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Pasión y orgullo en cada tacleada

23 de septiembre de 2010.

Cascos de cuero, zapatos maltrechos y campos llaneros fueron sus primeras herramientas. Corría la década de los 20 cuando un puñado de universitarios dirigidos por los hermanos Alejandro y Leopoldo Noriega, decidió aventurarse y crear, pese a tener todo en contra, el primer equipo de futbol americano de la Universidad Nacional.

Sin un amplio conocimiento de las reglas o un entrenador como guía, nació entonces un deporte que, con el paso de los años, se convertiría en el orgullo de la máxima casa de estudios. Una tradición que ha crecido casi a la par de la institución que ayer, celebró su centenario.

Pumas Dorados, Cóndores u Horda Dorada, muchos han sido los nombres asignados al conjunto auriazul, que de inmediato generó simpatía entre los jóvenes estudiantes de aquella época.

“El primer equipo surgió en 1927 y la fama comenzó a crecer a partir de entonces. Ya para los 40, época en la que integré al equipo, conocíamos a políticos, actrices, cantantes y hasta nos llamaban para participar en películas. Fue de mucha popularidad para el futbol americano. Nos conocíamos bien el clavadista Joaquín Capilla y Horacio Casarín, entre muchos otros deportistas que fuimos considerados casi unos héroes”, recuerda Manuel Vázquez.

A sus 92 años, Angelillo, como le apodaban en el emparrilado, atesora sus vivencias y platica sin censura respecto a los primeros años de la escuadra auriazul, que logró su primer título seis años después de su nacimiento.

“La gente no cabía en los escenarios. Ya sea en el estadio Olímpico o en el Azteca, nadie se quería ir, aunque muchos no alcanzaban a vernos jugar, era una locura observar cómo tanta gente quería ser parte de nuestros encuentros y apoyarnos”, recuerda el full back, quien fue dirigido por el también recordado Roberto Tapatío Méndez.

Fue precisamente el coach Tapa quien protagonizó, de 1946 a 1964, una de las mejores épocas del equipo. Amigo, confidente y maestro de los jugadores, el entrenador se convirtió en todo un líder que aún recuerdan los universitarios.

Méndez llegó al equipo como suplente de Bernard Hoban, coach estadounidense que no pudo continuar al frente del equipo debido a los problemas por la Segunda Guerra Mundial en su país.

Nueve títulos fueron su legado. “El equipo de la universidad siempre ha generado mucha pasión. Los jugadores se entregan en cada encuentro y los estudiantes se sienten identificados con sus colores. El futbol americano es una tradición de casi un siglo que hermanó a toda la comunidad”, comentó Diego García Miravete, quien después se convirtiera en entrenador de los Cóndores.

Los niveles de audiencia para observar los partidos de los felinos alcanzaron cifras históricas. Eran comunes las anécdotas de personas que pernoctaban a las afueras de los estadios para asegurar un buen lugar.

Fue también la época de la creación de las porras como la Goya y el Pim-piririm- pimpin; y la consolidación del llamado Clásico, el enfrentamiento deportivo entre las dos instituciones más representativos del país: la UNAM y el Instituto Politécnico Nacional.

Al ser un predador que reúne las características ideales que se buscan en un jugador, el Tapatío eligió el nombre de Pumas para el equipo, que durante un partido en el Olímpico Universitario convocó a 90 mil personas en un recinto con capacidad para menos de 70 mil.

Un nuevo head coach fue nombrado en 1965: Manuel Neri, quien formó parte del staff del coach Tapa en años anteriores. Con él se logró un nuevo campeonato aunque también se vivieron épocas muy difíciles tras el movimiento de 1968.

“Los Pumas se han repuesto de todas las malas épocas, son entregados y siempre ponen pasión en sus partidos. Los aficionados son parte fundamental de su crecimiento, al animarlos en las buenas y las malas”, comentó Neri, ahora integrante del staff de coacheo del equipo.

Para evitar que un sólo equipo dominara la liga y a petición de las autoridades, los Pumas se dividieron en tres : Guerreros Aztecas, Águilas Reales y Cóndores fueron los representantes en la máxima casa de estudios en los 70.

Fueron precisamente estos últimos los que continuaron con la tradición ganadora. Dirigidos por el enérgico y polémico Miravete, lograron 11 triunfos en el Clásico y 9 títulos nacionales. Fue la única vez que los colores no fueron el azul y oro sino el negro y oro.

El escenario ha cambiado en 83 años. Los felinos pasaron de practicar en los llanos populares, a presumir como casa el majestuoso estadio Olímpico Universitario. Cambiaron los viejos cascos por los modernos con relleno protector, que permiten feroces tacleadas.

Lo que sí permanece a pesar del paso de las décadas es el orgullo universitario, ese que en la década de los 50 convocó a multitudes, el que provocaba sobreventa de boletos y pasillos atiborrados. La pasión sigue ahí, en cada Goya que desgarra las gargantas, en los jerseys, las mantas y cánticos… en cada touchdown.



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