de las fuerzas básicas de Universidad, emergieron futbolistas de la calidad de Enrique Borja, Leonardo Cuéllar, Luis García, Jorge Campos, Claudio Suárez y del máximo ídolo de nuestro balompié, Hugo Sánchez.

Además, el buen ojo y la visión de las distintas directivas auriazules dieron el privilegio a la afición mexicana de ver brillar a Evanivaldo Castro Cabinho, Spencer Coelho, Ricardo Tuca Ferretti, Juan José Muñante, Juan Carlos Vera y Bruno Marioni, entre otros.

La gestación puma se dio en las entrañas de las facultades universitarias en 1937. Fue el comienzo de una historia feliz, aunque también con sufrimiento.

En 1954 pudieron ingresar al profesionalismo en la Segunda División. En la campaña 1961-1962, el técnico Octavio Vial aprovechó una generación que forjó Héctor Ortiz para el boleto a Primera en la temporada 61-62.

“Sacrificamos nuestra vida de jóvenes por el amor que uno tiene por la Universidad, por el equipo, porque el sueldo al principio era simbólico, aunque fue creciendo hasta poder comprarnos un automóvil. Pero lo importante era defender los colores azul y oro de nuestra escuela”, recuerda Alfredo Echávarri, miembro del equipo de la U —como se le llamaba entonces— que consiguió el ascenso a Primera División.

Vino Cesarini a sembrar la semilla de las divisiones inferiores. Borja, Padilla Luis Regueiro, Héctor Sanabria, Miguel Mejía Barón fueron frutos de la labor del argentino. Los demás símbolos del club, su herencia. Comenzaba el protagonismo del equipo, una de las historias más ganadoras del futbol mexicano.

En 1975, el hijo se independizó económicamente de su madre, se creó la Asociación Civil, que liberó a la UNAM de mantener al equipo, cuyos gastos eran onerosos, y con ello, los titulos comenzaron a llegar. Hugo, Cuéllar y Cabinho estuvieron en la consecución de Torneo de Copa y el Campeón de Campeones. Dos años más tarde, el primer título de Liga. Pumas, ya con su escudo actual, ese puma gigantesco creación de Manuel Pajarito Andrade que abarcaba el torso de la playera, derrotaron 1-0 en la vuelta de la final a la U de G en el Estadio Azteca.

“El negrito en el arroz fue que no pudimos coronarnos en casa; había una huelga de trabajadores en la UNAM”, rememora Leonardo Cuéllar.

Llegaron a dos finales más y las perdieron. Obtuvieron revancha ante Cruz Azul en 80-81, y su segunda corona en la despedida de Hugo Sánchez, quien se embarcó hacia el éxito en España.

Pasó una década para que los Pumas volvieran a alzar el título. “Si nos ganaba el América, le íbamos a dar la tarjeta de cliente”, acepta Miguel España porque menciona que perdieron dos finales previas en los ochenta ante los azulcrema. Con el Tucazo, los felinos fueron campeones de la 90-91.

Esa alegría fue el comienzo de 13 años de decepciones con problemas de descenso incluidos y una huelga estudiantil (1999-2000) que alejó a los Pumas de Ciudad Universitaria. “Era duro jugar en Querétaro. Después del paro se gestó el equipo que obtendría el bicampeonato en 2004”, expone Joaquín Beltrán, ex defensa auriazul.

El arribo de Hugo Sánchez a la dirección técnica felina en el 2000 y luego en 2001, revivió al equipo, renovó la química entre futbolistas y afición. En el Clausura 2004 derrotaron al Guadalajara en la final en penaltis. “Fue muy emotivo por todos los años que tenía el equipo sin ser campeón”, dice el mediocampista Leandro Augusto.

El Apertura 2004 se lo quedaron a costa del Monterrey. “No hicimos una buena campaña, pero sí una extraordinaria Liguilla”, reconoce Beltrán. El Club Universidad Nacional, el único bicampeón en torneos cortos desató la Pumamanía.

Para el Clausura 2009 obtuvieron su sexta corona ante Pachuca para convertirse en el mejor cuadro de la primera década en el nuevo milenio y con ello dejar en claro que la UNAM no sólo brilla a nivel educativo, también en el deporte.



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