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Narcotraficantes “escalan” su capacidad de fuego

27 de septiembre de 2010.

La evolución del narcotráfico en México llevó a los cárteles de la droga a dejar atrás las armas cortas como las pistolas calibre 38 y nueve milímetros. Actualmente, el poderío bélico de las organizaciones criminales se basa en la utilización de los fusiles de asalto AK-47 y R-15, así como en las metralletas Barrett calibre 50 y lanzagranadas, pero también en el armamento de nueva generación como las pistolas FN57 mejor conocidas como matapolicías, y las llamadas águila del desierto de calibre 50, cartuchos con punta de teflón, lanzacohetes y hasta minas antipersonas usadas en diversas guerras, que obtienen en el mercado negro y han sido decomisadas en México.

Información de las secretarías de la Defensa Nacional (Sedena) y Marina (Semar), así como de la Procuraduría General de la República (PGR), y los especialistas Tom Díaz, analista senior del Centro de Políticas sobre Violencia con sede en Washington, Estados Unidos, y Ghaleb Krame, de la Universidad Alliance, señala que las armas cortas decoradas con oro y piedras preciosas también se han generalizado en el mundo del narcotráfico como elemento distintivo de la jerarquía de sus miembros, y el aumento en el decomiso de éstas ha incrementado la colección que tiene actualmente el Museo de Enervantes de la Secretaría de la Defensa Nacional.

En el museo, restringido al público, hasta ahora suman 30 las pistolas de ese tipo, de las cuales ocho tienen piedras preciosas, baño o aplicaciones de oro, las cuales pertenecieron a capos del narcotráfico como el otrora jefe del cártel del Golfo, Osiel Cárdenas El Mataamigos; el jefe del cártel de Sinaloa, Joaquín El Chapo Guzmán, y el extinto Amado Carrillo Fuentes, El Señor de los Cielos, entre otros.

Además en el museo ubicado en el séptimo piso de la Sedena, se exhiben 42 armas largas de las cuales destaca un AK-47 bañado en plata y otro con aplicaciones en oro; un fusil Barrett calibre 50, capaz de impactar blancos situados a más de dos kilómetros, y hasta una mina antipersonal Claymore modelo MI8A, que era parte de los arsenales del narcotráfico.

Las “favoritas”

“Del mercado actual, las armas favoritas de los cárteles mexicanos son los rifles Barrett, los AK-47 57 y las FN57 llamadas matapolicías. El Barrett es antiblindaje diseñado para perforar armaduras livianas y se usa en Irak y Afganistán, por ejemplo, contra blancos de hasta 2 mil 400 metros de distancia. Pulverizan prácticamente cualquier protección del personal policiaco”, precisó Tom Díaz.

Los fusiles AK-47, ampliamente conocidos como los famosos cuernos de chivo, y cuyo uso ha inspirado hasta narcocorridos, identifican a los personajes del mundo del narcotráfico.

Las FN57 o matapolicías están específicamente fabricadas para penetrar chalecos antibalas; de ahí la preferencia de los cárteles, agregó Díaz, uno de los expertos en armas más reconocidos en Estados Unidos.

La compra de las tres armas, explicó Díaz, no es extraordinaria porque forman parte del mercado civil de armamento que se puede obtener en Estados Unidos, por lo que se pueden comprar de manera rápida, económica y legalmente, razón por la cual se trafican a México. Las tres armas ubicadas por Díaz como favoritas por los cárteles del narcotráfico mexicano han sido mostradas en decomisos por parte de las fuerzas federales, y algunas se pueden encontrar en exhibición en el Museo de Enervantes, mientras que otras han sido destruidas por parte de la Defensa Nacional.

Mientras que en 10 años la Sedena registró 79 mil armas destruidas, la cifra es praticamente similar a las aseguradas durante la presenta administración federal, al sumar 70 mil 788, de las cuales 23 mil 147 son largas y 47 mil 641 cortas, que se destruyen en los almacenes del Ejército, y sólo algunas se exhiben en el Museo de Enervantes por la decoración que tienen o por el poder de fuego, como las Barrett.

Tom Díaz señaló que parte del aumento de tráfico de armas hacia México, sobre todo las de nueva generación, se debe al declive de la caza como deporte en Estados Unidos. Para reactivar esa área la industria desarrolló nuevos diseños cada vez más letales que se introdujeron al mercado civil, desde donde llegan a México. “Existen pruebas fehacientes, irrefutables, que muestran que cuando menos 90% de las armas que usan los cárteles, viene de Estados Unidos”.

La cifra es confirmada por el general Antonio Monsiváis, comandante del primer batallón de material de guerra de la Sedena, quien asegura que “el volumen de fuego de las Fuerzas Armadas es mucho mayor. Pero ustedes han visto que tienen armas con un poder de penetración y combativo bastante elevado. Ya no podemos decir que están desarmados, ¿verdad?”.

Informes de la Sedena, Semar y de la PGR señalan que operativos en contra del narco han permitido detectar y asegurar armas que en México se pueden considerar de nueva generación, algunas de ellas de patente europea y hasta de Israel, que tienen la cualidad de tener mayor capacidad de fuego.

El especialista en materia de seguridad nacional Ghaleb Krame señala que a nivel internacional la única posibildad para intercambiar información sobre la procedencia de armas de este tipo es con Estados Unidos, pero también es de ahí donde se tiene detectado que proviene el mayor abastecimiento de material bélico para el crimen organizado en México.

Para Krame, la gran proliferación de armas en el mercado nacional se debe a la gran disponibilidad y facilidad con que se pueden adquirir apenas a unos kilómetros de la frontera de México con Estados Unidos. Mientras no se asuma una política estricta para la compra, venta y portación de armas aquí y allá, y como todo indica que no hay intención de modificar esa situación, seguirá en aumento el problema del tráfico o envío de armas.

La detección y aseguramiento de armas como los lanzacohetes y las pistolas águila del desierto ha sido de muy pocas unidades, pero si bien es incipiente, advierte del peligro de que grupos de la delincuencia organizada puedan disponer en breve de un mayor número de este armamento, indica la información proporcionada.

La Unidad Especializada en Investigación de Terrorismo, Acopio y Tráfico de Armas, de la Subporocuraduría de investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO), tiene a su cargo las investigaciones sobre la introducción clandestina al territorio nacional de armas, municiones, cartuchos, explosivos y materiales de uso exclusivo del Ejército, Armada y Fuerza Aérea, sujetos a control por el artículo 84 de la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos.

De las investigaciones realizadas en México, según la PGR, se tiene conocimiento de que hasta el momento no se ha detectado en México que alguna organización delictiva extranjera o nacional se dedique exclusivamente al tráfico de armas. “La modalidad preferida de los traficantes de armas es comprarlas a ciudadanos estadounidenses o residentes legales que, convertidos en traficantes, median entre el interesado y el vendedor autorizado de armas, para introducirlas a México en contrabando hormiga”, de acuerdo con reportes de esa dependencia.

En septiembre de 2009, durante una operación en contra de Los Zetas, soldados mexicanos decomisaron en Tlaxcala una mina antipersonal.

La mina, de la marca Claymore modelo M18AI, tiene un radio de daño de 250 metros y puede afectar hasta a 100 personas en esta distancia. Este tipo de arma es utilizada por algunos ejércitos, más que para matar enemigos, para herirlos o incapacitarlos,

Debido a acuerdos internacionales firmados por México, las Fuerzas Armadas Nacionales no pueden utilizar este tipo de artefactos bélicos.



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